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50 años inspirando a un país a convertirse en Catadores

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By Ashley Presinal , Mercado Staff

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Publicado 06 ago 2026, 3:53 pm


El Catador ha construido su historia sobre un criterio único, relaciones basadas en la confianza y un legado que ha contribuido a transformar la cultura del vino.

El Catador ha consolidado mucho más que un portafolio de vinos: ha cultivado criterio, relaciones y una cultura que continúa inspirando nuevas generaciones de Catadores.

La pasión de la familia Bonarelli por descubrir, aprender y compartir el vino y la gastronomía dio inicio a una aventura que contribuiría a desarrollar la cultura del vino en el país. Hace cincuenta años, impulsados por una pasión por el vino y la gastronomía, la familia Bonarelli comenzó una misión que, mesa por mesa, camarero por camarero y botella por botella, ayudaría a convertir un país en Catadores.

Más que importar etiquetas, El Catador es la extensión natural de una forma de vivir marcada por la curiosidad insaciable de descubrir: viajar, recorrer viñedos y bodegas, sentarse a una buena mesa, escuchar música, rodearse de arte y abrir las puertas de la casa. Esa sensibilidad se traduce en una empresa que selecciona con respeto y criterio, y que acerca al país no solo grandes vinos, sino también la tierra, la tradición y la manera de entender la vida que existe detrás de cada uno.

Ser reconocidos como parte de lo mejor de República Dominicana adquiere un significado especial. Para El Catador, esta distinción celebra un camino de medio siglo dedicado a desarrollar una auténtica cultura alrededor del vino y, al mismo tiempo, reafirma el compromiso de seguir compartiendo conocimiento, despertando curiosidad y creando vínculos que perduren. Es también un homenaje a las generaciones de colaboradores, aliados, productores y consumidores que han hecho suyo ese legado.

Cada botella representa una historia, un origen y una invitación a descubrir el mundo del vino.

El criterio

La fortaleza de El Catador no reside únicamente en las etiquetas que representa, sino en el criterio con el que las elige. Durante décadas ha recorrido viñedos y bodegas para aprender, apreciar y seleccionar con respeto: nunca a la ligera, nunca al azar, siempre con alma. Con cada botella llega también un pedazo de su origen, su cultura y su forma de entender la vida.

Esa coherencia ha permitido construir un portafolio reconocido por su autenticidad, excelencia y personalidad, convirtiéndose en una garantía de confianza para quienes buscan descubrir el vino con profundidad. Porque el vino nunca es solo el producto: es la gastronomía, los viajes, el arte, la cultura y los momentos de conexión entre familiares y amigos que se descorchan con él.

Las relaciones

Detrás de cada gran vino existen relaciones que toman años en construirse. La confianza entre El Catador y las bodegas que representa, así como con restaurantes, aliados y consumidores, ha sido el verdadero motor de su crecimiento.

Más que vender vinos, la empresa ha buscado provocar momentos, crear lazos que perduran y acercar experiencias que unen a las personas alrededor de una mesa.

Giuseppe, Peppino y Piero Bonarelli han convertido una pasión familiar en un legado para República Dominicana.

Nuestro mayor patrimonio no es solo el portafolio que hemos construido, sino el criterio, las relaciones y el legado”.

El legado

Quizá el mayor aporte de El Catador no ha sido únicamente traer grandes vinos al país, sino contribuir a desarrollar una auténtica cultura del vino en República Dominicana. Ha despertado curiosidad, compartido conocimiento e inspirado a nuevas generaciones a descubrir que detrás de cada botella existe una historia.

A lo largo de estos 50 años, el mayor aprendizaje ha sido entender que los proyectos que trascienden se construyen sobre relaciones que perduran. La confianza, la coherencia y la pasión por hacer las cosas bien siguen orientando cada decisión.

Hoy, ser reconocidos entre lo mejor de República Dominicana representa un homenaje al camino recorrido, pero también un compromiso con lo que viene: seguir comprartiendo conocimiento, creando vínculos, inspirando y cultivando una nueva generación de apasionados por el arte de catar.

El Catador ha consolidado mucho más que un portafolio de vinos: ha cultivado criterio, relaciones y una cultura que continúa inspirando nuevas generaciones de Catadores.

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