Mónica Varela reabre el debate sobre la exportación del larimar en República Dominicana
La advertencia de la diseñadora Mónica Varela trasciende el sector joyero y plantea una pregunta de política industrial: ¿está República Dominicana capturando el verdadero valor económico del único yacimiento de larimar del mundo o continúa cediendo la mayor parte de esa riqueza a las cadenas internacionales de transformación?
La diseñadora de joyas Mónica Varela Bonarelli volvió a colocar el larimar en el centro de una discusión que el país ha sostenido durante décadas, pero que rara vez alcanza la agenda pública con suficiente profundidad: la conveniencia de seguir exportando esta piedra semipreciosa en bruto, en lugar de convertirla en un producto terminado de alto valor agregado.
Su reacción surgió después de conocer una publicación que identificaba al larimar como uno de los productos dominicanos con mayor potencial para expandirse hacia el mercado chino. Para la diseñadora, la noticia representó una oportunidad perdida más que una buena señal comercial.
A través de un video difundido en sus redes sociales, Varela expresó su preocupación al considerar que el país continúa privilegiando la exportación de materia prima sobre la consolidación de una industria joyera capaz de transformar localmente un recurso geológico que no existe en ninguna otra parte del planeta.
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Su planteamiento abre un debate sobre política económica, desarrollo industrial y aprovechamiento estratégico de los recursos naturales.
Las declaraciones de Mónica Varela: «El valor agregado se queda fuera del país»
La diseñadora explicó que su preocupación surgió luego de intentar adquirir larimar para sus nuevas colecciones y encontrarse con una realidad inesperada: varios proveedores le informaron sobre una creciente escasez del mineral disponible para los talleres nacionales.
Ese escenario la llevó a investigar el comportamiento reciente del mercado.
Según explicó, Asia se ha consolidado desde hace años como uno de los principales destinos internacionales tanto del larimar como del ámbar dominicano. Sin embargo, cuestionó que buena parte de esas exportaciones continúen realizándose como piedra en bruto.
Para Varela, el problema no radica en vender al exterior, sino en la etapa en la que el recurso abandona el país.
«No es lo mismo que un minero venda kilos de larimar a que eso pase por un lapidario, por un joyero, y sea una empresa dominicana la que exporte un producto terminado.»
Desde su perspectiva, cada pieza que sale sin procesar representa empleos, conocimiento especializado y oportunidades industriales que terminan desarrollándose en otros mercados.
La diseñadora comparó el caso del larimar con industrias nacionales que han logrado construir marcas internacionales alrededor de productos transformados, como el ron o el café, sectores donde el valor agregado permanece mayoritariamente dentro de la economía dominicana.
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¿Cuál es la situación real de la exportación del larimar?
El debate planteado por Varela coincide con una realidad ampliamente documentada por especialistas del sector minero y joyero: aunque República Dominicana posee el monopolio natural del larimar, todavía enfrenta dificultades para convertir esa ventaja geológica en una industria manufacturera de mayor escala.
El larimar (una variedad azul de pectolita formada bajo condiciones volcánicas únicas) únicamente se extrae en la zona de Bahoruco, principalmente en el distrito minero de Los Chupaderos, cercano a Barahona.
Precisamente por esa exclusividad, la piedra tiene un potencial económico comparable al de otros recursos cuya rareza constituye su principal ventaja competitiva.
Sin embargo, distintos actores del sector coinciden en que una parte importante del mineral continúa comercializándose como materia prima, mientras el proceso de corte, diseño, engaste, certificación y comercialización final ocurre posteriormente en otros países.

Desde una perspectiva económica, este fenómeno reduce significativamente el ingreso que permanece dentro del territorio nacional.
Mientras el valor de una piedra sin trabajar depende principalmente de su peso y calidad mineralógica, una joya terminada incorpora diseño, manufactura, propiedad intelectual, marca, comercialización y experiencia artesanal, factores que multiplican varias veces su precio en el mercado internacional.
En otras palabras, el verdadero diferencial económico no siempre está en el recurso natural, sino en la capacidad industrial para transformarlo.
Una discusión sobre política industrial más que sobre minería
El caso del larimar refleja uno de los desafíos clásicos de las economías exportadoras de materias primas.
Países con recursos naturales exclusivos suelen enfrentarse al mismo dilema: exportar grandes volúmenes de insumos básicos o desarrollar industrias capaces de capturar una mayor proporción del valor generado a lo largo de la cadena productiva.
Economistas especializados en desarrollo industrial suelen definir este proceso como escalamiento en la cadena de valor, una estrategia mediante la cual los países dejan de vender únicamente recursos naturales para comercializar productos con mayor contenido tecnológico, diseño y diferenciación.
En el caso dominicano, la industria joyera representa precisamente ese eslabón intermedio que podría incrementar el impacto económico del larimar mediante talleres especializados, escuelas de lapidación, certificaciones de origen, diseño contemporáneo y exportaciones de alta gama.
¿Qué han dicho las instituciones sobre el larimar?
Durante los últimos años, distintas instituciones públicas han impulsado iniciativas para fortalecer la cadena de valor del larimar.
El Ministerio de Energía y Minas ha desarrollado programas orientados a mejorar las condiciones de extracción en las minas de Bahoruco, promover una explotación más segura y fomentar la formalización de los productores.
Por su parte, el Centro Nacional de Artesanía (CENADARTE) y otras entidades vinculadas al sector artesanal han promovido la capacitación de artesanos y joyeros para incrementar la producción nacional con mayor valor agregado.
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Asimismo, el Estado dominicano ha impulsado campañas internacionales para posicionar al larimar como un símbolo de identidad nacional, especialmente dentro del turismo y las industrias creativas.
No obstante, representantes del sector privado han señalado en distintas ocasiones que aún existen desafíos importantes relacionados con la disponibilidad del mineral para fabricantes locales, la trazabilidad de la piedra, la fiscalización del comercio y la consolidación de una estrategia nacional que incentive la exportación de productos terminados por encima de la materia prima.
El desafío no es vender más larimar, sino capturar más valor
República Dominicana posee un activo geológico imposible de replicar: el único larimar del planeta. Sin embargo, la exclusividad del recurso no garantiza, por sí sola, una ventaja económica sostenible.
La experiencia internacional demuestra que los mayores beneficios suelen concentrarse en quienes controlan el diseño, la manufactura, la certificación y las marcas, más que en quienes únicamente extraen la materia prima.
Desde esa perspectiva, el debate no consiste únicamente en proteger una piedra semipreciosa, sino en definir qué lugar quiere ocupar el país dentro de la economía global del lujo y de las industrias creativas.
Las declaraciones de Mónica Varela reavivan precisamente esa conversación: si el larimar seguirá siendo principalmente un recurso de exportación minera o si puede convertirse en la base de una industria capaz de transformar patrimonio natural en conocimiento, empleo especializado y mayor valor económico para República Dominicana.
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