Fatima Zahra El Mansouri en el Gobierno de Marruecos
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Quién es Fatima Zahra El Mansouri, la primera mujer que dirigirá el Gobierno de Marruecos

La llegada a la jefatura de Fatima Ezzahra El Mansouri sorprende al mundo, pero no a los marroquíes quienes le han respaldado a lo largo de su carrera. De las calles de Marrakech al Palacio Real existe una línes política interesante dentro de su contexto cultural.

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Este precedente para las mujeres se da en un contexto en el que el país enfrenta una agenda económica y social mucho más compleja que el simbolismo de su nombramiento. Por tanto, los retos que deberá enfrentar no son menores.

La fotografía de Fatima Ezzahra El Mansouri junto al rey Mohamed VI resume una transformación que Marruecos había postergado durante décadas. Por primera vez desde la independencia, una mujer ha recibido el encargo de dirigir el Gobierno.

A sus 50 años, El Mansouri es más una figura de la política marroquí con una trayectoria que demuestra el paso de una mujer subiendo los escalones del liderazgo nunca antes recorridos. Comenzó en el derecho, pasó por la administración de Marrakech, continuó en el Parlamento, llegó al gabinete ministerial y terminó convirtiéndola en una de las principales figuras del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM).

La designación de Mohamed VI llegó hace un día para sorprender al mundo con el nombramiento como jefa de Gobierno después de que el PAM obtuviera 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes en las elecciones legislativas del 23 de septiembre.

Las proporciones electorales dicen mucho acerca de la realidad política y social que vive el país. El PAM fue la fuerza más votada, pero quedó muy lejos de los 198 escaños necesarios para controlar por sí solo la Cámara. El RNI obtuvo 66, Istiqlal 65 y el PJD 54. El primer trabajo de El Mansouri será, por tanto, construir una mayoría parlamentaria capaz de sostener al nuevo Ejecutivo.

De una familia de Marrakech al derecho empresarial

Fatima Ezzahra El Mansouri nació el 3 de enero de 1976 en Marrakech, dentro de una familia vinculada durante generaciones a la vida jurídica y administrativa de la ciudad.

Su padre, Abderrahmane El Mansouri, fue abogado, antiguo decano del Colegio de Abogados de Marrakech, pachá de la ciudad y posteriormente embajador de Marruecos en Emiratos Árabes Unidos. Ese origen la situó desde temprano cerca de una tradición institucional que combina el derecho, la administración y las relaciones con el Estado.

El Mansouri siguió inicialmente una ruta profesional propia del mundo jurídico. Estudió Derecho Privado en la Universidad Mohammed V de Rabat, obtuvo un DEA en Derecho de Contratos Empresariales en la Universidad de Montpellier y completó su formación con un certificado en Derecho Anglo-Sajón en Pace University, en Estados Unidos. Desde 2005 está inscrita en el Colegio de Abogados de Marrakech y se especializó en operaciones inmobiliarias y de suelo.

Fotografía: Hespress

No es un detalle menor. El derecho inmobiliario terminó siendo una especialidad particularmente relacionada con el camino que recorrería después: primero en la administración de una ciudad sometida a una fuerte expansión urbana y turística y, más tarde, como responsable nacional de urbanismo, vivienda y política de ciudad.

Su entrada formal en la política llegó en 2007, cuando se incorporó al Movimiento de Todos los Demócratas. Un año después participó en la fundación del PAM, partido creado en 2008 y que posteriormente se convertiría en una de las principales fuerzas de la política marroquí.

Marrakech fue su primer gran laboratorio político

En 2009, con apenas 33 años, El Mansouri llegó a la presidencia del consejo comunal de Marrakech y se convirtió en la primera mujer en dirigir la ciudad.

Aquel episodio no estuvo exento de controversia. Su elección fue impugnada inicialmente por un tribunal administrativo y posteriormente restablecida en apelación. La historia de aquella elección refleja también las tensiones de una política marroquí en transformación y la estrecha relación que desde sus primeros años tuvo el PAM con los círculos próximos al Palacio.

El primer mandato municipal se extendió hasta 2015. Durante esos años, El Mansouri combinó la administración local con una carrera parlamentaria: fue diputada entre 2011 y 2016 y volvió a obtener un escaño para el período 2016-2021. Entre 2015 y 2024 presidió además el Consejo Nacional del PAM.

En 2021 regresó a la alcaldía de Marrakech. Ese mismo año Mohamed VI la incorporó al Gobierno de Aziz Akhannouch como ministra de Ordenamiento Territorial Nacional, Urbanismo, Vivienda y Política de Ciudad, una cartera especialmente relevante para un país que atraviesa una rápida transformación urbana y una fuerte inversión en infraestructura.

Tres años después, en 2024, pasó a coordinar la dirección colegiada del PAM.

La secuencia es reveladora: ciudad, Parlamento, ministerio y dirección partidaria. Su llegada a la jefatura del Gobierno no representa un salto repentino, sino el último tramo de una carrera institucional de casi dos décadas.

Una mujer histórica sin haber construido su carrera alrededor del feminismo

Hay una particularidad interesante en el perfil de El Mansouri: su carrera política no se ha articulado principalmente alrededor de una agenda de activismo feminista.

Su figura resulta significativa para la representación de las mujeres precisamente porque el camino que la llevó hasta la jefatura del Gobierno ha estado más vinculado a la gestión pública, el derecho, la política urbana y la estructura partidaria que a la militancia por los derechos de las mujeres.

En una entrevista de 2021, El Mansouri rechazó las etiquetas asociadas a una imagen de mujer política endurecida por la carrera pública y se definió como una “activista libre”. Su perfil ha sido, en buena medida, institucional antes que reivindicativo.

Según datos del Banco Mundial basados en estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo, apenas 19,7% de las mujeres marroquíes en edad de trabajar participaban en la fuerza laboral en 2025, frente al 68,1% de los hombres. La brecha se traduce en una tasa de participación femenina equivalente a apenas 28,9% de la masculina.

Fotografía: Medias24

Por eso, el significado de su nombramiento excede la fotografía de una mujer ocupando el cargo más alto del Ejecutivo. La cuestión será cuánto puede cambiar una economía en la que millones de mujeres continúan fuera del mercado laboral formal.

El Marruecos que recibe a su primera jefa de Gobierno

El país que recibe a El Mansouri presenta una contradicción característica de la economía marroquí actual: los indicadores macroeconómicos muestran una expansión considerable mientras el mercado laboral continúa generando frustración.

El PIB real creció un estimado de 4,9% en 2025, su mayor ritmo en una década, impulsado por la recuperación agrícola y el fuerte aumento de la inversión pública. Para 2026, el Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento de 4,4%. La inflación, que llegó a representar una presión importante para los hogares, se moderó de manera significativa.

El desempleo alcanzó 13% en 2025. Entre los jóvenes de 15 a 24 años llegó a alrededor de 37%, mientras que las mujeres jóvenes enfrentaron una tasa todavía mayor. El FMI también señala que una cuarta parte de los jóvenes se encontraba en 2025 fuera del empleo, la educación o la formación. Esto denota que el crecimiento no se traduce en empleabilidad femenina.

Ese es probablemente uno de los principales desafíos económicos de la nueva etapa: convertir inversión y crecimiento en empleos suficientemente numerosos y productivos.

El Banco Mundial estima que Marruecos podría generar 1,7 millones de empleos adicionales hacia 2035 mediante reformas estructurales que favorezcan la inversión privada, la competencia y una mayor incorporación de mujeres y jóvenes a la economía formal.

Fotografía: BBC / AFP

La presión del Mundial de 2030

La nueva jefa de Gobierno también recibe una economía en pleno ciclo de inversión.

Marruecos se prepara para albergar junto a España y Portugal la Copa Mundial de Fútbol de 2030, un proyecto que ha acelerado inversiones en aeropuertos, estadios, transporte, infraestructura urbana y servicios.

El Banco Mundial calcula que la inversión pública asociada a infraestructura y a la preparación de grandes eventos internacionales está contribuyendo al crecimiento. El FMI, por su parte, considera que la aceleración de proyectos de infraestructura entre 2024 y 2030 puede elevar la actividad y el empleo, siempre que se acompañe de reformas que permitan una mayor participación privada.

El reto para el próximo Gobierno será transformar ese ciclo de construcción en capacidad económica duradera.

Una carretera, un estadio o un aeropuerto pueden aumentar la actividad durante el período de ejecución. El desafío estructural es conseguir que esas inversiones eleven la productividad, atraigan capital privado y generen empleos una vez terminado el evento.

Lo que cambia con Fatima Zahra El Mansouri

El nombramiento de El Mansouri cambia una imagen histórica del Estado marroquí: una mujer estará por primera vez al frente del Gobierno.

Marruecos entra en esta nueva etapa con una economía que crece, un ambicioso programa de infraestructura, una posición cada vez más relevante como plataforma industrial y logística y una agenda internacional vinculada a Europa, África y Oriente Medio. Al mismo tiempo, mantiene problemas estructurales en empleo juvenil, participación económica femenina, productividad y desigualdad de oportunidades.

La paradoja es que la mujer que acaba de romper una de las barreras institucionales más visibles del país llega precisamente cuando Marruecos necesita resolver barreras mucho menos visibles como aquellas que separan el crecimiento del empleo, la inversión de la productividad y la incorporación formal de las mujeres al mercado laboral.

La trayectoria de El Mansouri ayuda a explicar por qué su nombramiento es más que una sucesión ministerial. Desde Marrakech hasta Rabat, su carrera ha seguido la evolución de un país que intenta modernizar sus instituciones y su economía sin romper con las estructuras que han definido su sistema político.

Ahora le corresponde convertir esa experiencia acumulada en un Gobierno capaz de responder a una pregunta mucho más difícil que la de quién ocupará el cargo: qué resultados concretos puede producir una nueva etapa política para los ciudadanos que esperan que el crecimiento del país también transforme sus oportunidades.

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