Karoline Leavitt cambia el podio por la maternidad: así será su nueva etapa junto a Trump
A sus 28 años, Karoline Leavitt pasará de administrar la relación cotidiana entre el presidente y los medios a convertirse en asesora externa mientras el Partido Republicano entra en una etapa decisiva rumbo a las elecciones de medio mandato de 2026.
Karoline Leavitt no está abandonando la política. Está cambiando de posición dentro de ella.
La decisión, presentada por Trump como una salida familiar («para dedicar más tiemp a su dos hijos»), incluye una segunda parte menos doméstica y políticamente más significativa: Leavitt continuará como una de sus principales asesoras externas y como una voz influyente dentro del Partido Republicano de cara a las elecciones de medio mandato.
El movimiento modifica la naturaleza de una relación que durante casi dos años estuvo expuesta diariamente frente a las cámaras. Desde el podio de la Casa Blanca, Leavitt fue la encargada de defender las decisiones de Trump, responder a los periodistas y traducir la agenda presidencial para una audiencia que ya no consume información exclusivamente a través de periódicos, cadenas de televisión o agencias tradicionales.
Fuera del podio, su función puede resultar incluso más interesante.
Leavitt deja de ser el rostro institucional de la comunicación presidencial para convertirse en una operadora política sin la obligación de responder cada día desde la sala de prensa.
Y lo hace en un momento particularmente delicado para Trump, con las elecciones legislativas de noviembre de 2026 aproximándose y con el Partido Republicano obligado a defender su posición en un Congreso cuya composición determinará cuánto margen tendrá la Casa Blanca durante la segunda mitad del mandato.
¿Quién es Karoline Leavitt?
Leavitt nació en New Hampshire y estudió comunicaciones y ciencias políticas en Saint Anselm College. Su primera aspiración profesional estuvo vinculada al periodismo: quería ser reportera de televisión. La política modificó esa trayectoria.
En 2016, con 19 años, apoyó a Trump durante las primarias republicanas y comenzó a escribir artículos de opinión favorables al entonces candidato. Posteriormente realizó una pasantía en Fox News y, después de graduarse en 2019, llegó a la Casa Blanca durante el primer mandato de Trump. Allí trabajó inicialmente en el área de comunicaciones y posteriormente como asistente de la entonces secretaria de prensa Kayleigh McEnany.
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La derrota de Trump en 2020 no significó el final de su carrera política. Leavitt pasó a trabajar como directora de comunicaciones de la congresista republicana Elise Stefanik y, en 2022, intentó llegar al Congreso por New Hampshire. Ganó las primarias republicanas, pero perdió posteriormente frente al demócrata Chris Pappas.
La candidatura tuvo, sin embargo, un efecto importante: la convirtió en una figura reconocible dentro del ecosistema MAGA.
En 2024 regresó al entorno de Trump como secretaria nacional de prensa de su campaña presidencial. Fue una de las portavoces más visibles del candidato durante la contienda y terminó convirtiéndose en una elección natural para la Casa Blanca después de la victoria electoral.
En noviembre de 2024, Trump la eligió como secretaria de prensa. Cuando ocupó por primera vez el podio en enero de 2025 tenía 27 años y se convirtió en la persona más joven en la historia en desempeñar el cargo.
De periodista potencial a arquitecta del mensaje presidencial
Hay una ironía particularmente reveladora en la trayectoria de Leavitt: comenzó queriendo estar del lado de quienes hacen las preguntas y terminó siendo una de las personas encargadas de contestarlas.
Su relación con los medios fue, desde el principio, uno de los elementos definitorios de su carrera. En su primera conferencia oficial como secretaria de prensa, anunció que la Casa Blanca ampliaría el acceso a podcasters, creadores de contenido, periodistas independientes e influencers, introduciendo una modificación relevante en la tradicional dinámica del briefing presidencial.
La decisión además de logística, representaba una concepción distinta de cómo se distribuye la atención pública en Estados Unidos. Durante décadas, la sala de prensa de la Casa Blanca estuvo organizada alrededor de una estructura relativamente estable de periódicos, cadenas, agencias y corresponsales acreditados.
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En este sentido, Leavitt ayudó a formalizar una estrategia en la que los nuevos medios (incluidos creadores digitales y podcasters) obtuvieron un lugar más visible.
La administración defendió el cambio como una ampliación del acceso. Sus críticos lo interpretaron como una forma de reducir el peso de medios tradicionales considerados adversos a Trump.
Esa discusión resume buena parte de su paso por el cargo: Leavitt no intentó simplemente administrar la relación existente entre la Casa Blanca y la prensa. Participó en la transformación de esa relación.
La comunicación presidencial después de Leavitt
Uno de los aspectos más relevantes de su salida será precisamente determinar qué queda de ese modelo.
Trump tiene una relación atípica con los medios. El presidente suele comunicarse directamente con periodistas, cámaras y redes sociales, lo que reduce la función tradicional del secretario de prensa como intermediario entre el mandatario y el público.
Reuters señaló que durante la gestión de Leavitt la Casa Blanca modificó las dinámicas de acceso a los medios y dio mayor espacio a plataformas digitales y nuevos actores.
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Eso explica por qué la transición de Leavitt puede ser distinta a la salida convencional de un funcionario de comunicaciones.
Su principal activo no es únicamente conocer cómo funciona la sala de prensa. Es conocer cómo piensa Trump, qué mensajes considera prioritarios, qué temas requieren una respuesta rápida y qué tipo de audiencia puede amplificar determinado argumento.
En otras palabras, su conocimiento más valioso no está necesariamente en el podio.
¿Por qué Trump quiere conservarla como asesora?
La respuesta está parcialmente en la propia naturaleza del nuevo cargo.
Como secretaria de prensa, Leavitt tenía una responsabilidad institucional: representar oficialmente a la Casa Blanca frente a los periodistas. Como asesora externa, puede desempeñar un papel más flexible en la política partidista y electoral sin estar atada a las mismas funciones públicas.
Trump anunció expresamente que quiere que Leavitt continúe como una de sus principales asesoras externas y como una voz influyente dentro del Partido Republicano mientras su movimiento busca imponerse en las elecciones de medio mandato.
Las elecciones de medio mandato no eligen presidente, pero determinan buena parte de la capacidad de un mandatario para aprobar legislación, controlar comités y defender su agenda durante la segunda mitad del mandato. Para Trump, por tanto, 2026 constituye una prueba política intermedia antes de que el ciclo presidencial de 2028 comience a dominar la conversación nacional.
Leavitt conoce además una parte del electorado que el Partido Republicano considera estratégica: votantes jóvenes y consumidores de información que se relacionan con la política a través de plataformas digitales, podcasts, influencers y medios alternativos.
Su experiencia durante la campaña de 2024 y en la Casa Blanca la sitúa precisamente en la intersección de esos dos mundos.
El mayor reto de Leavitt será hacer campaña sin el podio
La nueva etapa presenta una dificultad que no resulta evidente a primera vista: dejar de comunicar desde una institución para comunicar desde una estructura política.
El podio de la Casa Blanca tiene una autoridad que no necesita ser construida cada mañana. La persona que ocupa ese espacio habla desde una institución presidencial. Como asesora externa, Leavitt tendrá que operar en un entorno diferente, donde el mensaje compite con candidatos, estrategas, grupos de interés, medios, redes sociales y las propias declaraciones de Trump.
El desafío será mantener relevancia sin convertirse en una simple extensión de la voz presidencial.
Su historial muestra que está acostumbrada a defender posiciones bajo presión, pero una campaña electoral exige algo adicional: leer datos, identificar segmentos de votantes, ajustar mensajes y decidir cuándo una controversia merece una respuesta y cuándo amplificarla puede ser contraproducente.
Ese cambio de función puede convertirse en la prueba más interesante de su carrera.
La maternidad también está en el centro de esta transición
La salida de Leavitt ocurre después del nacimiento de su segundo hijo y de su reciente regreso de la licencia de maternidad. Trump presentó la decisión fundamentalmente como una elección para que ella pudiera dedicar más tiempo a sus hijos y su familia.
Su trayectoria profesional ha estado particularmente vinculada a la discusión sobre maternidad y trabajo de alta exigencia.
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Leavitt tuvo a su primer hijo en julio de 2024, durante la campaña presidencial, y regresó rápidamente a la actividad política. En mayo de 2026 nació su segundo hijo, una niña. Su reincorporación y posterior decisión de abandonar el puesto institucional vuelven a poner sobre la mesa una cuestión menos relacionada con la política partidista y más con la estructura laboral de los puestos de máxima exigencia pública.
El cargo de secretaria de prensa implica jornadas impredecibles, exposición permanente y disponibilidad prácticamente continua. Que una funcionaria de 28 años decida abandonar ese formato mientras conserva una relación profesional con el presidente también revela algo sobre la naturaleza del trabajo político contemporáneo: no siempre es necesario abandonar una carrera para abandonar una posición.
Lo que deja su paso por la Casa Blanca
La evaluación de Leavitt dependerá en buena medida de quién la haga.
Sus defensores destacan su capacidad para responder bajo presión, su disciplina comunicacional y su conocimiento de la agenda de Trump. Sus detractores han cuestionado su trato hacia periodistas, sus enfrentamientos con medios tradicionales y declaraciones que posteriormente fueron objeto de críticas o correcciones.
Su gestión también estuvo marcada por una relación más conflictiva entre la Casa Blanca y algunos medios tradicionales. La administración modificó reglas relacionadas con el acceso de periodistas y el funcionamiento del grupo de prensa que acompaña al presidente, decisiones que generaron disputas y preocupación entre organizaciones periodísticas.
Pero incluso sus críticos tienen que reconocer una característica objetiva de su desempeño: Leavitt logró convertirse en una figura comunicacional reconocible fuera del reducido universo de los funcionarios de prensa.
Eso, en Washington, tiene valor político.
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