El segundo acto de Donatella Versace: una nueva marca
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El segundo acto de Donatella Versace: una nueva marca, una nueva generación y el lujo como punto de partida

La diseñadora italiana se asocia con Revolve Group para crear una compañía independiente que comenzará por belleza y combinará moda, entretenimiento y cultura digital. El proyecto marca una nueva etapa después de casi tres décadas al frente de Versace.

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DIGITAL EDITOR

Donatella Versace no está creando otra colección de Versace. Está construyendo algo que, por primera vez en décadas, llevará su mirada creativa fuera de la casa fundada por su hermano Gianni.

La diseñadora italiana se une a la tendencia de inversiones en la indistria de la belleza, en este trabajo conjunto con Revolve Group que también incluirá moda en una segunda etapa. Los primeros productos previstos para 2027, estarán destinados a la belleza bajo un nombre que aún no ha sido revelado.

El primer mercado al que planea alcanzar el proyecto es Estados Unidos, América Latina, Asia-Pacífico y Medio Oriente, contrario a lo que podría esperarse de la diseñadora. Esta decisión ella la toma desde su posición de chief creative officer, además de encabezar la identidad, los productos y las colaboraciones en esta nueva compañía.

Por otra parte, se espera que Revolve aportará a esta nueva alianza la tecnología, comercio electrónico, datos de consumidores, operaciones, marketing y acceso a una comunidad global de compradores. Con esto se elevan las expectativas.

 

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La alianza pone en una misma estructura el capital cultural acumulado por una de las diseñadoras más reconocibles de la moda contemporánea y la infraestructura de una compañía que construyó buena parte de su negocio alrededor de la relación entre descubrimiento digital, creadores y consumo.

Una marca que todavía no tiene nombre, pero sí una dirección

Por ahora, hay más elementos definidos sobre el modelo de negocio que sobre el producto.

La compañía ha confirmado que comenzará por belleza, aunque todavía no ha especificado si el primer lanzamiento estará concentrado en maquillaje, fragancias, cuidado personal o una combinación de categorías. Tampoco se conoce todavía la fecha exacta del debut ni el nombre de la marca. Los detalles serán revelados durante los próximos meses.

Otro asunto que sí está establecido es la lógica detrás del proyecto. La nueva empresa no estará concebida únicamente como una etiqueta de ropa. Revolve y Versace plantean un ecosistema que reúne moda, belleza, entretenimiento, talento, creadores, contenido y comunidad, con una plataforma digital como punto de encuentro.

En lugar de construir primero una colección y después desarrollar una audiencia alrededor de ella, la nueva compañía parte de una audiencia y de una infraestructura digital ya existente.

La propia comunicación de Revolve describe el proyecto como una propuesta diseñada alrededor de la manera en que las nuevas generaciones descubren el estilo, experimentan la cultura, compran, comparten y se relacionan.

Eso coloca a Donatella en un territorio diferente al de la tradicional casa de lujo europea.

El negocio detrás de la alianza

Fundada en 2003 por Michael Mente y Mike Karanikolas, la compañía opera REVOLVE y FWRD y se ha especializado en un modelo de comercio digital apoyado en tecnología, datos, contenido, influencers y descubrimiento de productos. Su plataforma conecta a millones de consumidores con más de 1.600 marcas.

En 2025, Revolve registró aproximadamente US$1.1 mil millones en ventas netas y US$55 millones de beneficio neto, según sus datos corporativos. Su valor promedio de pedido fue de US$268.

La empresa también ha ido ampliando su exposición al negocio de belleza y a las asociaciones con figuras de alto reconocimiento cultural. El acuerdo con Donatella representa, por tanto, una extensión de una estrategia que busca convertir nombres, comunidades y conversaciones culturales en negocios digitales.

Para Donatella, la ecuación es distinta. Ella aporta algo que no puede construirse rápidamente mediante inversión tecnológica: décadas de reconocimiento, un archivo visual extraordinariamente identificable y una relación con la cultura popular que sobrevivió a su salida de la casa Versace.

El momento financiero de Versace también explica el nuevo capítulo

La salida de Donatella ocurrió en marzo de 2025, después de casi tres décadas como directora artística de la casa.

Pocos meses después, Capri Holdings completó la venta de Versace a Prada por aproximadamente US$1.375 millones en efectivo, una operación que devolvió la firma italiana a un grupo de lujo europeo.

La operación puso fin a una etapa de Versace bajo Capri y abrió otra dentro de Prada. Pieter Mulier fue posteriormente designado para dirigir creativamente la casa, con su primera colección prevista para 2027.

Donatella, entretanto, permaneció vinculada a Versace como embajadora de la marca.

Su nueva compañía establece una separación empresarial clara. No es una extensión de Versace ni una nueva línea de la casa. Es una compañía independiente construida alrededor de su propia visión creativa.

Del lujo de una casa al lujo de una identidad

Durante décadas, el lujo de Versace estuvo asociado a códigos reconocibles: exuberancia, sensualidad, logomanía, color, estampados y una relación particularmente estrecha con la música y las celebridades.

Donatella fue una pieza central en la transformación de esos códigos en una identidad cultural global después de la muerte de Gianni en 1997.

Pero su nueva empresa parece partir de una definición más amplia del lujo.

En el comunicado de lanzamiento, la diseñadora habla de creatividad “valiente” e inclusiva y de su inspiración en música, cine, arte y moda. También define la conexión cultural como un elemento central de la asociación con Revolve.

La diferencia está en que la propuesta no parece construirse únicamente alrededor de la exclusividad tradicional. El nuevo lujo que plantea esta asociación está más relacionado con acceso cultural, participación, identidad y relevancia.

La aspiración es que el consumidor no solamente compre un producto, sino que pueda entrar en un universo que combina contenido, entretenimiento, conversación, creadores y comercio.

En ese sentido, la belleza puede ser una puerta de entrada particularmente estratégica.

¿Por qué empezar por belleza?

La belleza permite construir una relación mucho más amplia con el consumidor que la moda de lujo tradicional. Un producto de maquillaje, fragancia o cuidado personal puede tener un precio de entrada inferior al de una pieza de prêt-à-porter y, al mismo tiempo, transportar los códigos estéticos de una figura o una marca.

Para una compañía que pretende alcanzar nuevas generaciones, ese mecanismo permite convertir reconocimiento cultural en frecuencia de consumo.

La nueva empresa todavía no ha revelado sus productos, pero Revolve ya posee infraestructura en belleza y una audiencia acostumbrada a descubrir productos a través de contenido digital y recomendaciones de creadores.

El desafío será convertir la notoriedad de Donatella en una propuesta que tenga identidad propia.

El nombre Versace no estará en el centro de la nueva etiqueta. La marca tendrá que demostrar que la diseñadora puede trasladar su lenguaje creativo a una arquitectura comercial distinta sin depender de los códigos construidos durante casi treinta años en la casa de su familia.

Una generación distinta para una diseñadora de 71 años

La edad de la diseñadora no aparece como una limitación dentro del planteamiento comercial, sino como parte del valor que aporta.

Donatella tiene 71 años y más de cinco décadas de exposición a la industria de la moda. Al mismo tiempo, mantiene una enorme presencia cultural y digital: Vogue señala que supera los 12 millones de seguidores en Instagram y que sus diseños de archivo continúan apareciendo en alfombras rojas contemporáneas.

La asociación con Revolve intenta conectar dos tipos de capital que normalmente pertenecen a generaciones diferentes: el archivo y la experiencia de una diseñadora que ayudó a definir la cultura pop de finales del siglo XX, y la infraestructura digital de una empresa cuyo público principal son millennials y miembros de la Generación Z.

Es, en cierto modo, una operación de transferencia cultural.

Revolve aporta la maquinaria para llegar a una generación que no necesariamente conoció la Versace de los años noventa de la misma manera que las generaciones anteriores. Donatella aporta una historia que esa maquinaria no podría fabricar por sí sola.

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