Carolina Martínez expande la Fundación Pedro Martínez
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Carolina Martínez lleva la Fundación Pedro Martínez de Manoguayabo a Massachusetts

En Fenway Park, uno de los escenarios más emblemáticos del béisbol estadounidense, una primera bola adquirió otro significado a manos de Carolina Martínez, presidenta de la Fundación Pedro Martínez. ella realizó el primer lanzamiento y su esposo, el inmortal del Salón de la Fama Pedro Martínez, esperaba detrás del plato.

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Durante la celebración de la Noche de la Herencia Hispana, quedó expuesta una trayectoria que por mucho tiempo se ha desarrollado lejos de los focos del béisbol profesional: la construcción de programas para niños, adolescentes y familias en comunidades de República Dominicana y Estados Unidos.

Para Carolina Martínez, sin embargo, la Fundación no ha funcionado únicamente como una extensión filantrópica de la carrera de su esposo. Su gestión ha contribuido a convertirla en una plataforma con una agenda cada vez más amplia, en la que educación, salud, deporte, acompañamiento comunitario y, más recientemente, tecnología forman parte de una misma idea: ampliar las oportunidades disponibles para niños que crecen en contextos de vulnerabilidad.

De la ayuda comunitaria a una infraestructura de oportunidades

La historia de la Fundación Pedro Martínez comenzó en Manoguayabo, donde Pedro Martínez creció, y evolucionó desde una iniciativa vinculada a la comunidad hasta una organización con programas en República Dominicana y Estados Unidos.

De acuerdo con la propia Fundación, su primer programa, Hay Poder en Aprender, comenzó en 2004 y fue concebido alrededor de una visión de educación integral. Con el tiempo, el Centro Comunitario de Manoguayabo incorporó aulas, espacios deportivos, laboratorio de computación, cocina, áreas de orientación, nursery, consultorio odontológico y otras instalaciones. La organización señala que más de 100,000 niños han sido atendidos a través de sus programas en ese centro.

La filantropía practicada por Carolina y Pedro Martínez no puede medirse solamente por la cantidad de ayudas distribuidas, ya que se trata de una infraestructura con espacios permanentes, programas educativos y servicios que pueden acompañar a una comunidad durante distintas etapas de la infancia y adolescencia.

Carolina Martínez ocupa una posición central en esa evolución. La Fundación la identifica actualmente como su presidenta y describe su trabajo conjunto con Pedro Martínez como parte de una misión que busca ampliar oportunidades para jóvenes y familias tanto en Estados Unidos como en República Dominicana.

Su trayectoria profesional también aporta una dimensión particular a ese trabajo. Fisher College la describe como comunicadora y defensora de causas sociales, formada en Boston College y con una maestría de la Universidad de Miami. Antes de concentrarse en la Fundación, trabajó como periodista deportiva en ESPN y como presentadora de noticias en Telemundo; además, ha desarrollado una trayectoria editorial alrededor de las mujeres vinculadas al béisbol.

Lawrence: cuando la alfabetización digital empieza en la escuela primaria

Uno de los movimientos más recientes de la Fundación apunta a una de las brechas que pueden determinar las oportunidades profesionales futuras: el acceso temprano a la tecnología.

En septiembre de 2026, la organización puso en marcha junto a Lawrence Public Schools un programa extracurricular de programación y computación dirigido a estudiantes de tercero y cuarto grado de siete escuelas públicas de Lawrence, Massachusetts. El programa se desarrolla entre octubre y diciembre y utiliza actividades prácticas para introducir a los niños en conceptos básicos de programación y ciencias de la computación.

La propia escuela pública de Lawrence confirmó que el programa comenzó el 24 de septiembre en South Lawrence East Elementary School, donde estudiantes pudieron conocer la iniciativa y compartir con Pedro y Carolina Martínez en una jornada que incluyó preguntas, conversación y actividades con los alumnos.

La importancia de esta iniciativa está precisamente en su escala temprana. La programación ya no aparece aquí como una especialización reservada para adolescentes que han decidido estudiar carreras tecnológicas. Se introduce durante los primeros años de educación primaria como una herramienta para desarrollar resolución de problemas, creatividad y familiaridad con la tecnología.

Para una comunidad como Lawrence, con una importante población latina, el programa adquiere una dimensión social. La Fundación ha construido parte de su trabajo estadounidense alrededor de comunidades de Boston, Lawrence y otras localidades, mientras mantiene en República Dominicana una operación comunitaria de larga trayectoria. Fisher College señala que sus programas han alcanzado a más de 100,000 niños y familias en República Dominicana y Estados Unidos.


La gestión de Carolina Martínez se inserta precisamente en esa expansión geográfica y temática: de los servicios comunitarios tradicionales hacia programas que buscan preparar a los jóvenes para un entorno económico en el que las competencias digitales tienen un peso creciente.

Manoguayabo: el proyecto que busca reunir escuela, deporte y formación técnica

Mientras la Fundación experimenta con nuevas herramientas educativas en Massachusetts, República Dominicana se prepara para una de sus apuestas de mayor escala.

El Complejo Educativo y Deportivo Pedro Martínez, ubicado en Manoguayabo, está concebido para atender a aproximadamente 1,700 estudiantes y combinar educación formal, formación técnico-profesional, deporte y servicios comunitarios.

El proyecto se desarrolla junto al Ministerio de Educación y contempla 48 aulas para los niveles inicial, básico y politécnico, además de instalaciones deportivas y espacios destinados a la comunidad. La Dirección de Infraestructura Escolar ha informado que el complejo está proyectado para el año escolar 2026-2027.

La Fundación, por su parte, plantea el proyecto como una evolución de su modelo de trabajo: una infraestructura que integra una escuela, un politécnico, espacios comunitarios y diferentes disciplinas deportivas. Entre las modalidades técnicas anunciadas figuran acondicionamiento físico y entrenamiento deportivo; animación físico-deportiva y socorrismo; cuidados de enfermería con especialización en deportes; servicios gastronómicos y prevención de riesgos laborales.

El deporte deja de ser solamente una actividad extracurricular y pasa a coexistir con formación académica y técnico-profesional. En términos de desarrollo humano, significa intentar construir una ruta que acompañe al estudiante desde la educación inicial hasta competencias que puedan conectarlo con el mercado laboral.

Una ceremonia que resume una historia más larga

La primera bola lanzada por Carolina Martínez en Fenway Park puede leerse, por tanto, como algo más que una imagen de la Herencia Hispana.

El simbolismo está en quién ocupa el montículo y quién espera detrás del plato. Pedro Martínez, cuya carrera convirtió el béisbol en una vía extraordinaria de movilidad personal, aparece esta vez como receptor. Carolina, quien ha ocupado durante años la presidencia de la organización que ambos construyeron, toma la pelota.

Detrás de esa escena hay una institución que ha pasado de un centro comunitario en Manoguayabo a una red de programas en dos países; de la asistencia y el acompañamiento social a la formación académica; de las canchas y el béisbol a la programación y las ciencias de la computación.

Y quizá ahí reside el aspecto más relevante de la trayectoria de Carolina Martínez: su aporte no puede medirse únicamente por los momentos públicos en los que aparece junto a una de las figuras más reconocibles del béisbol dominicano. También está en la construcción cotidiana de una estructura que intenta convertir una historia deportiva extraordinaria en oportunidades concretas para la siguiente generación.

En Lawrence, esas oportunidades comienzan frente a una computadora. En Manoguayabo, tomarán la forma de aulas, laboratorios, espacios deportivos y formación técnica. En ambos casos, la apuesta es esencialmente la misma: que el lugar donde nace un niño no determine por anticipado hasta dónde puede llegar.

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