La regla de Ana Botín para conciliar trabajo y familia
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La regla de Ana Botín para conciliar trabajo y familia: planificar su vida hasta con tres años de anticipación

Ana Botín ha hablado pocas veces de su vida privada, pero cuando lo ha hecho ha dejado una idea menos cómoda que la promesa del equilibrio perfecto: para sostener una carrera de alta intensidad hay que elegir, anticiparse y compartir responsabilidades. Su agenda puede proyectarse hasta tres años, su matrimonio se construyó sobre un reparto 50/50 de la vida doméstica y hasta el tiempo para sí misma ha tenido que competir con los viajes y las obligaciones profesionales.

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Para Ana Botín, la conciliación nunca parece haber sido una cuestión de encontrar el punto exacto donde trabajo, familia, amistades y vida personal ocupen el mismo espacio. Sus propias declaraciones apuntan hacia algo bastante menos romántico y mucho más útil: administrar la escasez.

La presidenta ejecutiva de Banco Santander ha reconocido que no es posible “tenerlo todo” al mismo tiempo. En una entrevista concedida a la Fundación CYD explicó que las prioridades cambian según el momento y que el tiempo disponible debe distribuirse entre familia, trabajo, amigos y espacio personal. También reconoció que incluso actividades que le gustan, como el yoga, han terminado quedando relegadas por sus viajes y compromisos.

Años después, en una conversación con Fortune, volvió a ofrecer detalles mucho más concretos de esa ecuación: intenta no enviar correos electrónicos los sábados, reserva las mañanas de los domingos para leer y escribir y algunas tardes para conversaciones individuales con miembros de su equipo; además, explicó que suele prescindir de la cena al menos cinco noches a la semana. Para medir sueño y actividad física utiliza dispositivos como Oura Ring y Fitbit.

Lo interesante no es la sofisticación de esos mecanismos. Es lo que revelan sobre una realidad que suele quedar fuera de las narrativas sobre las mujeres con carreras extraordinariamente exigentes: el equilibrio no necesariamente significa tener más tiempo; puede significar decidir con enorme precisión dónde poner el poco tiempo disponible.

La agenda de Ana Botín empieza antes de que empiece el día

Uno de los datos más reveladores sobre su forma de organizarse apareció durante su participación en Planeta Calleja: Botín explicó que tenía su agenda organizada con hasta tres años de anticipación.

La dimensión de ese dato importa. No se trata únicamente de una ejecutiva que utiliza un calendario con disciplina. Es una forma de convertir el futuro en una herramienta de planificación.

En una posición que implica viajes internacionales, reuniones institucionales, consejos, decisiones financieras y una agenda pública difícil de predecir, anticipar compromisos con semejante horizonte permite reservar espacios que, de otro modo, podrían ser absorbidos por el trabajo.

Fotografía: El Mundo

La propia Botín ha descrito su agenda como planificada prácticamente al minuto y a tres años vista. En términos personales, esa planificación tiene una consecuencia importante: la vida familiar también entra en el calendario.

La idea contradice una de las fantasías más extendidas sobre la conciliación, que la familia se acomoda espontáneamente alrededor del trabajo. En la experiencia que Botín ha descrito, ocurre lo contrario. Los compromisos personales deben ser considerados con la misma anticipación que los profesionales.

El 50/50 de Ana Botín y Guillermo Morenés

Si existe una pieza estructural en la explicación de Botín sobre cómo consiguió combinar familia y carrera, es su marido, Guillermo Morenés.

La pareja se casó en 1983 y tiene tres hijos. Botín ha explicado en distintas ocasiones que desde el comienzo establecieron un acuerdo: la familia, la casa y los hijos serían responsabilidad de ambos al 50%.

En una entrevista con Jesús Calleja fue todavía más directa al explicar la dimensión práctica de ese pacto: aseguró que no habría podido hacer ni la mitad de lo que ha hecho profesionalmente sin el apoyo de su marido. La pareja incluso ha mantenido durante años una relación geográficamente compleja, con Morenés viviendo en Londres y Botín en Madrid.

En Fortune, Botín volvió a describir ese acuerdo como esencial para poder compatibilizar carrera y familia. Hay aquí una lectura económica que merece más atención de la que suele recibir.

El reparto de las tareas domésticas no es solamente una cuestión de justicia dentro de una pareja. También puede determinar qué miembro de una familia tiene capacidad real para aceptar viajes, horarios impredecibles, promociones, responsabilidades internacionales o puestos que demandan disponibilidad permanente.

Cuando una persona asume una desproporción del trabajo doméstico, su carrera absorbe el costo. Cuando ese trabajo se distribuye, la disponibilidad profesional puede repartirse de otra manera.

La experiencia de Botín no elimina esa tensión. La hace visible.

“Tenerlo todo” no aparece en su relato

Una de las frases más relevantes de Botín sobre conciliación es precisamente la que desmonta la idea de que la vida puede optimizarse hasta alcanzar un equilibrio permanente.

“No es posible tenerlo todo”, explicó al hablar de sus distintas facetas como madre, esposa, profesional y mujer con intereses personales.

La frase adquiere más significado cuando se observa junto al resto de sus declaraciones.

Botín ha contado que durante años le resultó difícil mantener sus clases de yoga, una actividad que disfrutaba, debido principalmente a sus viajes. También ha hablado de la necesidad de determinar qué es prioritario en cada momento: el trabajo, la familia, los amigos o el tiempo para sí misma.

La conclusión es menos complaciente que el discurso habitual sobre el work-life balance: hay etapas en las que una dimensión de la vida necesariamente ocupa más espacio que otra.

Eso significa que conciliar no siempre consiste en equilibrar horas. A veces consiste en aceptar conscientemente qué queda fuera.

Fotografía: Bloomberg en Línea

El precio del tiempo personal también aparece en su historia

La versión más interesante de la conciliación de Botín no es la de una mujer que consiguió reservar perfectamente sus ocho horas de trabajo, ocho horas de familia y ocho horas de descanso.

Sus declaraciones muestran algo diferente.

En Fortune explicó que intenta mantener una rutina diaria estable, evita enviar correos los sábados y utiliza parte del domingo para leer, escribir y mantener algunas conversaciones profesionales. También dijo que suele saltarse la cena al menos cinco noches a la semana. Su interés por el sueño y la actividad física la llevó a utilizar tecnología para medir cómo duerme y qué factores afectan su energía.

Hay una contradicción aparente, pero también una lección. Incluso una de las mujeres con mayor capacidad de control sobre su agenda sigue negociando con el tiempo.

El trabajo no desaparece porque llegue el fin de semana. El espacio personal no queda automáticamente protegido porque exista una posición profesional de alto rango. La diferencia está en establecer límites específicos dentro de una agenda que, por naturaleza, tiende a expandirse.

Del domingo sin correos al derecho a desconectar

Otro detalle particularmente revelador es su decisión de intentar no enviar correos electrónicos los sábados. No se trata de una desconexión absoluta, Botín sigue utilizando parte del domingo para actividades profesionales. Pero sí aparece una intención deliberada de introducir una frontera.

Su posición coincide con una discusión mucho más amplia sobre la cultura laboral contemporánea: la disponibilidad permanente puede convertir cada espacio personal en una extensión del trabajo.

La tecnología permite responder desde cualquier lugar y a cualquier hora, pero esa posibilidad también modifica las expectativas sobre disponibilidad.

Por eso el límite de Botín resulta más interesante como dato que como consejo. No demuestra que exista una fórmula universal. Demuestra que incluso en una carrera que exige conexión constante, la desconexión debe ser diseñada.

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