Alexandria Ocasio-Cortez emerge como favorita de los demócratas para 2028: las claves de su ascenso
Alexandria Ocasio-Cortez dejó de ser una figura exclusivamente asociada con el ala progresista y comenzó a aparecer en las conversaciones sobre quién podría reconstruir la candidatura a la presidencia de los Estados Unidos.
La señal más reciente llegó en agosto. Preguntada en ABC News sobre la posibilidad de competir por la Casa Blanca, la congresista de Nueva York no cerró la puerta. Dijo que no había descartado esa posibilidad y que se sentía honrada por el respaldo recibido, aunque insistió en que su prioridad inmediata es la reelección en noviembre. También dejó abierta otra alternativa de considerable peso: disputar en 2028 el escaño del senador Chuck Schumer.
La especulación ya tenía datos detrás. Una encuesta de la Universidad de New Hampshire publicada en julio colocó a Ocasio-Cortez en primer lugar entre los posibles candidatos demócratas para 2028, con 22% de apoyo entre los votantes probables de las primarias. Pete Buttigieg quedó apenas un punto detrás, mientras Mark Kelly obtuvo 9%, Gavin Newsom 8%, Bernie Sanders 6% y Kamala Harris 5%.
Este dato surge de una encuesta temprana en un solo estado y no de una medición nacional de las primarias. Pero resulta políticamente relevante porque New Hampshire ha funcionado durante décadas como uno de los primeros grandes laboratorios de las aspiraciones presidenciales estadounidenses.
Más importante todavía es la trayectoria del dato. En la encuesta de primavera de 2026 de Yale Youth Poll, Ocasio-Cortez tenía 13% entre los demócratas en general, pero encabezaba ampliamente entre los menores de 35 años con 32%. En el otoño de 2025 ya había registrado 16% entre los demócratas en general y 32% entre los menores de 35.
El porvenir de Alexandra Ocasio-Cortéz estará definido por su capacidad de convertir una base particularmente joven, digital y progresista en una coalición suficientemente amplia para ganar una elección presidencial estadounidense.
De una victoria improbable a una plataforma nacional
La carrera de Ocasio-Cortez tiene una característica que pocos aspirantes a la Casa Blanca pueden reproducir, y es que su legitimidad política no nació dentro de la estructura tradicional del Partido Demócrata.
En 2018 derrotó en las primarias al entonces congresista Joe Crowley, uno de los demócratas más poderosos de Nueva York y considerado durante años una figura ascendente dentro del partido. Para entonces tenía solo 28 años.
Su llegada a Washington fue, en ese sentido, menos la culminación de una carrera política que el resultado de una insurgencia electoral.
Desde entonces, su principal activo ha sido transformar notoriedad en una estructura política reconocible. La congresista construyó una de las mayores audiencias digitales entre los políticos estadounidenses y convirtió asuntos como vivienda, salarios, cambio climático, costos sanitarios y concentración empresarial en elementos centrales de su comunicación.

Axios estimaba en abril que Ocasio-Cortez tenía alrededor de 9,6 millones de seguidores únicamente en Instagram. Ese alcance también explica por qué su estrategia mediática es distinta a la de muchos políticos tradicionales, tan solo durante 2026 había concedido muchas menos entrevistas a medios nacionales que otros posibles candidatos, sin que ello se tradujera en una pérdida proporcional de visibilidad.
Es una diferencia importante. En la política estadounidense contemporánea, una candidatura nacional necesita dinero, organización territorial y cobertura mediática, pero también una relación directa con el electorado. Ocasio-Cortez ya posee una parte de esa infraestructura.
Lo que realmente ha conseguido en el Congreso
Su expediente legislativo es más complejo que la imagen de una congresista conocida principalmente por sus discursos y redes sociales.
Ocasio-Cortez llegó al Congreso con el Green New Deal como una de sus primeras grandes apuestas. La resolución no se convirtió en ley, pero consiguió trasladar el cambio climático desde una discusión predominantemente ambiental hacia otra vinculada con empleo, infraestructura, energía y política industrial.
También participó en la aprobación del Inflation Reduction Act de 2022, una de las principales piezas legislativas de la administración Biden en materia climática y energética, aunque atribuirle individualmente la aprobación de esa ley sería incorrecto. La legislación incorporó, entre otras medidas, un impuesto mínimo corporativo de 15% y un límite de $35 mensuales para la insulina de determinados beneficiarios de Medicare.
Su actividad legislativa reciente también muestra que su agenda se ha ampliado. En el 119.º Congreso aparece como patrocinadora de seis proyectos de ley y como copatrocinadora de más de 300, según el registro de Congress.gov consultado para este ciclo legislativo.
Entre sus iniciativas figuran un proyecto para limitar los intereses de las tarjetas de crédito al 10%, legislación relacionada con la protección de trabajadores inmigrantes y propuestas ambientales, entre otras.
Hay, además, un elemento menos visible pero políticamente significativo: su capacidad para intervenir en elecciones ajenas a su distrito.
En 2026, varios candidatos progresistas respaldados por Ocasio-Cortez avanzaron en primarias congresuales en California, Pensilvania, Montana y Nueva Jersey. Axios describió esa estrategia como una forma de ampliar su influencia nacional y construir una red política que va mucho más allá de Nueva York.
Ese proceso importa porque una candidatura presidencial no se construye únicamente con popularidad personal. Necesita aliados, organizadores, donantes, legisladores y cuadros capaces de convertir simpatía en votos.
Su mayor ventaja: entiende el electorado que el Partido Demócrata necesita recuperar
Los números de Yale ofrecen una pista particularmente interesante.
En otoño de 2025, Ocasio-Cortez obtuvo 32% entre los demócratas menores de 35 años, mientras Gavin Newsom lideraba entre los votantes de mayor edad. En primavera de 2026, la fotografía se mantuvo: Ocasio-Cortez alcanzaba 32% entre los demócratas de 18 a 34 años, mientras Newsom dominaba entre los mayores de 65.
Los jóvenes estadounidenses tienen preocupaciones que no siempre coinciden con las jerarquías tradicionales de Washington. En la encuesta de Yale, el costo de vida y la asequibilidad fueron el principal asunto para los votantes de 18 a 34 años, seguidos por democracia, vivienda, libertad de expresión y empleo. El cambio climático, aunque importante, quedó por debajo de varios de esos asuntos.

Ahí aparece una de las posibles razones de la vigencia de Ocasio-Cortez: su discurso económico puede conectar con un electorado que experimenta la política principalmente a través del precio de la vivienda, los alimentos, la deuda, los salarios y la posibilidad (o imposibilidad) de construir patrimonio.
Su desafío es convertir esa conexión en algo más amplio que una identidad generacional.
El giro que podría definir su candidatura
Hay otra transformación en marcha y puede ser más importante que cualquier encuesta.
Ocasio-Cortez parece estar intentando ampliar su lenguaje político.
Durante el verano de 2026, su discurso empezó a alejarse de una retórica estrictamente asociada con el socialismo democrático y a incorporar referencias más cercanas a la idea de cambio generacional y renovación nacional. Axios ha comparado incluso algunos de sus mensajes recientes con la estrategia comunicativa de Barack Obama en 2008.

En una entrevista reciente, además, se distanció de algunas posiciones y del lenguaje asociado con la etapa política que describió como “Woke 1”, una señal de que comprende que determinadas posiciones defendidas por el ala progresista durante los primeros años de su carrera podrían resultar difíciles de vender a un electorado nacional.
Ese movimiento tiene una lógica electoral.
La encuesta de Yale encontró que 49% de los demócratas prefería que el partido moderara su posición para ganar elecciones, mientras 45% prefería concentrarse en movilizar a su base. Entre los menores de 35 años ocurría prácticamente lo contrario: ese grupo mostraba mayor inclinación hacia la movilización progresista.
Ocasio-Cortez necesita resolver precisamente esa contradicción de conservar a los jóvenes que la hicieron políticamente relevante sin convertirse en una candidata incapaz de atraer a votantes moderados, independientes y demócratas mayores.
Su relación antagónica con Donald Trump
Ocasio-Cortez se ha convertido en una de las voces demócratas más críticas frente a las políticas migratorias de la administración Trump, particularmente respecto a ICE. En enero cuestionó duramente la actuación de agentes federales y posteriormente criticó la expansión de sus facultades y financiación. En mayo respondió a las amenazas del zar fronterizo Tom Homan contra Nueva York señalando que las leyes del estado no cambian por presión política.
En junio también cuestionó ante CNN la expansión del poder ejecutivo bajo Trump, particularmente en materia migratoria.
Pero más all´a de una simple confrontación política, Ocasio-Cortez eleva el diálogo y Trump le proporciona un marco político que bien sabe utilizar.
El presidente republicano representa, para buena parte del electorado demócrata, el adversario frente al cual puede organizarse una nueva coalición. Ocasio-Cortez ha entendido que la oposición a Trump funciona mejor cuando se conecta con problemas cotidianos (precios, empleo, vivienda, inmigración, derechos civiles) que cuando permanece en el terreno abstracto de la disputa partidista.
La relación, por tanto, no es simplemente de antagonismo. Trump es también parte del contexto que puede permitirle presentar su generación política como una respuesta a la anterior.
¿2028 todavía está lejos?
Hay una razón para mantener cierta cautela ante el entusiasmo que producen los primeros sondeos.
En 2025, Yale encontraba a Kamala Harris en primer lugar y a Ocasio-Cortez en segundo. En primavera de 2026, Harris volvió a ocupar la primera posición nacional, seguida de Newsom, Buttigieg y Ocasio-Cortez. Solo unas semanas después, una encuesta de New Hampshire situó a AOC en primer lugar.
Las posiciones pueden cambiar radicalmente antes de que los demócratas siquiera definan su calendario de primarias.
Por eso, el dato más importante de agosto de 2026 no es que Alexandria Ocasio-Cortez esté oficialmente encaminada hacia la Casa Blanca. No lo está.
El dato importante es que la posibilidad dejó de parecer políticamente remota.
A los 36 años, Ocasio-Cortez tiene tiempo para elegir entre varias rutas: buscar un cuarto mandato en la Cámara, competir por el Senado de Nueva York contra Schumer en 2028 o intentar directamente la nominación presidencial. Ella misma ha mantenido abiertas esas opciones.
La decisión probablemente dependerá menos de si quiere ser presidenta que de una pregunta más difícil: si considera que puede construir una coalición nacional sin perder aquello que convirtió su candidatura en algo diferente desde el principio.
Esa es la verdadera incógnita de Ocasio-Cortez rumbo a 2028.
No si puede llenar una plaza, dominar las redes o encabezar una encuesta.
Sino si puede convertir una generación política en una mayoría electoral.
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