Trabajo doméstico en Latinoamérica: 14.6 millones y más de tres de cada cuatro en la informalidad
América Latina y el Caribe cuentan con 14.6 millones de personas dedicadas al trabajo doméstico, una actividad esencial para el funcionamiento de los hogares que continúa marcada por la informalidad, los bajos ingresos y las jornadas laborales extensas.
Foto: En América Latina, el sector emplea a 14.6 millones de personas, de las cuales más de tres de cada cuatro trabajan en condiciones de informalidad.
En 2025, más de tres de cada cuatro trabajadores del sector se encontraban en condiciones informales, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) citado por Bloomberg Línea.
Las cifras evidencian una contradicción en el mercado laboral regional: aunque el trabajo doméstico sostiene buena parte de las tareas de limpieza, alimentación y cuidado de personas, quienes lo realizan enfrentan dificultades para acceder a una remuneración adecuada y a mecanismos efectivos de protección social.
La dimensión del problema también tiene una lectura de género. Las mujeres representan el 88.6% de las personas ocupadas en este sector en América Latina y el Caribe, lo que convierte la formalización del empleo doméstico en un desafío relevante para la igualdad económica.
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El trabajo doméstico concentra una parte importante del empleo en varios países
La participación del trabajo doméstico dentro del empleo total varía entre los países de la región. Trinidad y Tobago encabeza la lista presentada por la OIT, con un 8.4%, seguido de Paraguay, con un 7.6%, y Colombia, con un 6.9%.
Argentina registra una proporción del 6.4%, mientras que República Dominicana alcanza el 6.3%, una participación que sitúa al país entre los mercados donde esta actividad tiene un peso significativo en la ocupación.
Jamaica presenta un 5.8%, en tanto que Brasil y El Salvador registran un 5.6% cada uno. Costa Rica y Uruguay comparten una participación del 5.2%.
Estos porcentajes permiten observar que el trabajo doméstico no constituye una actividad marginal en determinadas economías. Por el contrario, representa una fuente importante de empleo, especialmente para las mujeres, y contribuye a sostener las actividades cotidianas de millones de hogares.
En el conjunto de América Latina y el Caribe, el sector equivale al 4.7% del empleo total y al 7.5% del empleo asalariado. Entre las mujeres ocupadas de la región, representa el 10.1% del empleo total y el 15.2% del asalariado.
La magnitud de estos datos plantea una cuestión económica: cuando una actividad concentra una proporción relevante de la ocupación, las condiciones laborales de quienes la ejercen también tienen implicaciones para la estabilidad de los ingresos familiares y la protección social.
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Informalidad y brecha salarial: los principales desafíos del sector
La precariedad laboral constituye uno de los principales problemas del trabajo doméstico. A escala mundial, el 83.1% de las personas que realizan estas labores, equivalente a 66.5 millones de trabajadores, se encontraba en la informalidad, de acuerdo con el informe de la OIT sobre la situación del sector en 2025.
En América Latina y el Caribe, la elevada proporción de empleo informal refleja las dificultades para garantizar que el trabajo doméstico se desarrolle con derechos laborales y protección social efectiva.
La desigualdad también se manifiesta en los ingresos. Las personas trabajadoras domésticas perciben, en promedio, el 53.3% del salario mensual medio de los demás asalariados. Cuando se trata de trabajadores informales, la proporción disminuye al 48.7%.
Además, la brecha salarial se ha ampliado respecto de 2019, cuando el ingreso mensual medio del sector equivalía al 56.4% del correspondiente a otros asalariados.
Esta diferencia revela que el desafío no consiste únicamente en reducir la informalidad, sino también en mejorar la valoración económica de las tareas realizadas. La limpieza, la preparación de alimentos y la atención de niños, adultos mayores y personas con discapacidad son servicios necesarios para la organización de los hogares, pero su importancia no se traduce necesariamente en mejores remuneraciones.
La elevada participación femenina añade otra dimensión al problema. Las condiciones de este mercado laboral pueden influir en la capacidad de las mujeres para obtener ingresos estables, acceder a la seguridad social y construir mayor autonomía económica.
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Jornadas extensas y formalización: las medidas que propone la OIT
Las condiciones laborales también se reflejan en la duración de las jornadas. En 2025, el 35.2% de las personas trabajadoras domésticas en el mundo laboraba al menos 49 horas semanales, mientras que el 14.6% trabajaba 60 horas o más.
Al mismo tiempo, parte de los trabajadores enfrenta jornadas muy cortas, ya sea por subempleo o porque distribuye sus horas entre varios hogares. Según la OIT, las personas ocupadas informalmente tienen mayor probabilidad de encontrarse en cualquiera de esos extremos.
Frente a este panorama, el organismo plantea avanzar hacia procedimientos de registro más accesibles, estrategias específicas de formalización y una mayor cobertura de protección social. También recomienda garantizar salarios mínimos efectivos, mejorar las condiciones relativas al tiempo de trabajo y fortalecer el cumplimiento de la legislación laboral.
La propuesta incluye reconocer las competencias de quienes trabajan en el sector, promover empleos decentes en las actividades de cuidado y ampliar el diálogo social y la negociación colectiva.
El objetivo es que el reconocimiento de la importancia económica del trabajo doméstico se traduzca en condiciones laborales concretas. La evolución demográfica y el aumento de las necesidades de cuidado hacen que este debate sea cada vez más relevante para la sostenibilidad de los hogares y los sistemas de protección social.
Con 14.6 millones de trabajadores en América Latina y el Caribe y una informalidad que afecta a más de tres de cada cuatro personas del sector, la región enfrenta el reto de convertir una actividad indispensable en una fuente de empleo con mejores ingresos, derechos garantizados y mayor estabilidad.
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