Capital humano para la Generación RD 2036 - Revista Mercado
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Capital humano para la Generación RD 2036

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By Ashley Presinal , Mercado Staff

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Publicado 05 ago 2026, 11:22 am


La educación redefine el futuro nacional al situar el desarrollo del talento en el centro de una estrategia que busca impulsar la competitividad, la innovación y el crecimiento económico.

“La meta es clara: construir un modelo que prepare mejor a nuestros jóvenes para la vida, el empleo y los desafíos del siglo XXI”.

La transformación educativa impulsada por el Gobierno dominicano busca mucho más que modernizar estructuras educativas. La apuesta es más profunda: construir el talento humano que necesitará la República Dominicana para competir, innovar y crecer durante las próximas décadas.

En un contexto internacional marcado por acelerados cambios tecnológicos, profundas transformaciones productivas y nuevas dinámicas sociales, la educación se ha convertido en la principal estrategia para desarrollar las capacidades que determinarán el futuro de las naciones.

Con esa visión, el presidente Luis Abinader emitió el Decreto 309-26, que pone en marcha un proceso nacional de transformación orientado a construir un Sistema Educativo Nacional Integral, fortalecer su articulación con la ciencia, la tecnología, la innovación y el desarrollo nacional, e impulsar una nueva Ley de Educación surgida del diálogo, la evidencia y la participación de toda la sociedad.

“La formación integral empieza a convertirse en la plataforma desde la cual el país aspira a construir su próximo capítulo de progreso.”

“Construir el talento del futuro significa preparar personas capaces de adaptarse, innovar y competir, sin perder de vista los valores y la convivencia.”

Para el ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, el desafío educativo ya no puede analizarse únicamente desde una perspectiva sectorial. Su planteamiento parte de una premisa distinta: la educación constituye hoy una de las principales políticas de desarrollo económico y social de la República Dominicana.

En un mundo donde el crecimiento depende cada vez más del conocimiento, la innovación y la productividad, la calidad del capital humano comienza a convertirse en el activo estratégico más importante de las naciones.

La iniciativa parte de una realidad evidente: el principal desafío educativo de la República Dominicana ya no es únicamente ampliar la cobertura, sino garantizar aprendizajes reales, pertinentes y conectados con las capacidades que demandará la economía del siglo XXI.

Para De Camps, el debate ya no puede centrarse únicamente en cuántos estudiantes están dentro del sistema educativo, sino en cuánto están aprendiendo y qué capacidades desarrollan para construir su futuro. Ese desafío adquiere mayor relevancia ante un escenario donde la competitividad de los países depende cada vez más de la calidad de su talento humano, su capacidad de innovación y la preparación tecnológica de sus nuevas generaciones.

Una transformación orientada al futuro
La visión procura superar los enfoques fragmentados con los que históricamente se ha gestionado la educación dominicana, para avanzar hacia un sistema más coherente, integrado y conectado con las trayectorias de desarrollo profesional reales de los estudiantes y con las necesidades productivas. Se trata de promover una formación más integral y articulada. Más que un conjunto de instituciones que operan de manera independiente, la transformación propone concebir la educación como un sistema integrado que acompaña a las personas a lo largo de toda su vida: desde la educación inicial hasta la formación técnica, la educación superior y el aprendizaje permanente.

El objetivo es construir un sistema articulado, donde cada etapa fortalezca la siguiente y responda a las necesidades de desarrollo del país. En ese marco, la transformación busca fortalecer la calidad, la pertinencia y la articulación del sistema educativo, orientándolo a los desafíos del futuro y al desarrollo de las capacidades que el país necesita.

Educación técnico-profesional: la conexión entre talento y desarrollo

Dentro de esta visión, la educación técnico-profesional ocupa un lugar estratégico. Esta modalidad comienza a consolidarse como una de las principales herramientas para conectar educación, productividad y movilidad social. Los resultados muestran señales importantes. Según el Informe Anual de Seguimiento y Monitoreo 2024 de IDEC, los estudiantes de educación técnico-profesional registran mayores niveles de empleabilidad, menores índices de abandono escolar y mejores resultados de aprendizaje en comparación con otras modalidades educativas. Actualmente, la matrícula técnico-profesional representa más del 27 % del segundo ciclo del Nivel Secundario, lo que refleja un crecimiento sostenido durante los últimos años. La meta es avanzar hacia un modelo educativo capaz de responder no solo a las necesidades actuales del empleo, sino también a las nuevas capacidades que comenzarán a demandar industrias vinculadas a tecnología, innovación, automatización y economía digital.

“La discusión educativa empieza a conectarse cada vez más con temas como productividad, competitividad y transformación económica”.

Desde esta perspectiva, la educación técnico-profesional deja de ser únicamente una modalidad educativa para convertirse en una herramienta estratégica de competitividad. Formar talento pertinente para los sectores productivos pasa a ser una condición indispensable para sostener el crecimiento económico y ampliar las oportunidades de movilidad social. En ese contexto, la discusión educativa empieza a conectarse cada vez más con temas como productividad, competitividad y transformación económica. Diversos diagnósticos internacionales han advertido que el desarrollo futuro de la región dependerá en gran medida de la capacidad de formar talento especializado en áreas STEM, habilidades digitales y competencias técnicas avanzadas. La visión que comienza a consolidarse desde la política educativa dominicana apunta justamente hacia esa dirección: construir un sistema capaz de acompañar la transición del país hacia una economía más innovadora, tecnológica y competitiva.

La preparación como prioridad nacional

Uno de los elementos centrales de esta transformación es que la reforma no se plantea como un proceso exclusivamente técnico ni limitado al Ministerio de Educación. La intención es construir una visión nacional de largo plazo sobre un tema que cada vez adquiere mayor dimensión estratégica para el desarrollo, al reconocer que el crecimiento sostenible dependerá de decisiones que anticipen necesidades a futuro. En la visión que impulsa el MINERD, la Meta RD 2036 no se alcanzará únicamente mediante políticas económicas. Se logrará sobre todo formando a la generación que, dentro de poco más de una década, estará liderando empresas, desarrollando tecnologías, investigando, emprendiendo y tomando muchas de las decisiones que definirán el rumbo del país.

¿Sabías qué…? El Decreto 309-26 contempla una Consulta Nacional para el Futuro de la Educación Dominicana, integrando universidades, docentes, estudiantes, familias, iglesias, sector privado, gremios, organizaciones sociales y distintos actores nacionales en la construcción de una visión compartida.

Esa es la Generación RD 2036: los estudiantes que hoy ocupan las aulas dominicanas. Por eso, hoy en día la educación también define otros aspectos clave para el futuro del país:

  • Competitividad económica.
  • Capacidad de innovación.
  • Ciudadanía.
  • Productividad.
  • Movilidad social.
  • Desarrollo sostenible.
¿Sabías qué…? Para fortalecer la educación técnico-profesional el MINERD ha desarrollado una estrategia en seis ejes clave: expansión de politécnicos, modernización de talleres, actualización curricular, formación basada en competencias, educación digital y vinculación con el mercado laboral. El objetivo: formar talento alineado con la nueva economía. 

Oportunidades que tendrá la próxima generación

La gran pregunta que comienza a plantearse el país es otra: ¿Qué tipo de ciudadano necesitará la República Dominicana para alcanzar sus metas de desarrollo durante las próximas décadas?

La respuesta que comienza a delinear esta transformación parte de una idea sencilla, pero profundamente estratégica: el desarrollo del país dependerá, en buena medida, de la capacidad de formar una generación preparada para aprender de manera permanente, adaptarse a los cambios tecnológicos, innovar, crear valor y competir en una economía basada cada vez más en el conocimiento.

Pero todo ello debe sustentarse en un profundo humanismo, consciente de que la persona es el fundamento y el factor insustituible de cualquier proceso de desarrollo. Porque la gran ventaja competitiva de las naciones dependerá, sobre todo, de la capacidad de desarrollar el talento humano que hará posible su futuro.

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