Ejercer liderazgo desde los tribunales es decidir con independencia, actuar con prudencia y tener un compromiso irrenunciable con la verdad.
PREPARACIÓN PERMANENTE, DISCIPLINA E INTEGRIDAD han acompañado el recorrido profesional de Yorlin L. Vásquez, jueza de la Suprema Corte de Justicia. En el ejercicio de sus responsabilidades, estos principios se traducen en una forma de actuar basada en conocimiento, imparcialidad y respeto a la ciudadanía.
Derecho, Contabilidad, judicatura y gestión pública confluyen en el recorrido de Yorlin L. Vásquez, una combinación que ha contribuido a fortalecer su manera de interpretar y administrar justicia.
Esta formación multidisciplinaria le ha permitido abordar los asuntos sometidos a su consideración con mayor rigor técnico, entendiendo las normas no únicamente como un sistema jurídico, sino también como herramientas de organización social.
Al ejercer la función jurisdiccional, esta formación le permite analizar cada asunto de manera integral, considerando las consecuencias jurídicas de las decisiones y sus posibles efectos económicos y sociales, de acuerdo con las circunstancias de cada caso.
La judicatura exige autoridad moral, solvencia técnica y conciencia plena del impacto decisivo sobre las personas«.
Liderar desde la responsabilidad institucional
Su experiencia ha estado vinculada a posiciones que demandan conocimiento técnico, capacidad de gestión y liderazgo.
Desde esas responsabilidades ha desarrollado una concepción alejada de simplemente impartir instrucciones. Para ella, dirigir equipos supone establecer objetivos claros, escuchar, promover la colaboración y asumir la responsabilidad por las decisiones adoptadas.
Ha comprendido que las medidas trascendentes deben apoyarse en información confiable, análisis y criterios objetivos. En el ámbito público, además, establece es indispensable que cada actuación pueda ser explicada y sometida al escrutinio ciudadano.
Desde esa perspectiva, entiende que la autoridad institucional no se fortalece mediante la imposición, sino a través de la legitimidad que generan la transparencia, la consistencia y el cumplimiento de la Ley. Por ello, procura fomentar equipos sustentados en la confianza y el respeto, bajo la convicción de que un buen liderazgo no sustituye al equipo, sino que lo articula y crea las condiciones para que cada integrante pueda aportar lo mejor de sí.
Una carrera construida sobre preparación y disciplina
El ejercicio de responsabilidades desde una edad temprana ha marcado también su recorrido profesional. Vásquez identifica la preparación permanente, la disciplina y la disposición al trabajo como factores decisivos para avanzar dentro de la carrera jurídica.
Su perspectiva parte de que no existen atajos sostenibles en esta profesión. El crecimiento debe estar respaldado por conocimiento, integridad y resultados verificables. A ello suma la confianza que distintas personas, mentores y la ciudadanía han depositado en ella, entendida siempre como un compromiso adicional. Cada responsabilidad asumida, explica, ha representado una oportunidad para aprender, servir y demostrar que la juventud no debe considerarse una limitación cuando está acompañada de preparación, madurez y sentido ético.
El juez como garante de una justicia independiente
Para Vásquez, el liderazgo de un juez debe ejercerse desde la independencia y la imparcialidad.
La función judicial, sostiene, no está llamada a buscar protagonismo, sino a ejercer autoridad moral y solvencia técnica, teniendo plena conciencia del impacto que las decisiones jurisdiccionales pueden generar en la vida de las personas. La ciudadanía demanda instituciones eficientes, transparentes y cercanas. Ante esa expectativa, considera que una justicia cercana no debe confundirse con una justicia complaciente ni dependiente de presiones.
Se trata, en cambio, de garantizar una justicia accesible, clara, respetuosa y capaz de explicar sus decisiones mediante una motivación jurídica sólida. La eficiencia ocupa igualmente un lugar importante, aunque debe mantenerse en equilibrio con la calidad de las decisiones.
Resolver con rapidez es necesario, pero no a costa de las garantías ni de la profundidad del análisis.
La participación de Vásquez en iniciativas vinculadas con la Ley de Facturación Electrónica, la Ley de Transparencia Patrimonial y otras reformas tributarias ha reforzado su comprensión del papel que corresponde al jurista en la construcción normativa.
A su juicio, esta función no se limita a redactar disposiciones. El jurista debe contribuir a identificar los problemas que una norma pretende resolver, anticipar sus efectos y procurar que exista armonía entre los objetivos de política pública y la seguridad jurídica.
La transformación digital representa otro de los retos que Vásquez identifica para el sistema judicial. La incorporación de herramientas tecnológicas puede contribuir a mejorar el acceso a la justicia, reducir tiempos, facilitar la consulta de expedientes y fortalecer la transparencia y la trazabilidad de los procesos. También puede acercar los servicios judiciales a personas que, por razones geográficas o económicas, enfrentan dificultades para acudir físicamente a los tribunales.
Sin embargo, la digitalización plantea retos que no pueden ser ignorados. La protección de la privacidad, la integridad de la información y la seguridad de los sistemas constituyen aspectos esenciales. A ello se suma la necesidad de evitar que la brecha digital genere nuevas formas de exclusión.
Para la jueza, existe un límite fundamental: la tecnología puede apoyar la gestión y el análisis, pero no sustituir el juicio humano. La decisión jurisdiccional debe continuar siendo resultado de una valoración humana, independiente y razonada.
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