A veinte años de su fundación, Capital DBG reafirma una forma de hacer comunicación: observar a las personas, convertir la cultura en estrategia y medir la creatividad por el valor que genera.
En comunicación, quedarse quieto es retroceder. Esa convicción ha acompañado a Capital DBG durante dos décadas: reinventarse, escuchar y mantenerse cerca de las personas y su contexto.
Lo que ha cambiado es la manera de convertir esa atención en soluciones. La intuición sigue en el centro, pero hoy convive con especialización, datos y una lectura rigurosa de la cultura.
Una idea no termina cuano llama la atención: debe resolver problemas, mover indicadores y crear valor para nuestros clientes”.
Así, Capital dejó de pensarse únicamente como agencia y asumió el rol de consultora creativa de comunicación, capaz de conectar disciplinas y tomar mejores decisiones para las marcas.
Su método parte de una observación simple: la comunicación no solo ocupa espacios en los medios; también puede ocupar un lugar en la cultura. El equipo observa cómo vive, habla y siente la gente, toma elementos de esa realidad, los resignifica y los devuelve convertidos en historias que las personas hacen suyas. Sin embargo, la relevancia cultural no es un fin en sí mismo: debe traducirse en negocio.
Dos casos recientes muestran cómo esa mirada se convierte en resultados concretos. Con “La Dura”, Presidente Original aumentó un 5.2 % en volumen y llevó su mezcla de ventas de 15 % a 21 %. “Pasando el Rolo” conectó a Rexona con una conversación cultural y logró aumentos de 34 % en volumen y 20 % en valor frente al año anterior. Son ideas que crean significado, fortalecen marcas y generan crecimiento.
En un mercado atravesado por la inteligencia artificial, Capital apuesta por capacidades profundamente humanas: empatía, curiosidad, sensibilidad cultural y, sobre todo, criterio. La tecnología puede procesar información y multiplicar posibilidades, pero alguien debe distinguir qué es importante y qué es verdadero para una marca.
El pensamiento crítico es lo que sustenta el pensamiento estratégico. Ninguna plataforma sustituye la capacidad de interpretar matices, hacer conexiones y comprender a otra persona. Las marcas memorables surgirán de quienes usen la tecnología sin delegarle su juicio, sensibilidad ni imaginación.
De cara a la próxima década, la ambición es avanzar sin perder el centro humano y hacer de la creatividad una herramienta cada vez más poderosa para generar negocio. Una idea no termina cuando llama la atención: debe resolver problemas, mover indicadores y crear valor. Esa creatividad es también un acto colectivo. Los buenos equipos se escuchan, conectan perspectivas y construyen juntos. Por eso importan tanto el espacio que habitan como las narrativas que construyen sobre quiénes son.

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