El Banco Agrícola acompaña la modernización del agro dominicano con una visión orientada a la innovación, tecnología y competitividad.
Hoy no basta con tener empresas competitivas: los países, como un todo, deben serlo. En agricultura, las ventajas comparativas no son suficientes.
El Banco Agrícola articula financiamiento y política agrícola bajo una premisa: la inversión agropecuaria necesita condiciones especiales de crédito para enfrentar una realidad climática cada vez más desafiante y preservar la capacidad productiva de quienes trabajan el campo.
La competitividad también depende de bienes públicos como la investigación y extensión agrícola, las infraestructuras de irrigación y los programas de protección zoosanitaria y fitosanitaria que garanticen la trazabilidad. A este entramado se suma el financiamiento, capaz de convertir conocimiento e innovación en inversiones productivas.
Nuestro compromiso es seguir apoyando la transformación del agro dominicano, incorporando tecnología e innovación para producir más y mejor”.
La agricultura mundial atraviesa un acelerado proceso de transformación impulsado por la biotecnología, la producción en ambiente controlado, las innovaciones en nutrición vegetal y animal, la regeneración de los suelos y los avances en protección de cultivos y control de plagas. Los desarrollos en manipulación genética permiten crear variedades con mayores rendimientos y resistencia a determinadas moléculas de herbicidas.
A través de la iniciativa “Mujer Rural” se impulsan oportunidades para el liderazgo femenino en el agro.“Agroimpulsa” dispone de RD$ 300 millones para ser canalizados mediante financiamientos flexibles, destinados a fortalecer la cadena de valor de la producción.
Las nuevas herramientas digitales también están modificando la manera de producir y decidir. La inteligencia artificial permite analizar series históricas de datos e identificar patrones relacionados con el clima, los mercados agrícolas y los hábitos de consumo.
Al disponer de información en tiempo real, productores y empresas pueden tomar mejores decisiones sobre épocas de siembra y preferencias de los mercados, reduciendo la incertidumbre de las inversiones agropecuarias.
En este escenario, el Banco Agrícola adquiere relevancia como instrumento para facilitar la incorporación de tecnologías intensivas en capital. A través del financiamiento, contribuye a integrar equipos, herramientas digitales e insumos a los procesos productivos, acompañando una transformación que exige conocimiento científico, capacidad técnica y capital.
El valor de producir mejor
Como en toda actividad económica, la productividad es el indicador que mejor expresa la eficiencia en el uso de los factores de producción: mano de obra, suelo, agua e insumos. De ella dependen la rentabilidad, la competitividad y la sostenibilidad de la actividad agrícola. Por eso, elevar el rendimiento de cada recurso es una prioridad para un sector que busca producir mejor y competir en mercados cada vez más exigentes.
Una mayor productividad y mejor calidad dependen de la aplicación de paquetes tecnológicos y prácticas agrícolas probadas experimentalmente y adaptadas a las condiciones agroecológicas de cada territorio. En ocasiones, una práctica tan sencilla como ajustar apropiadamente el marco de siembra puede generar resultados significativos. El cacao es un ejemplo: aumentar el número de plantas por tarea puede traducirse en incrementos importantes de productividad.
Tecnología, formación y financiamiento convergen en la iniciativa “Campo Joven 2.0” para preparar nuevos liderazgos en el campo dominicano.
Afortunadamente, el país cuenta con condiciones favorables para avanzar: una base diversa de recursos naturales que permite cultivar una amplia variedad de productos, un sector productivo innovador y políticas públicas impulsadas por el presidente de la República, Luis Abinader, orientadas a la estabilidad y rentabilidad del agro. En esa ecuación, el Banco Agrícola articula recursos con las necesidades de modernización, respaldando la capacidad del productor para transformar conocimiento en productividad y la innovación en competitividad.
El desafío también consiste en construir un sector capaz de utilizar mejor sus recursos y responder a las exigencias de los mercados. Esa combinación será determinante para que la agricultura dominicana avance con productividad, resiliencia y capacidad de competir.