Récord histórico en la NWSL: 28 madres juegan esta temporada y redefinen el fútbol profesional
La cifra más alta de madres activas en la historia de la National Women’s Soccer League no es fruto del azar. Detrás del récord hay una transformación silenciosa en la economía del deporte femenino: contratos colectivos que redefinen los derechos laborales, políticas de conciliación familiar y un nuevo modelo que desafía una de las barreras históricas de las atletas profesionales.
Durante décadas, el embarazo representó una de las mayores incertidumbres para una deportista profesional. No solo implicaba una pausa competitiva, sino también la posibilidad de perder contratos, ingresos, estabilidad laboral e incluso su lugar dentro de un equipo. En el fútbol femenino, esa realidad convirtió la maternidad en una decisión que muchas jugadoras posponían hasta el retiro.
La temporada 2026 de la National Women’s Soccer League (NWSL) marca un punto de inflexión. Por primera vez, 28 madres forman parte de las plantillas de la liga, la cifra más alta registrada desde su fundación. Se trata de un dato que refleja una evolución estructural en la manera en que el deporte profesional comienza a integrar la vida familiar dentro de la carrera de las atletas.
El crecimiento responde menos a un cambio demográfico que a una transformación institucional. La maternidad dejó de ser vista como una interrupción excepcional para convertirse, gradualmente, en una realidad contemplada dentro del modelo laboral de la liga.
La historia adquiere relevancia porque ocurre en un momento en que las ligas femeninas compiten globalmente por atraer y retener talento. La capacidad de ofrecer estabilidad durante una de las etapas más importantes de la vida de las deportistas se ha convertido en un factor de competitividad tan relevante como el salario o la infraestructura deportiva.
¿Por qué ahora la NWSL alcanza un récord de madres?
El aumento no responde únicamente a que más futbolistas decidan tener hijos. También es consecuencia de un entorno que reduce el costo profesional de hacerlo.
El nuevo convenio colectivo firmado entre la liga y el sindicato de jugadoras introdujo uno de los paquetes de protección familiar más amplios del deporte profesional femenino en Estados Unidos. Entre las medidas destacan el mantenimiento del 100 % del salario durante el embarazo, la continuidad del seguro médico, licencias remuneradas para ambos padres, subsidios ampliados para el cuidado infantil y apoyo económico para que los hijos puedan acompañar a las jugadoras durante los desplazamientos.

A ello se suma una modificación con profundas implicaciones para la estabilidad familiar: las futbolistas ya no pueden ser transferidas a otro club sin su consentimiento. En una liga donde los cambios de franquicia pueden alterar por completo la vida personal de una familia, esta cláusula representa un cambio de paradigma.
La combinación de estas políticas reduce uno de los mayores factores de incertidumbre que históricamente enfrentaban las atletas, que era la posibilidad de perder seguridad económica precisamente en el momento de formar una familia.
De elegir entre la carrera y los hijos a planificar ambas etapas
Durante años, la maternidad funcionó como un punto de inflexión casi definitivo para muchas futbolistas profesionales.
Las trayectorias deportivas suelen coincidir con los años de mayor fertilidad biológica, generando una tensión permanente entre los objetivos competitivos y los proyectos familiares. En ausencia de protección laboral, numerosas atletas optaban por retrasar el embarazo o abandonar prematuramente sus carreras.
La experiencia de la portera Kailen Sheridan ilustra esa realidad. Tras ser transferida recientemente del San Diego Wave al North Carolina Courage, explicó que cada cambio de club implica reconstruir completamente la dinámica familiar.
«Construyes toda una vida en un lugar y, de repente, tienes que recrearla en otro completamente nuevo», afirmó en declaraciones recogidas por The Athletic. «Ese tipo de reinicio pasa factura. Es mucho que soportar en poco tiempo, no solo profesionalmente, sino también personalmente, simplemente para volver a sentirte estable».
Su testimonio pone de relieve que el desafío de las madres deportistas va mucho más allá del entrenamiento o la recuperación física. También involucra vivienda, escuelas, redes de apoyo, cuidado infantil y estabilidad emocional para sus hijos.
Las nuevas condiciones laborales que cambiaron las reglas del juego
El récord de esta temporada no puede entenderse sin analizar las reformas laborales impulsadas por la NWSL.
Las nuevas disposiciones incluyen:
- Salario íntegro durante el embarazo.
- Cobertura médica garantizada.
- Hasta ocho semanas de licencia remunerada para cualquier progenitor.
- Subsidios ampliados para el cuidado infantil.
- Apoyo financiero para los viajes de hijos de hasta 14 años.
- Restricciones a los traspasos sin consentimiento de la jugadora.
Aunque muchas de estas medidas son habituales en sectores corporativos, continúan siendo excepcionales dentro del deporte profesional internacional.
La diferencia resulta significativa porque las carreras deportivas dependen del rendimiento físico continuo. Garantizar ingresos y estabilidad durante el embarazo elimina parte del riesgo financiero asociado a una pausa competitiva inevitable.
Un fenómeno que trasciende al fútbol femenino
Lo que ocurre en la NWSL refleja una tendencia más amplia dentro del deporte de alto rendimiento.
En los últimos años, figuras como Serena Williams, Allyson Felix, Alex Morgan o Shelly-Ann Fraser-Pryce contribuyeron a modificar la conversación pública sobre la maternidad en el deporte. Sus experiencias evidenciaron que el mayor obstáculo rara vez era el embarazo en sí, sino la ausencia de estructuras laborales que permitieran regresar a la competencia en igualdad de condiciones.

La presión ejercida por estas atletas impulsó a federaciones, patrocinadores y ligas a revisar políticas que durante décadas permanecieron prácticamente inalteradas.
La NWSL parece haber capitalizado ese cambio cultural mediante normas que institucionalizan derechos que anteriormente dependían de acuerdos individuales entre jugadoras y clubes.
Un récord que mide algo más que el número de jugadoras
Las 28 madres que hoy integran la NWSL representan mucho más que una cifra histórica.
El dato evidencia una transformación en la arquitectura laboral del deporte femenino, donde la permanencia de las atletas ya no depende exclusivamente de su rendimiento competitivo, sino también de la capacidad de las instituciones para acompañar las distintas etapas de sus vidas.
La maternidad continúa planteando desafíos logísticos, físicos y personales que ninguna política elimina por completo. Sin embargo, el récord de esta temporada sugiere que una de las decisiones más complejas para las deportistas comienza a dejar de ser una elección entre la familia y la profesión para convertirse, progresivamente, en un proyecto compatible con ambas.
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