Las mujeres representan el 56 % del público de museos
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Las mujeres representan el 56 % del público de museos y bibliotecas

El 56.3 % de las visitas a museos y el 54.8 % de los usuarios de bibliotecas públicas correspondió a mujeres en 2025. Los registros de la ONE revelan una diferencia sostenida en el acceso femenino a estos espacios, mientras los indicadores regionales muestran que la lectura y la participación cultural están cambiando de formato y de público.

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Tras estas cifras existe una lectura que deja una lectura mucho más profunda que la simple distribución de visitantes por sexo. Las mujeres están haciendo uso de infraestructuras esenciales para el acceso al conocimiento. Tan solo en 2025 concentraron el 56.3 % de las visitas a museos y cerca del 54.8 % de los usuarios registrados en bibliotecas públicas, según la Oficina Nacional de Estadística (ONE).

La diferencia aparece en dos actividades con dinámicas distintas. Una implica el contacto presencial con el patrimonio, las exposiciones y las expresiones artísticas; la otra supone una relación con los libros, la investigación, la consulta y el aprendizaje. Que la participación femenina supere a la masculina en ambas categorías introduce una variable relevante para comprender los hábitos de consumo cultural en República Dominicana.

Los registros contabilizaron 432,959 visitas de mujeres a museos, frente a 336,598 de hombres, sobre un total de 769,557. En las bibliotecas públicas, las mujeres sumaron 33,896 usuarios, mientras que los hombres alcanzaron 27,985, para un universo de 61,881 registros.

La diferencia no constituye un fenómeno aislado de 2025. La participación femenina superó a la masculina durante cada uno de los seis años comprendidos en la serie estadística de museos y bibliotecas.

Museos: una participación femenina que resiste la caída de visitantes

El comportamiento de las visitas a museos añade una dimensión importante al análisis. En 2024, estos espacios recibieron 1,012,483 visitantes, el máximo de la serie 2020-2025. Un año después, la cifra descendió a 769,557, una contracción aproximada del 24 %.

La reducción afectó a ambos grupos, pero fue más pronunciada entre los hombres. Las visitas masculinas disminuyeron alrededor de un 26.9 % frente a 2024, mientras que las femeninas retrocedieron aproximadamente un 21.6 %. Como resultado, la participación de las mujeres pasó de representar cerca del 54.5 % del público en 2024 al 56.3 % en 2025.

Esta diferencia importa porque permite distinguir entre dos movimientos: la contracción general de la asistencia y la composición del público que permanece vinculado a los museos. Aunque hubo menos visitantes, la proporción femenina aumentó.

La evolución de largo plazo también es significativa. Los museos pasaron de 179,465 visitas en 2020 a 769,557 en 2025, más de cuatro veces el registro inicial. Sin embargo, el máximo alcanzado en 2024 demuestra que el crecimiento de la actividad cultural no ha seguido una trayectoria lineal.

El origen de los visitantes ofrece otra pista sobre la naturaleza de esta demanda. En 2025, los dominicanos representaron 552,639 visitas, equivalentes al 71.8 % del total, frente a 216,918 correspondientes a extranjeros. Por tanto, la actividad museística depende mayoritariamente del público nacional y no exclusivamente de la circulación turística.

Las bibliotecas revelan otra dimensión del consumo cultural femenino

La participación femenina también se observa en las bibliotecas públicas, aunque la evolución de sus usuarios presenta una trayectoria diferente.

En 2020 se registraron 16,238 usuarios. Para 2023, la cifra había ascendido a 74,367, antes de descender a 59,592 en 2024 y recuperarse parcialmente hasta alcanzar 61,881 en 2025.

La comparación entre los extremos del período representa un incremento aproximado del 281 %. A pesar de esa expansión, el último registro todavía se encuentra un 16.8 % por debajo del máximo de 2023.

Fotografía: Ministerio de la Mujer

Las mujeres representaron el 54.8 % de los usuarios en 2025, una diferencia de 5,911 registros respecto a los hombres. El patrón también se había presentado en los años anteriores, lo que sugiere una participación femenina consistentemente mayor dentro de los establecimientos contabilizados.

Utilizar una biblioteca no equivale necesariamente a comprar libros, del mismo modo que visitar un museo no implica una transacción comercial. Son formas de participación cultural que pueden alimentar la demanda de publicaciones, actividades educativas, investigación y experiencias artísticas, pero que requieren indicadores independientes para medir su conversión económica.

América Latina: la lectura cambia de formato y de espacio

Uno de los indicadores más amplios de acceso al conocimiento es la alfabetización. Según los datos de UNESCO recopilados por el Banco Mundial, la tasa de alfabetización adulta en América Latina y el Caribe alcanzó en 2024 el 95.2 % entre las mujeres y el 94.7 % entre los hombres. La diferencia es pequeña, pero muestra que la alfabetización femenina regional se encuentra ligeramente por encima de la masculina.

Esta variable no mide la frecuencia de lectura ni la compra de libros. Sin embargo, aporta contexto sobre las condiciones educativas que hacen posible la participación en actividades vinculadas al conocimiento escrito.

Otra referencia es el estudio Prácticas y percepciones de lectura en adolescentes y jóvenes, publicado en enero de 2026 por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), con apoyo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC).

La investigación encuestó a cerca de 3,000 personas de entre 10 y 22 años en 17 países iberoamericanos, incluida República Dominicana. Sus resultados muestran que el 57.93 % de los participantes se identifica como lector o lector habitual. De ellos, el 32.93 % se reconoce como persona lectora y el 25 % como lector habitual.

El estudio también encontró que el 48.99 % considera que la lectura forma parte de su vida cotidiana y de su tiempo libre. Sin embargo, esta actividad suele combinarse con otras prácticas: el 46 % la relaciona con la vida social y familiar, mientras que entre el 43 % y el 44 % la combina con el uso de redes sociales e internet.

La transformación también es tecnológica. El 90.2 % de los jóvenes consultados afirmó que lee habitualmente en algún soporte digital y el 62.91 % señaló el teléfono móvil como uno de los dispositivos utilizados. Al mismo tiempo, el 80.97 % manifestó preferencia por el formato impreso.

Estos resultados describen una generación que no necesariamente ha abandonado el libro físico, sino que distribuye su experiencia lectora entre distintos soportes. También muestran que la biblioteca tradicional compite con un ecosistema de contenidos digitales que amplía las posibilidades de acceso, pero modifica la manera en que se consume información.

El acceso cultural también está condicionado por la educación y el ingreso

La mayor presencia femenina en los registros dominicanos tampoco debe interpretarse al margen de las condiciones socioeconómicas. La asistencia a museos y otras instituciones culturales depende de factores como la educación, la ubicación geográfica, el ingreso disponible, la oferta de actividades y el tiempo que las personas pueden destinar al ocio.

Un estudio académico publicado en 2024 en la revista Museum Management and Curatorship, que examinó la asistencia a museos de ciencia en Argentina, Brasil, Chile, El Salvador, México, Panamá y Paraguay, encontró que la participación cultural está condicionada por factores de estratificación social y contexto. Entre las variables consideradas figuran el género, la edad, el nivel educativo, la situación socioeconómica y el interés por la ciencia.

La investigación introduce una distinción fundamental: las diferencias de asistencia no pueden explicarse únicamente por preferencias individuales. También reflejan las condiciones que permiten que determinados grupos participen con mayor frecuencia en la oferta cultural.

En el caso dominicano, la información disponible permite establecer quiénes aparecen con mayor frecuencia en los registros, pero todavía deja preguntas abiertas sobre edad, nivel de ingresos, escolaridad, procedencia territorial y motivaciones de los visitantes.

Esa información sería especialmente útil para las instituciones culturales y para las industrias vinculadas al libro, la educación, el turismo patrimonial y las experiencias artísticas. Conocer la composición del público permite diseñar servicios, programas y modelos de financiamiento sobre una demanda observada, en lugar de depender exclusivamente de estimaciones generales.

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