El segundo Grito de Claudia Sheinbaum cambia la historia que México cuenta sobre su Independencia
Claudia Sheinbaum volvió a ocupar el balcón de Palacio Nacional para encabezar el Grito de Independencia, pero el elemento más significativo de la ceremonia no estuvo únicamente en que una mujer volviera a hacerlo. Estuvo en los nombres que eligió para contar, una vez más, quiénes forman parte de la historia nacional.
La primera presidenta mexicana encabezó por segundo año consecutivo el Grito de Independencia desde el balcón central de Palacio Nacional. Se trata de un acto tradicional de gran importancia con la campana de Dolores, la bandera, el Zócalo, las arengas y tres veces “¡Viva México!”. Los rituales de Estado también funcionan como mecanismos de memoria. Cada nombre que aparece (y cada nombre que desaparece) ayuda a determinar qué personajes permanecen en la narración pública de una nación.
En 2025, Sheinbaum hizo historia al convertirse en la primera mujer presidenta en encabezar esta ceremonia en los 215 años transcurridos desde el inicio de la Independencia. Su primer Grito incorporó una presencia femenina mucho más explícita: Josefa Ortiz Téllez-Girón, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra, Manuela Molina “La Capitana”, las heroínas anónimas y las mujeres indígenas estuvieron entre sus arengas.
Un año después, el gesto dejó de ser inaugural y se convirtió en una segunda capa de una política de memoria que el gobierno ha venido desarrollando durante 2026. La novedad fue particularmente visible en dos nombres: Antonia Nava, incorporada por primera vez a las arengas presidenciales, y Margarita Maza, cuya figura había sido elevada durante el año a una categoría inédita dentro de la historia oficial mexicana.

De Josefa Ortiz a Antonia Nava: no solo cambian los nombres
La arenga de 2026 conservó a varias de las mujeres mencionadas el año anterior, pero modificó su composición. Sheinbaum volvió a pronunciar los nombres de Josefa Ortiz Téllez-Girón, Leona Vicario y Gertrudis Bocanegra, pero esta vez añadió a Antonia Nava, conocida como “La Generala”. Al mismo tiempo, desaparecieron de la lista Ignacio Allende y Manuela Molina “La Capitana”, presentes en el Grito de 2025.
Esta modificación que pertenece a la memoria colectiva introduce a Antonia Nava, quien fue una insurgente vinculada a las fuerzas de José María Morelos y Pavón durante la guerra de Independencia. Su historia pertenece a una zona menos conocida de la narrativa escolar tradicional, como parte de las mujeres que participaron en la resistencia y acompañaron directamente la guerra, incluso en circunstancias extremas.
El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México ha documentado que la participación femenina en la Independencia fue mucho más amplia que las biografías de las figuras más conocidas. Investigaciones recientes han buscado precisamente ampliar ese registro hacia mujeres cuya intervención quedó durante décadas relegada de las interpretaciones históricas más difundidas.
En el caso de Antonia Nava, esa recuperación tiene además una dimensión histórica particular. Estudios del INEHRM la sitúan entre las mujeres vinculadas a la etapa de resistencia de la Independencia, después de la ejecución de Morelos en 1815, cuando distintos grupos insurgentes continuaron la lucha en regiones del país.
Ahora el relato nacional deja de limitarse a las figuras que participaron en los episodios más conocidos y comienza a recuperar también a quienes sostuvieron procesos prolongados y menos visibles.
Josefa Ortiz y la decisión de nombrar a una mujer por su propio apellido
Uno de los gestos más comentados del primer Grito de Sheinbaum fue la forma de nombrar a Josefa Ortiz.
En lugar de utilizar la denominación popular de “Josefa Ortiz de Domínguez”, la presidenta pronunció “Josefa Ortiz Téllez-Girón”, recuperando el nombre con el que aparece en los registros históricos y que el propio INEHRM utiliza actualmente en su catálogo de próceres.
Los nombres con los que una sociedad recuerda a sus personajes históricos no son neutrales. Durante décadas, Josefa Ortiz quedó incorporada al imaginario nacional a través del apellido de su esposo, Miguel Domínguez. El cambio utilizado por Sheinbaum desplaza la referencia familiar y coloca en primer plano la identidad propia de la insurgente.
La presidenta volvió a utilizar esa denominación en 2026.
Es uno de los detalles más interesantes de estas ceremonias porque la modificación no consiste únicamente en añadir mujeres a una historia escrita en masculino. También implica revisar la manera en que esas mujeres han sido identificadas dentro de esa historia.
Margarita Maza: la mujer que llegó al Grito desde otra guerra
Si Antonia Nava representa una incorporación directa al relato de la Independencia, Margarita Maza representa la revisión del papel de las mujeres en la construcción de la República posterior a la Independencia.
En 2026, el Gobierno de México declaró el año como el Año de Margarita Maza, coincidiendo con el bicentenario de su nacimiento. En marzo, Sheinbaum firmó un decreto que la reconoció como la Primera Embajadora Histórica de la República Mexicana.
Maza nació en Oaxaca en 1826 y es conocida tradicionalmente por su vínculo matrimonial con Benito Juárez. Sin embargo, la documentación recuperada por instituciones mexicanas durante la conmemoración de su bicentenario presenta una trayectoria considerablemente más compleja.
Durante la intervención francesa y el exilio de la familia Juárez, Maza participó en actividades relacionadas con la causa republicana en Estados Unidos. El gobierno mexicano ha destacado particularmente su presencia en Washington en 1866 y sus contactos con figuras de la administración de Andrew Johnson, incluido el secretario de Estado William H. Seward. De acuerdo con la documentación oficial, esas interacciones contribuyeron a generar respaldo político y diplomático estadounidense a la República Mexicana frente al Imperio de Maximiliano.
Su reconocimiento como “Primera Embajadora Histórica” no es, por tanto, una reinterpretación de la Independencia de 1810, sino una ampliación de la historia sobre cómo se construyó y defendió el Estado mexicano durante el siglo XIX.
Una ceremonia de minutos, una disputa mucho más larga por la memoria
El Grito dura unos minutos. La construcción de una memoria nacional puede tardar generaciones.
Por eso, el segundo Grito de Sheinbaum tiene interés histórico más allá de la circunstancia política inmediata.
En 2026, esa revisión no se limitó a la Independencia. La inclusión de Antonia Nava amplió el mapa femenino de la insurgencia; y el reconocimiento paralelo de Margarita Maza extendió la conversación hacia la defensa de la República, la diplomacia y la construcción del Estado mexicano en el siglo XIX.
El resultado es menos una nueva lista de heroínas que una pregunta sobre cómo se construye la memoria pública: ¿quién aparece cuando una nación vuelve a contar su propia historia?
Durante mucho tiempo, la respuesta estuvo concentrada en un grupo reducido de nombres masculinos. Los dos primeros Gritos de Sheinbaum no borran esa historia ni sustituyen a sus protagonistas. Hacen algo distinto: incorporan nuevos nombres al mismo ritual y, con ello, modifican gradualmente el marco desde el cual México se cuenta a sí mismo.
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