Dos mujeres atletas encabezan las ganancias de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026
Liranyi Alonso y Brenda Castillo encabezan, desde dos disciplinas muy distintas, la lista de atletas dominicanas que recibirán los mayores incentivos económicos por su actuación en Santo Domingo 2026.
Aunque los ingresos recurrentes de una deportista de alto rendimiento aún dista mucho de los recibidos por una medalla, los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 dejaron una factura deportiva que también puede leerse como una radiografía económica.
El Gobierno dominicano anunció incentivos superiores a los de San Salvador 2023 y, bajo el esquema establecido por el Ministerio de Deportes y Recreación (Miderec), las medallas individuales se pagan de manera acumulativa. En ese escenario, dos mujeres sobresalen por encima del resto: Liranyi Alonso, velocista de 20 años, y Brenda Castillo, veterana líbero de las Reinas del Caribe.
Alonso acumula RD$1.2 millones por cuatro medallas de oro: 100 metros, 200 metros, relevo mixto 4×100 y relevo femenino 4×100. Castillo, por su parte, parte de los RD$266,666.67 correspondientes a su participación en el oro del voleibol femenino, a los que se suman RD$750,000 por tres reconocimientos individuales como mejor líbero, mejor defensora y mejor receptora, además del aporte equivalente anunciado por Cristóbal Marte para las integrantes de las Reinas del Caribe. El cálculo lleva su beneficio asociado a los Juegos a aproximadamente RD$1.016 millones.
Alonso monetiza una actuación individual extraordinariamente productiva; Castillo convierte una medalla colectiva en una combinación de premio por equipo, reconocimientos individuales y respaldo institucional.
Liranyi Alonso: cuatro oros y una señal de madurez competitiva
A sus 20 años, Liranyi Alonso representa una de las transiciones generacionales más interesantes del atletismo dominicano.
La velocista nacida en La Vega llegó a Santo Domingo 2026 con una trayectoria que ya apuntaba hacia la alta competencia. En 2025 había conseguido oro en los 200 metros y plata en los 100 metros de los Juegos Panamericanos Junior de Asunción. En marzo de 2026, además, compitió en su primer Mundial de pista cubierta y avanzó hasta las semifinales de los 60 metros.
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Su evolución también puede medirse en el cronómetro. World Athletics registra para Alonso un mejor tiempo de 10.93 segundos en los 100 metros en 2026, aunque con viento no reglamentario, y un 22.66 en los 200 metros. En junio alcanzó además el puesto 31 del ranking mundial femenino de los 100 metros.
El resultado de Santo Domingo cambia la dimensión de esa progresión. Cuatro oros en una misma edición no solo explican por qué Alonso encabeza la lista de incentivos individuales; también convierten sus próximas temporadas en una cuestión de seguimiento deportivo internacional.
El Comité Olímpico Dominicano ya la incluyó entre los atletas beneficiados por el programa Solidaridad Olímpica, con una beca de US$900 mensuales hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. La ayuda está destinada a cubrir su preparación y participación en eventos del ciclo olímpico.
La siguiente pregunta para Alonso, por tanto, ya no es cuánto produjo Santo Domingo 2026. Es cuánto puede convertir ese resultado en una trayectoria sostenida en los 100 y 200 metros, disciplinas donde la competencia internacional exige reducir décimas y no simplemente ganar campeonatos regionales.
Brenda Castillo: el valor económico de una carrera con resultados
La historia de Brenda Castillo es distinta. Su ingreso extraordinario en Santo Domingo 2026 se apoya en algo que Alonso apenas comienza a construir: una carrera de más de una década en la élite internacional.
Castillo llegó a los Juegos con cuatro oros centroamericanos consecutivos: Mayagüez 2010, Veracruz 2014, Barranquilla 2018 y San Salvador 2023. En 2014 fue elegida MVP del torneo y recibió además los reconocimientos de mejor líbero, mejor receptora y mejor recuperadora. En 2018 volvió a ser distinguida como mejor líbero y mejor recuperadora, mientras que en 2023 fue reconocida como mejor receptora.
En Santo Domingo consiguió el quinto oro consecutivo con las Reinas del Caribe, una selección que desde 2002 llegó a la edición de 2026 con 30 victorias consecutivas y seis títulos, y que buscaba igualar el récord cubano de siete coronas seguidas.
La particularidad de Castillo es que su aporte no aparece necesariamente en la estadística más visible del voleibol: los puntos. Su posición como líbero está asociada a recepción, defensa y construcción de las jugadas. Por eso, los tres reconocimientos individuales obtenidos en Santo Domingo tienen un peso económico y deportivo especial.
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La estructura anunciada por Miderec estableció RD$3.2 millones para el oro en deportes de conjunto, suma que se distribuye entre las integrantes del equipo. El Gobierno también fijó RD$2.8 millones para la plata y RD$1.6 millones para el bronce.
A eso se agrega el compromiso de Cristóbal Marte de igualar el incentivo estatal para las Reinas del Caribe y un premio de RD$250,000 por cada distinción individual otorgada a las jugadoras.
El resultado es un caso poco habitual; el de una atleta que, aun compitiendo en una disciplina colectiva, consigue transformar su desempeño individual en una parte considerablemente mayor del ingreso extraordinario asociado al torneo.
El siguiente capítulo de Castillo ya está fuera de la RD
El futuro inmediato de Castillo tampoco depende exclusivamente de los incentivos nacionales.
En febrero de 2026 se informó que la líbero firmó por dos temporadas con Fenerbahçe, uno de los clubes de referencia del voleibol turco, después de cuatro temporadas con Savino Del Bene Scandicci en Italia. El monto de su contrato no fue revelado oficialmente; medios dominicanos reportaron que podría superar US$1.5 millones, aunque esa cifra debe considerarse una estimación periodística y no un dato contractual confirmado.
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Ese movimiento resulta más relevante que el propio premio centroamericano para entender su posición económica. El dinero de los Juegos es extraordinario y episódico; un contrato internacional de club constituye un flujo de ingresos de otra naturaleza.
También evidencia una realidad importante del deporte femenino dominicano: para algunas de sus atletas más consolidadas, la mayor parte del valor económico de su carrera se encuentra fuera del sistema de premios nacionales.
¿Cuánto gana una atleta de alto rendimiento en la República Dominicana?
Aquí conviene separar tres conceptos que suelen mezclarse: salario público, incentivos por resultados e ingresos profesionales en el extranjero.
Aunque no existe una estadística oficial publicada que permita afirmar cuál es el salario promedio de las mujeres deportistas dominicanas; sí existe información sobre el Programa de Apoyo a los Atletas de Alto Rendimiento, Nuevos Valores e Inmortales (PARNI), que permite dimensionar el piso económico institucional.
Antes del aumento aplicado en 2025, la nómina del PARNI comprendía 505 atletas y ascendía a RD$5.091 millones mensuales. La mayoría (308 deportistas) recibía RD$5,000; 90 estaban en el rango de RD$15,000 a RD$30,000 y 23 atletas de élite recibían RD$35,000.
Desde enero de 2025, los atletas activos experimentaron un aumento del 100 %. El grupo superior pasó a RD$70,000 mensuales, mientras que otras escalas llegaron a RD$60,000 y RD$50,000.
En ese grupo superior aparecen varias de las principales deportistas dominicanas: Brenda Castillo, Brayelin y Jineiry Martínez, Gaila González, Niverka Marte, Cándida Arias, Bethania de la Cruz, Lisvel Eve Mejía, Yokaty Pérez y Yonkaira Peña, entre otras.
En el caso particular de varias integrantes de las Reinas del Caribe, existe además un aporte adicional del proyecto de selecciones nacionales femeninas que puede llevar su asignación mensual a RD$140,000, antes de sumar premios de competencias o contratos profesionales.
Por eso, decir que una deportista dominicana “gana RD$70,000” puede ser técnicamente cierto dentro del PARNI y, al mismo tiempo, describir de manera incompleta su realidad económica.
Santo Domingo 2026 también deja una pregunta sobre cómo se remunera el rendimiento
El Gobierno duplicó los incentivos individuales respecto de San Salvador 2023: el oro pasó de RD$150,000 a RD$300,000; la plata, de RD$100,000 a RD$150,000, y el bronce, de RD$75,000 a RD$100,000. Para los deportes de conjunto, el oro aumentó de RD$1.1 millones a RD$3.2 millones.
El salto es significativo, pero la estructura tiene una particularidad: no todos los deportes generan el mismo valor individual a partir de una misma medalla.
En una prueba como los 100 metros, una atleta puede recibir directamente el incentivo completo. En voleibol, el premio colectivo debe dividirse entre las integrantes del equipo. La compensación adicional por reconocimientos individuales puede modificar esa ecuación, como ocurrió con Castillo.
Es una diferencia que importa cuando se intenta comparar cuánto “ganó” cada deportista. La medalla es la misma categoría simbólica; la arquitectura económica detrás de ella no lo es.
Una cuenta pública que todavía necesita precisión
Hay, además, un elemento que merece ser aclarado antes de convertir la cifra total de incentivos en un dato cerrado.
La información divulgada sobre el desembolso de Santo Domingo 2026 señala RD$26.2 millones para oros individuales, RD$12.8 millones para platas y RD$14.7 millones para bronces, para un subtotal individual de RD$53.7 millones. También se reportan RD$18.4 millones para deportes de conjunto y RD$15.4 millones para federaciones.
Sin embargo, esas tres partidas suman RD$87.5 millones, no RD$75.5 millones.
Por tanto, la cifra de RD$75.5 millones que circula como total requiere una conciliación contable antes de presentarse como desembolso definitivo. Además, los incentivos a entrenadores se contabilizan por separado y todavía pueden modificar el monto final. El propio Miderec había establecido RD$200,000 para entrenadores de oro, RD$100,000 para plata y RD$75,000 para bronce.
Estas cifras revelan lo que sucede cuando el dinero público se convierte en parte central de la historia deportiva, donde la precisión de las cifras es tan importante como la medalla que las origina.
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