El hábito que Gisele Bündchen transmite a sus hijos
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El hábito que Gisele Bündchen transmite a sus hijos y que River ya empieza a imitar

La maternidad a menudo es sellada con el ejemplo que una madre es capaz de darle a sus hijos, Gisele Bündchen reconoce esto y sin pronunciar una sola palabra ha conseguido que su hijo River, aún siendo un bebé, intente reproducir sus mejores virtudes.

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Hay una fotografía de Gisele Bündchen que dice más sobre su idea de maternidad que muchas entrevistas. En ella, la supermodelo aparece haciendo ejercicio junto a River, su hijo menor, mientras el niño intenta reproducir su postura. Ella trabaja con pesas y una banda de resistencia; él, todavía demasiado pequeño para comprender qué es una rutina de entrenamiento, hace exactamente lo que hacen los niños cuando están aprendiendo a vivir: observa y copia.

La imagen fue publicada por Bündchen el 8 de agosto de 2026. “Es tan lindo ver cómo, desde tan pequeños, comienzan a observar e imitar lo que hacemos”, escribió. Después añadió una reflexión que funciona como una especie de declaración de principios sobre su manera de entender la maternidad: sus acciones importan más que sus palabras porque buena parte de aquello en lo que se convierten los hijos se construye a partir del ejemplo cotidiano.

 

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River tiene 17 meses. Es hijo de Bündchen y Joaquim Valente y nació en febrero de 2025. Sus hermanos mayores, Benjamin y Vivian, tienen 16 y 13 años, respectivamente.

Lo interesante de la escena, por tanto, no está realmente en que un bebé acompañe a su madre durante un entrenamiento. Está en lo que revela sobre una mujer que lleva décadas convirtiendo sus propias rutinas (comer, moverse, trabajar, cuidar, relacionarse con la naturaleza) en una filosofía de vida y que ahora observa cómo esa filosofía empieza a ser absorbida por sus hijos.

“Qué regalo y qué bella responsabilidad es ser mamá”, escribió. En Bündchen, la crianza parece funcionar menos como un manual de instrucciones y más como una arquitectura invisible de hábitos.

Habitar el cuerpo según Gisele Bündchen

El deporte ocupa un lugar particular en la vida de Bündchen porque no apareció como una estrategia estética. Llegó después de una crisis.

En Lessons: My Path to a Meaningful Life, publicado en 2018, la brasileña contó que durante los primeros años de su carrera llevaba un ritmo que terminó pasándole factura: cigarrillos, alcohol, café azucarado y jornadas de trabajo prácticamente permanentes. Después de experimentar episodios severos de ansiedad y pánico, modificó radicalmente sus hábitos. Incorporó meditación, yoga, ejercicio y una alimentación más consciente.

Años después, aquella transformación dejó de ser una historia personal para convertirse en una estructura familiar.

Bündchen ha hablado de levantarse temprano para meditar y entrenar, de caminar, hacer yoga y mantener el movimiento como parte cotidiana de su bienestar. En una entrevista con The Wall Street Journal, explicó que hace ejercicio seis días a la semana y que su rutina matutina también incluye meditación, estiramientos y caminatas.

La diferencia importante está en la forma en que presenta esas prácticas: no como una penitencia para conseguir determinado cuerpo, sino como una manera de sentirse bien. Un enfoque particularmente valioso cuando se trata de crianza de los hijos.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los menores de cinco años pasen menos tiempo sedentarios, duerman adecuadamente y tengan oportunidades frecuentes de movimiento y juego durante el día. En la primera infancia, el movimiento no tiene que parecerse al ejercicio adulto: explorar, jugar, desplazarse y experimentar con el propio cuerpo también forman parte del desarrollo físico.

Por eso la fotografía de River puede leerse más allá de la estética wellness. El niño no está participando en una actividad que su madre considera normal, a la vez que fortalece (hasta con cierto tono de juego) su cuerpo y desarrollo mental.

Antes que una dieta, Bündchen ha convertido la comida en educación

La alimentación es otro de los espacios donde la maternidad de Bündchen se vuelve práctica.

En 2024 publicó Nourish: Simple Recipes to Empower Your Body and Feed Your Soul, un libro que combina recetas con reflexiones sobre planificación de comidas, reducción de desperdicios, hábitos y alimentación familiar. El planteamiento no es el de una dieta rígida: incluye proteínas, vegetales, frutas, cereales y también momentos menos disciplinados, como una noche de pizza con los niños.

 

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Esa flexibilidad resulta particularmente interesante porque contradice la caricatura de la supermodelo que vive bajo un régimen alimentario imposible de replicar.

Bündchen ha reconocido incluso que probó una alimentación vegana y posteriormente tuvo que modificarla después de experimentar deficiencias nutricionales. Hoy habla de una alimentación más equilibrada y de seleccionar cuidadosamente las fuentes de proteína.

También existe una dimensión doméstica en su relación con la comida. Ha explicado que aprendió de su madre, que trabajaba como cajera de banco, una lógica de planificación basada en aprovechar las sobras y reutilizar alimentos durante la semana. En su casa, cocinar no ha sido solamente una cuestión nutricional: también una manera de enseñar organización y evitar desperdicios.

Es una lección particularmente pertinente para las mujeres que trabajan.

Porque la llamada working mother vive constantemente entre dos relojes: el profesional y el doméstico. En ese contexto, cocinar desde cero todos los días puede convertirse en otra expectativa imposible. Lo que Bündchen ha contado sobre la planificación familiar introduce una idea más útil, donde la organización no tiene que significar perfección.

El jardín fue otra de sus aulas

Mucho antes de que River apareciera en sus fotografías, Bündchen ya había encontrado una forma peculiar de educar a Benjamin y Vivian, poniéndolos en contacto con la tierra.

Cuando sus hijos eran pequeños, la familia cultivaba vegetales, hacía compostaje y cuidaba abejas. Bündchen explicaba entonces que el jardín podía enseñarles responsabilidad, adaptación y paciencia. Plantar una semilla significaba aceptar que el resultado no aparece inmediatamente.

También llegó a incorporar cocina y jardinería en la educación de sus hijos. Durante los años en que la familia se trasladó a Florida, Gisele Bündchen contó que había creado junto con la profesora de los niños un currículo que incluía precisamente esas actividades.

Una generación criada dentro de pantallas recibe pocas oportunidades espontáneas de experimentar la espera. Una planta, en cambio, no acelera porque alguien la esté mirando.

 

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El jardín enseña una forma de temporalidad que ninguna aplicación puede simular: hay que sembrar, cuidar, esperar y aceptar que existen variables fuera de nuestro control.

Para Bündchen, la naturaleza también es una responsabilidad familiar. Su relación con el medioambiente no terminó en una campaña de moda. Es embajadora de Buena Voluntad del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y creó la Fundación Luz; posteriormente, el Luz Alliance Fund, desarrollado junto con BrazilFoundation, amplió su trabajo hacia la conservación y regeneración de ecosistemas brasileños.

En 2025, el fondo destinó recursos a la reconstrucción de tres escuelas de educación infantil afectadas por las inundaciones de Rio Grande do Sul; la inversión canalizada a través del proyecto alcanzó R$9 millones y contribuyó a obras que permitirían ampliar la oferta de educación infantil de jornada completa.

La filantropía, en ese sentido, también forma parte de la educación que sus hijos pueden observar: ayudar no como una declaración abstracta, sino como una actividad que requiere recursos, organización y continuidad.

La disciplina que transmite no parece estar basada en el sacrificio

Gisele Bündchen comenzó a trabajar como modelo a los 14 años y construyó una carrera internacional durante más de dos décadas. Pero quizá una de las transformaciones más importantes de su vida adulta ha sido decidir qué lugar ocupa el trabajo dentro de su identidad.

En entrevistas recientes ha hablado de la necesidad de escuchar al cuerpo después de años de viajes, jornadas extensas y una industria que normalizaba dormir poco y mantener un ritmo constante. En 2026 explicó que, durante sus veinte años, su sistema nervioso terminó reaccionando a aquel estilo de vida y que tuvo que aprender a prestar atención a las señales físicas antes de llegar al límite.

Esa experiencia introduce una dimensión menos glamorosa y más útil de su historia. La disciplina no consiste necesariamente en aguantar más. A veces consiste en saber cuándo parar.

Para una madre que además trabaja, esta distinción resulta fundamental. La cultura profesional suele premiar la disponibilidad permanente: responder mensajes de noche, trabajar durante las vacaciones, llenar cada espacio vacío de productividad. Bündchen ha construido una narrativa diferente, en la que dormir, caminar, meditar, comer y estar con sus hijos no son interrupciones del trabajo.

Lo que River está aprendiendo antes de poder entenderlo

La psicología del desarrollo ofrece una explicación para aquello que Bündchen observa intuitivamente.

El Centro para el Niño en Desarrollo de Harvard señala que las funciones ejecutivas como atención, memoria de trabajo, autocontrol y flexibilidad cognitiva, se desarrollan progresivamente desde la infancia y están profundamente influenciadas por las interacciones con los adultos. Los niños necesitan oportunidades para practicar estas habilidades en actividades significativas y los adultos funcionan inicialmente como una especie de estructura de apoyo que después se retira gradualmente.

Las rutinas también tienen una función menos visible. Harvard señala que cuando adultos y niños participan juntos en rutinas consistentes, los pequeños pueden aprender a anticipar lo que viene, organizar acciones y desarrollar mayor sensación de seguridad. Incluso las actividades domésticas repetidas pueden convertirse en escenarios de aprendizaje.

Eso ayuda a explicar por qué la filosofía de Gisele Bündchen tiene una coherencia que va más allá del wellness. Entrenar delante de un hijo puede enseñarle que el cuerpo merece cuidado. Cocinar puede enseñarle planificación. Cuidar una planta puede enseñar paciencia. Compostar puede enseñar responsabilidad. Meditar puede mostrarle que el silencio también tiene un lugar.

Y ver a su madre trabajar, descansar, equivocarse, volver a empezar y cuidar de sí misma puede ofrecerle una definición mucho más compleja del esfuerzo.

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