Primera dama Raquel Arbaje entra al debate global sobre el futuro de la infancia
En un momento en que la tecnología redefine no solo economías sino también las estructuras más íntimas de la sociedad (la educación, la crianza, el acceso a oportunidades), la participación de Raquel Arbaje en la Cumbre de la Coalición Global “Fomentando el Futuro Juntos” en Washington D.C. trasciende el protocolo diplomático: es, en esencia, una jugada estratégica en un tablero que se mueve a favor de la infancia.
Convocada por Melania Trump junto al Departamento de Estado de Estados Unidos, la cumbre reunió a representantes de 45 países y a un núcleo decisor de 28 gigantes tecnológicos, desde OpenAI hasta Microsoft, pasando por Google, Meta y Palantir; en un diálogo que ya no gira únicamente en torno a infraestructura digital, sino al diseño del futuro cognitivo de los niños.
La infancia como ecosistema de desarrollo
La intervención dominicana, liderada por Arbaje, se articuló en torno a un concepto que empieza a consolidarse en los círculos de política pública: la educación como arquitectura digital de Estado. Acompañada por la viceministra Ancell Scheker y el viceministro Luis Madera Sued, la delegación presentó avances en la integración de tecnología en las aulas, pero más importante aún, dejó entrever una narrativa país: la de una República Dominicana que busca cerrar brechas no solo de acceso, sino de capacidad.
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La frase de Arbaje: “todas unidas por el compromiso con el bienestar de niños y niñas”, puede parecer diplomáticamente predecible. Sin embargo, en el contexto de esta cumbre, funciona como un puente discursivo hacia una realidad más compleja. La infancia se ha convertido en un terreno de competencia global donde se definen las habilidades del siglo XXI.
El valor silencioso del liderazgo de la primera dama
En América Latina, el rol de las primeras damas ha evolucionado de figuras protocolares a agentes de política pública informal con alta capacidad de incidencia. Arbaje ha capitalizado ese espacio con una agenda centrada en niñez, salud mental y educación, alineándose con prioridades multilaterales sin perder anclaje local.

Su presencia en un foro de esta magnitud no solo posiciona a República Dominicana en la conversación, sino que también legitima su enfoque doméstico. Programas orientados al bienestar infantil, campañas de sensibilización y su participación activa en temas de protección de menores han construido una plataforma coherente que ahora se proyecta internacionalmente.
Big Tech y la infancia: una relación bajo negociación
Uno de los elementos más relevantes de la cumbre fue la interacción directa con empresas tecnológicas. La presencia de actores como Adobe y Zoom Communications subraya un cambio de paradigma: los Estados ya no diseñan políticas educativas en solitario, sino en negociación constante con quienes construyen las herramientas.
Para países como República Dominicana, esto plantea una doble oportunidad y riesgo. Por un lado, acceso a innovación y recursos; por otro, dependencia tecnológica y desafíos en soberanía digital. La capacidad de traducir estas alianzas en beneficios tangibles para el sistema educativo será el verdadero indicador de éxito.
Más allá de la foto oficial
La iniciativa “Fomentando el Futuro Juntos”, presentada en el marco de la Asamblea General de la ONU, apunta a algo más ambicioso que la cooperación tradicional: la creación de un bloque de países alineados en torno a la infancia como eje estratégico de desarrollo.
Que República Dominicana forme parte de este grupo, junto a economías y contextos tan diversos como Emiratos Árabes Unidos, Francia o Nigeria, sugiere una lectura clara: el país está apostando por insertarse en conversaciones donde el capital humano del futuro es la principal moneda de cambio.

La reunión de alto nivel en la Casa Blanca, que marca el cierre de la cumbre, será recordada como un hito diplomático, la primera vez que se congregan 45 primeras damas en un mismo día. Pero el verdadero impacto de la participación dominicana no se medirá en fotografías ni declaraciones, sino en la capacidad de traducir este capital simbólico en políticas sostenibles.
En un mundo donde la ventaja competitiva comienza en la infancia, la pregunta ya no es si los países deben invertir en tecnología educativa, sino cómo y con quién lo hacen. Y en ese debate, la presencia de Raquel Arbaje no es anecdótica.
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