Ríos contaminados de República Dominicana: los más afectados
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En lista negra: ¿Cuáles son los ríos más contaminados y destruidos de la República Dominicana?

Son fuentes de agua, ecosistemas y parte de la historia del país, pero algunos de los principales ríos dominicanos enfrentan hoy una realidad marcada por residuos, aguas contaminadas, extracción de materiales y décadas de intervención humana. Aunque cada cuenca presenta desafíos particulares, todas reflejan una misma preocupación por el estado de los recursos hídricos del territorio.

Persona con guantes amarillos recogiendo una botella plástica de un cuerpo de agua como parte de una jornada de limpieza ambiental.

Foto: Las jornadas de limpieza de ríos buscan reducir la presencia de basura y concienciar sobre la importancia de proteger las fuentes de agua en la República Dominicana.

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Un río puede comenzar su recorrido entre montañas, atravesar campos y comunidades y terminar convertido en una especie de vertedero a cielo abierto. En República Dominicana, esa transformación no es una imagen aislada. Algunos de los principales cursos de agua han acumulado durante años desechos, pérdida de vegetación, ocupaciones de sus riberas y modificaciones de sus cauces, alterando de manera progresiva el equilibrio de estos ecosistemas.

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Las causas también son diversas. Las aguas residuales domésticas e industriales, los residuos sólidos, los agroquímicos, la sedimentación y la extracción de agregados forman parte de una situación que afecta a distintas cuencas. El Informe GEO-2024 del Ministerio de Medio Ambiente señala que los ríos Ozama, Haina, Yuna y Yaque del Norte se encuentran entre los más afectados por fuentes de contaminación urbanas, industriales y rurales.

Río Ozama, el símbolo de una deuda ambiental

Si existe un río que resume buena parte de los desafíos ambientales de Santo Domingo, es el Ozama. Su cuenca se extiende por una amplia zona del Gran Santo Domingo y Monte Plata, mientras que su tramo urbano ha soportado durante años la presión de los asentamientos humanos, la acumulación de desechos y las descargas de aguas residuales.

Un informe sobre los puntos críticos de las cuencas media y baja del Ozama e Isabela identificó contaminación por hidrocarburos y de origen fecal en distintos lugares analizados. A esto se suma la presencia de residuos plásticos. Datos recopilados por el Ministerio de Medio Ambiente estiman que la cuenca del Ozama aportó unas 4,900 toneladas de estos desechos a las aguas marinas, dentro de una estimación nacional cercana a 12,000 toneladas.

La magnitud de esta situación ha colocado la recuperación del afluente entre las prioridades ambientales del Gobierno. En 2026 comenzó a operar el Gabinete Ozama, creado para coordinar acciones de saneamiento, control de fuentes contaminantes, manejo de residuos y restauración ecológica.

Río Isabela, una contaminación que llega desde las cañadas

El Isabela, afluente del Ozama, comparte parte de esa realidad. La cercanía con sectores densamente poblados del Gran Santo Domingo lo expone a la presión de numerosas actividades humanas. Entre los principales puntos de preocupación están las cañadas que desembocan en su cauce y que pueden transportar residuos y sustancias contaminantes hasta sus aguas.

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Por su estrecha relación con el Ozama, la recuperación del Isabela también forma parte del programa gubernamental diseñado para intervenir ambos sistemas fluviales. Las acciones contemplan la recuperación de cañadas, el control de vertimientos industriales y la instalación de mecanismos destinados a retener desechos sólidos antes de que alcancen el curso de agua.

Río Haina, décadas de extracción y degradación

El Haina representa otra expresión del deterioro ambiental. Además de las dificultades relacionadas con la calidad del agua, su cauce ha sido afectado por la extracción ilegal de agregados, la deforestación, la erosión y la modificación de sus márgenes.

La gravedad de esta situación llevó al Ministerio de Medio Ambiente a declarar de urgencia ambiental la intervención de un tramo del afluente en enero de 2026. La medida contempla trabajos para recuperar el cauce y restaurar las zonas ribereñas.

Estudios realizados años atrás también detectaron concentraciones elevadas de metales pesados en los sedimentos, especialmente en puntos próximos a Santo Domingo. Para agosto de 2026, las autoridades informaron que continuaban las labores de rehabilitación hidráulica y remediación ambiental, después de décadas de afectaciones acumuladas.

Río Yaque del Norte, el gigante bajo presión

El Yaque del Norte es uno de los sistemas fluviales más importantes de República Dominicana y sostiene actividades esenciales para el país, entre ellas la agricultura, la generación hidroeléctrica y el abastecimiento de agua. Su relevancia económica y ambiental hace que cualquier alteración en su cuenca tenga un impacto que trasciende sus riberas.

Investigaciones sobre la calidad de sus aguas han detectado contaminación microbiológica. En muestras tomadas a lo largo de la cuenca se registraron niveles de coliformes totales, coliformes fecales y Escherichia coli por encima de los límites establecidos para distintos usos.

Entre los factores asociados se encuentran las descargas de aguas residuales domésticas e industriales que no reciben un tratamiento adecuado. Sin embargo, esto no significa que todo el sistema presente las mismas condiciones. La calidad del agua varía según el tramo y las actividades que se desarrollan alrededor de cada zona de la cuenca.

Río Yuna, residuos y presión sobre sus riberas

El Yuna es el río más caudaloso de República Dominicana y uno de los principales sistemas fluviales del territorio. Su importancia económica y ecológica contrasta con las presiones que soporta su entorno. La cuenca figura entre las más relevantes en cuanto a residuos plásticos que terminan llegando al mar y también enfrenta ocupaciones de las áreas destinadas a proteger sus riberas.

En enero de 2026, el Ministerio de Medio Ambiente realizó un operativo en Monseñor Nouel en el que detectó construcciones improvisadas, pocilgas, conucos y cercas dentro de áreas protegidas de la ribera.

La situación va más allá de la acumulación de desechos. Cuando la franja natural que protege un curso de agua es ocupada o modificada, también se reduce su capacidad para responder a las inundaciones y mantener las condiciones necesarias para sus ecosistemas.

Río Nizao, cuando el cauce comienza a desaparecer

El caso del Nizao demuestra que la degradación de un río no siempre está relacionada con la presencia visible de basura. La extracción indiscriminada de arena y otros materiales puede transformar físicamente el cauce, profundizar el lecho, acelerar la erosión de las márgenes y modificar el comportamiento natural del agua.

En mayo de 2026, el Ministerio de Medio Ambiente declaró de urgencia ambiental e hidrológica la intervención del Nizao debido a las afectaciones acumuladas durante décadas por la extracción de materiales y la alteración de su cauce.

La medida busca recuperar su capacidad hidráulica, restaurar ecosistemas afectados y reducir los riesgos para las comunidades ubicadas en su entorno.

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Una lista que no debería existir

Ozama, Isabela, Haina, Yaque del Norte, Yuna y Nizao enfrentan realidades distintas, pero comparten una historia marcada por una presión humana que durante años superó la capacidad natural de estos ecosistemas para recuperarse.

Hablar de ríos “destruidos” puede parecer una sentencia definitiva. Sin embargo, existe una diferencia importante entre un ecosistema degradado y uno irremediablemente perdido. Las intervenciones de recuperación que se desarrollan actualmente muestran que todavía existe margen para revertir parte de los daños y devolver a estos cuerpos de agua algunas de las condiciones que han perdido.

La recuperación, sin embargo, no depende únicamente de limpiar un cauce. También requiere controlar las fuentes de contaminación, proteger las riberas, ordenar las actividades que se desarrollan en las cuencas y evitar que las mismas prácticas que provocaron el deterioro vuelvan a repetirse.

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