Ana María Stuven y su aporte a la historia de las mujeres en Chile
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Premio Nacional de Historia 2026: Ana María Stuven y su aporte a la historia de las mujeres en Chile

La obra de Ana María Stuven ha desplazado la mirada desde las instituciones y las élites hacia las ideas, la cultura y la capacidad de las mujeres para intervenir en la construcción de la vida pública.

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Hay una pregunta que atraviesa buena parte de la trayectoria intelectual de Ana María Stuven: ¿quiénes han tenido la posibilidad de interpretar la sociedad y bajo qué condiciones?

La respuesta ha llevado a la historiadora chilena a estudiar las ideas políticas, las élites, la religión, la formación de la República y, de manera cada vez más decisiva, la experiencia histórica de las mujeres. Todo como una vía para comprender cómo se construyeron las reglas, los límites y las posibilidades de participación en la sociedad chilena.

Ese recorrido acaba de recibir el máximo reconocimiento institucional de su disciplina. El Ministerio de Educación de Chile anunció a Stuven como Premio Nacional de Historia 2026, convirtiéndola en la segunda mujer en obtener el galardón desde su creación en 1974. La primera fue la historiadora Sol Serrano, reconocida en 2018.

El premio, que se entrega cada dos años y está destinado a reconocer aportes trascendentes a la historiografía y al patrimonio cultural de Chile, llegó después de más de cuatro décadas de investigación y docencia.

Pero la dimensión más interesante de este reconocimiento no está únicamente en la excepcionalidad estadística de que una mujer vuelva a recibirlo. Está en qué tipo de historia ha contribuido Stuven a construir.

La historia narrada más allá de sus clásicos protagonistas

Cuando Stuven comenzó su carrera, la historia política chilena estaba fuertemente concentrada en las instituciones, los partidos, las élites y los grandes acontecimientos. Su propia investigación partió desde la historia de las ideas políticas y del pensamiento del siglo XIX, pero fue ampliando progresivamente el campo de preguntas.

Ese desplazamiento resulta central para comprender su obra.

La historia política dejó de ser únicamente una reconstrucción de gobiernos, leyes o instituciones para preguntarse también por las ideas que hicieron posible determinadas formas de organización social, por las culturas políticas que las sostuvieron y por quienes quedaron fuera de esos espacios de representación.

Fotografía de Pablo Vásquez R. para La Tercera

En ese proceso, las mujeres dejaron de aparecer solamente como figuras excepcionales o personajes secundarios y comenzaron a ser estudiadas como agentes históricos.

El jurado del Premio Nacional destacó precisamente esa amplitud. Según el Ministerio de Educación, la obra de Stuven contribuyó a renovar la historia política e intelectual chilena incorporando dimensiones como la religión, el orden social, la cultura y, especialmente, el papel de las mujeres en la construcción de la vida pública.

Su formación ayuda a explicar esa mirada. Periodista de la Universidad de Chile, licenciada en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctora en Historia por Stanford University, Stuven también obtuvo grados de Master of Arts en Historia y Estudios Latinoamericanos.

Ha desarrollado gran parte de su carrera académica en la Universidad Católica y en la Universidad Diego Portales, además de haber sido profesora visitante en instituciones internacionales como La Sorbonne, Pittsburgh y Leiden.

El resultado es una trayectoria que combina investigación histórica, formación académica, conservación documental y divulgación del conocimiento.

Uno de los ejemplos más concretos es el Archivo Digital de Historia de las Ideas Políticas de la Universidad Diego Portales, proyecto que dirigió y que puso a disposición pública documentos fundamentales para estudiar el debate político chileno de los siglos XIX y XX.

La decisión de abrir fuentes y conocimiento hacia fuera de la universidad también conecta con una de las preocupaciones que Stuven ha expresado después de décadas en la academia: que la investigación histórica no termine convertida en una conversación exclusivamente entre especialistas.

La historia de las mujeres no como apéndice, sino como otra forma de leer Chile

Una de las aportaciones más significativas de Stuven consiste en cuestionar la manera tradicional de contar la historia de las mujeres.

Su planteamiento no consiste simplemente en agregar nombres femeninos a una narración ya existente. Es más profundo, ya que busca incorporar a las mujeres modificando las preguntas que se hacen sobre el pasado.

Su obra Historia de las mujeres en Chile, de la que fue coeditora, abrió una mirada amplia sobre la participación femenina en diferentes momentos de la historia nacional. Más recientemente, Feminismo: un concepto necesario para la historia de las mujeres en Chile, publicado en 2026, profundiza en la relación entre feminismo, ciudadanía y agencia histórica.

El punto de partida de Stuven es especialmente relevante; no considera el feminismo como una categoría fija que pueda trasladarse intacta desde el presente hacia el pasado.

En su interpretación, el concepto debe ser estudiado históricamente. Esto permite reconocer que mujeres católicas, liberales, obreras, laicas, socialistas o vinculadas a distintos espacios sociales participaron de procesos de transformación aun cuando no utilizaran el lenguaje político que hoy asociamos con el feminismo.

El libro propone precisamente una historia que evita presentar el movimiento como una trayectoria homogénea. La editorial describe el trabajo como una reconstrucción de las distintas tradiciones que participaron en la ampliación de la ciudadanía femenina, incluyendo feminismos católicos, laicos, liberales, obreros, socialistas y políticos.

“Las mujeres han vivido desigualdades y subordinación, pero han sido también agentes históricos”

Esta idea sintetiza uno de los principios que atraviesan su trabajo.

La historia de las mujeres puede ser contada desde la desigualdad, la subordinación y las restricciones que limitaron su autonomía. Pero detenerse exclusivamente allí produce otra forma de invisibilidad, convirtiendo a las mujeres en receptoras pasivas de estructuras históricas.

Stuven propone mirar también qué hicieron dentro de esas estructuras.

Negociaron. Crearon asociaciones. Participaron en la prensa. Se organizaron alrededor de causas sociales. Intervinieron en espacios religiosos, educativos y políticos. Utilizaron los márgenes disponibles y, en determinados contextos, consiguieron ampliarlos.

Esta perspectiva transforma la pregunta historiográfica. Ya no se trata solamente de saber qué derechos les fueron negados, sino también de estudiar cómo las mujeres actuaron dentro de sociedades que limitaban esos derechos.

Es una diferencia importante porque devuelve complejidad a la experiencia femenina.

La historia deja entonces de ser una sucesión de conquistas que comienza en el pasado y desemboca inevitablemente en el presente. Para Stuven, el proceso fue mucho más irregular: estuvo compuesto por avances, contradicciones, estrategias distintas y mujeres que actuaron desde posiciones ideológicas y sociales que hoy pueden resultar incluso contradictorias entre sí.

Del archivo a la cárcel: cuando la investigación se encuentra con la realidad

Hay otro aspecto de la trayectoria de Stuven que permite comprender mejor su idea de responsabilidad intelectual.

Hace aproximadamente 25 años, mientras investigaba y enseñaba sobre historia de las mujeres en la Universidad Católica, descubrió que frente al campus de San Joaquín se encontraba una cárcel donde había cerca de 2.000 mujeres privadas de libertad.

La proximidad física contrastaba con la distancia social.

A partir de aquella experiencia fundó en 2000 la Corporación Abriendo Puertas, dedicada a apoyar la reinserción social y laboral de mujeres privadas de libertad. Su trabajo en esta área también se extendió a la investigación: en 2025 publicó, junto con Verónica Undurraga e Ingrid Bachmann, Salir del infierno: Historias de mujeres y cárcel.

La conexión entre ambos mundos resulta reveladora.

Stuven no abandonó la historia para dedicarse al trabajo social. Tampoco convirtió la experiencia de las mujeres privadas de libertad únicamente en un objeto académico. Ambas dimensiones terminaron alimentándose entre sí.

La Universidad Católica ha descrito precisamente esta continuidad como parte de su trayectoria: una historiadora que estudia a las mujeres y, simultáneamente, se involucra con problemas concretos que afectan a mujeres en situación de vulnerabilidad.

Es una concepción del conocimiento poco compatible con la idea de una universidad completamente.

La segunda mujer no es el punto final

La fotografía de Ana María Stuven recibiendo el Premio Nacional de Historia en 2026 contiene una paradoja difícil de ignorar.

Por una parte, representa el reconocimiento de una carrera excepcional, de más de cuatro décadas de investigación, una extensa producción académica, formación internacional, docencia de varias generaciones y una obra que ha ampliado el campo de la historia política e intelectual chilena. El Ministerio de Educación registra quince libros como autora o coautora, 60 artículos en libros y revistas y 145 reseñas, mientras que la Universidad Católica contabiliza más de veinte libros entre autorías y ediciones.

Por otra, el hecho de que sea apenas la segunda mujer en 52 años de Premio Nacional de Historia convierte su reconocimiento en un dato histórico en sí mismo.

Pero quizá esa sea precisamente la lectura más coherente con su obra.

Stuven no ha dedicado su carrera únicamente a preguntar qué lugar ocuparon las mujeres en la historia. Ha preguntado qué ocurre con nuestra comprensión del pasado cuando dejamos de considerarlas espectadoras y comenzamos a estudiarlas como sujetos capaces de interpretar, negociar, resistir y transformar su propia realidad.

Su Premio Nacional llega, entonces, como reconocimiento a una historiadora que amplió el archivo de preguntas con el que Chile se mira a sí mismo.

Y deja abierta una de las preguntas que ella misma considera centrales para el oficio intelectual: ¿para qué sirve el conocimiento que producimos si no consigue iluminar la sociedad que lo hizo posible?

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