La ONU frente a su deuda más antigua: una mujer en la Secretaría General
La carrera por suceder a António Guterres está encabezada por una mujer: Rebeca Grynspan. En paralelo, crece el respaldo internacional por que una mujer ocupe la Secretaría General de las Naciones Unidas.
Esta discusión ocurre cuando el organismo enfrenta una combinación particularmente difícil de guerras, restricciones financieras, fracturas geopolíticas y cuestionamientos sobre su capacidad de actuar. ¿Puede una mujer cambiar el rumbo de la organización?
Mientras los Estados discuten cómo preservar un sistema multilateral diseñado hace 80 años para un mundo que ya no existe, una parte creciente de esa conversación ha terminado concentrándose en una ausencia que la institución nunca ha corregido.
Ninguna mujer ha ocupado la Secretaría General de la ONU.
Nueve hombres han ejercido el cargo desde la creación de la organización en 1945. Ahora, por primera vez, una candidatura femenina aparece al frente de las votaciones informales del Consejo de Seguridad y varios jefes de Estado han convertido la posibilidad de una secretaria general en una cuestión explícita de representación internacional.
La costarricense Rebeca Grynspan llega a octubre de 2026 en la posición más visible de la contienda. En la cuarta votación informal del Consejo de Seguridad obtuvo 10 votos de “aliento”, frente a tres de “desaliento” y dos sin opinión, de acuerdo con fuentes citadas por Reuters. Es la tercera ocasión en que encabeza una de las rondas informales.
Pero una votación informal no equivale a una elección. El desenlace todavía depende de una negociación entre los miembros del Consejo de Seguridad, incluidos sus cinco miembros permanentes (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido) y posteriormente de la recomendación formal a la Asamblea General.
La carrera, por tanto, está abierta. Y la pregunta sobre si la ONU tendrá finalmente una mujer al frente se encuentra entrelazada con otra mucho más difícil: si la próxima secretaria general podrá ayudar a reconstruir la capacidad de una institución sometida a presiones que exceden con mucho la cuestión de género.
Rebeca Grynspan toma distancia en la carrera por la ONU
Grynspan no es una recién llegada al sistema internacional.
Economista costarricense, exvicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general en excedencia de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), su trayectoria combina política pública, diplomacia económica y trabajo dentro del sistema de Naciones Unidas.
Costa Rica presentó formalmente su candidatura el 3 de marzo de 2026. En la cuarta votación informal del Consejo de Seguridad, Grynspan consiguió 10 votos favorables, tres desfavorables y dos miembros que no expresaron opinión. Reuters señaló que Guyana’s Carolyn Rodrigues-Birkett y el argentino Rafael Grossi permanecen entre los competidores relevantes.

El dato importante no es únicamente que Grynspan encabece una ronda. Es que su candidatura ha conseguido mantenerse en la parte superior del proceso informal mientras la lista se ha reducido y algunas postulaciones han desaparecido.
La contienda comenzó con candidaturas como las de Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Virginia Gamba, Rafael Grossi, Grynspan y Carolyn Rodrigues-Birkett, además de otras incorporaciones posteriores. Bachelet, que había sido nominada por Chile, Brasil y México, terminó retirándose del proceso después de que esos países retiraran su respaldo.
Tras esa salida, siete candidatos permanecían en la cuarta ronda: Grynspan, Rodrigues-Birkett, Espinosa, Grossi, Ivonne A-Baki, Olara Otunnu y Macky Sall.
La candidatura de Grynspan tiene además una dimensión regional. La tradición diplomática apunta a que América Latina y el Caribe tienen argumentos para aspirar a la próxima Secretaría General después de que Guterres, de Portugal, complete su mandato. Esa expectativa se ha cruzado con una segunda consideración: que la región presente una mujer.
Los presidentes que han convertido la cuestión de género en una demanda diplomática
El respaldo no procede de una sola capital.
El presidente Luis Abinader volvió a plantear ante la Asamblea General que una mujer ocupe la Secretaría General. En su discurso del 23 de septiembre recordó que Naciones Unidas nunca ha tenido una mujer en ese cargo y vinculó la discusión con la necesidad de renovar la representación de América Latina y el Caribe dentro de la organización.

España ha adoptado una posición todavía más explícita. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dijo ante la Asamblea General que después de nueve hombres “ahora le toca a una mujer” y precisó que debería tratarse de una mujer latinoamericana. Sánchez presentó la ausencia femenina en el puesto como una deuda histórica de Naciones Unidas, aunque no expresó respaldo público a una candidata específica.

Desde Estonia, el presidente Alar Karis también incorporó la cuestión a su intervención ante la Asamblea General. Su planteamiento llegó acompañado de una crítica más amplia al estado actual del orden multilateral: describió a Naciones Unidas como una institución en un punto de inflexión ante el deterioro del respeto al derecho internacional y el debilitamiento de la cooperación entre Estados.

En América Latina y el Caribe, el debate ha adquirido además una dimensión regional. Guyana presentó a Carolyn Rodrigues-Birkett, su embajadora ante Naciones Unidas, como candidata a la Secretaría General. Su candidatura fue nominada por Guyana y respaldada por CARICOM, convirtiéndola en la primera candidatura caribeña femenina para el cargo.
El presidente guyanés Irfaan Ali ha respaldado públicamente esa candidatura. Rodrigues-Birkett tiene experiencia como ministra de Relaciones Exteriores de Guyana, directora de la FAO y representante permanente ante Naciones Unidas; además, participó directamente en el Consejo de Seguridad durante el período de Guyana como miembro no permanente.
El debate ya no consiste simplemente en si una mujer puede ocupar el puesto. Hay varias candidatas con experiencia internacional suficiente para competir por él.
La paradoja de una ONU que pide igualdad mientras nunca ha tenido una secretaria general
Nueve hombres han ocupado consecutivamente la Secretaría General desde 1945. Al mismo tiempo, las propias Naciones Unidas reconocen que la representación política de las mujeres continúa muy lejos de la paridad.
Un informe de Naciones Unidas publicado en septiembre de 2026 señala que seis de cada siete países están encabezados actualmente por hombres y que, al ritmo de avance vigente, la igualdad de género tardaría 171 años en alcanzarse. Ninguno de los indicadores del Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 (igualdad de género) está actualmente encaminado a cumplirse para 2030.
La presidenta de la Asamblea General durante el 80.º período de sesiones, Annalena Baerbock, señaló que en 2026 el problema ya no puede explicarse por una supuesta falta de mujeres capacitadas para ocupar puestos diplomáticos. También observó una diferencia entre los espacios vinculados con derechos humanos y asistencia humanitaria, donde la representación femenina es mayor, y los ámbitos considerados de “seguridad”, donde los hombres continúan predominando.
La Secretaría General pertenece también a esa segunda categoría: es la oficina que articula diplomacia, seguridad internacional, operaciones de paz, mediación, desarrollo y respuesta humanitaria.
Por eso la discusión sobre una mujer en el cargo pone en evidencia cómo se distribuyen históricamente las responsabilidades dentro del sistema multilateral.
La próxima secretaria general recibirá una organización bajo presión
La ONU atraviesa una combinación poco habitual de problemas simultáneos. António Guterres ha advertido que el mundo enfrenta el mayor número de conflictos desde la fundación de la organización y que las divisiones geopolíticas están haciendo cada vez más difícil alcanzar consensos en el Consejo de Seguridad.
A ello se suma una transformación tecnológica que avanza más rápido que los mecanismos internacionales destinados a regularla. Guterres ha señalado específicamente la inteligencia artificial como uno de los ámbitos en los que la capacidad de gobernanza internacional está quedándose atrás.
Por otra parte, según la propia ONU, entre 2024 y 2026 la base general de recursos del sistema se proyectaba con una reducción aproximada de 16.000 millones de dólares, cerca de 25%. La organización ha advertido además sobre la dependencia creciente de fondos voluntarios y condicionados, que limita la flexibilidad para responder a prioridades globales.
La organización debe intervenir en conflictos más complejos, atender crisis humanitarias, acelerar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, enfrentar el cambio climático, participar en la gobernanza de nuevas tecnologías y sostener operaciones internacionales mientras los Estados miembros cuestionan o reducen su financiación.
La próxima secretaria general heredará todas esas contradicciones al mismo tiempo.
UN80: la reforma que acompañará a la sucesión
El cambio de secretario general ocurre además junto con UN80, el proceso de reforma impulsado durante el último tramo del mandato de Guterres.
La iniciativa busca reducir duplicaciones, simplificar estructuras administrativas, mejorar la coordinación entre agencias y hacer más eficiente el uso de los recursos. En 2026 ya se habían producido reducciones de puestos y consolidaciones administrativas dentro de la Secretaría.
Pero UN80 también revela hasta qué punto el problema de Naciones Unidas es estructural.
La propia organización reconoce que enfrenta fragmentación institucional, proliferación de mandatos, duplicación de funciones, mecanismos débiles de evaluación y una creciente distancia entre las necesidades globales y los recursos disponibles.
La persona que suceda a Guterres no llegará, por tanto, a una oficina que simplemente necesita un nuevo ocupante. Llegará a una organización que está intentando rediseñarse mientras continúa funcionando en medio de guerras, crisis humanitarias y rivalidades entre grandes potencias.
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