La última frontera de Michelle Bachelet: cinco fortalezas y tres obstáculos en su carrera por dirigir la ONU
La carrera para ocupar la Secretaría General de las Naciones Unidas en 2026 se ha convertido en una radiografía de las tensiones que atraviesan al sistema internacional, como la disputa entre grandes potencias, la pérdida de confianza en los organismos multilaterales y la búsqueda histórica de una primera mujer al frente de la organización.
En ese escenario aparece la candidatura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet, una figura con una trayectoria poco común dentro de Naciones Unidas: fue jefa de Estado, directora ejecutiva de ONU Mujeres y Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Su postulación llegó con respaldo inicial de Chile, Brasil y México, pero posteriormente enfrentó un giro político cuando el gobierno chileno retiró su apoyo argumentando que la dispersión de candidaturas latinoamericanas y el contexto internacional dificultaban sus posibilidades. Bachelet decidió continuar con el respaldo mexicano y brasileño.
Más allá de las simpatías o críticas políticas, su campaña deja una serie de aprendizajes sobre cómo se construye una candidatura para uno de los cargos diplomáticos más complejos del planeta.
Cinco aciertos que fortalecieron la candidatura de Michelle Bachelet

1. Una trayectoria internacional alineada con las prioridades actuales de la ONU
Uno de los mayores activos de Bachelet es que su carrera está directamente vinculada con algunas de las áreas centrales del organismo internacional como derechos humanos, igualdad de género, desarrollo sostenible y cooperación global.
Su paso por ONU Mujeres entre 2010 y 2013 le permitió construir redes diplomáticas antes de asumir como Alta Comisionada para los Derechos Humanos entre 2018 y 2022. Esa experiencia le otorga conocimiento interno sobre el funcionamiento de Naciones Unidas y sobre las limitaciones políticas que enfrenta la institución.
Para una organización que busca recuperar credibilidad después de críticas por su respuesta frente a conflictos internacionales, contar con alguien que conoce su estructura desde dentro representa una ventaja estratégica.
2. La apuesta por una ONU más eficiente en un momento de desgaste institucional
Uno de los mensajes centrales de Bachelet durante la campaña ha sido la necesidad de modernizar Naciones Unidas, mejorar sus mecanismos de respuesta y acercarla nuevamente a los ciudadanos.
Durante un debate celebrado en Ginebra con otros aspirantes, planteó la necesidad de una organización más ágil, capaz de actuar frente a crisis internacionales y con mayor capacidad de mediación.
La propuesta conecta con una preocupación creciente, donde las Naciones Unidas enfrenta cuestionamientos por la lentitud de sus procesos mientras aumentan conflictos armados, crisis humanitarias y desafíos globales como el cambio climático.
3. Su perfil puede romper una barrera histórica
Desde su creación en 1945, Naciones Unidas nunca ha tenido una mujer como Secretaria General.
La candidatura de Bachelet forma parte de una generación de aspirantes que buscan modificar esa tradición. La competencia incluye otras figuras femeninas como la costarricense Rebeca Grynspan y la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, convirtiendo esta elección en una de las contiendas con mayor presencia femenina en la historia del proceso.
El factor género no define por sí solo una elección diplomática, pero sí representa un elemento simbólico importante para una organización que ha promovido durante décadas la participación femenina en espacios de decisión.
4. Su estrategia de diálogo con las potencias que pueden definir la elección
La elección del Secretario General depende de una recomendación del Consejo de Seguridad y posteriormente de la aprobación de la Asamblea General. En ese proceso, los cinco miembros permanentes (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido) tienen capacidad de veto.
Bachelet ha buscado acercamientos con esos países y ha defendido que una eventual objeción basada en sus posiciones sobre democracia, derechos humanos o igualdad sería parte del debate político internacional.
Su frase ante UN Watch, donde afirmó que se sentiría honrada si fuera vetada por defender sus convicciones, sintetiza una campaña que intenta convertir las posibles resistencias en parte de su identidad política.
5. La conexión con América Latina en una elección global
La región latinoamericana ha tenido históricamente poca representación en los puestos más altos del sistema internacional.
El respaldo de Brasil y México convirtió la candidatura de Bachelet en una apuesta regional en un momento donde América Latina busca mayor influencia dentro de las estructuras multilaterales.
Sin embargo, esa fortaleza también revela una dificultad: la región llegó dividida a la competencia, con varios nombres latinoamericanos en disputa.
Tres desaciertos que complicaron su camino hacia la Secretaría General de la ONU

1. La pérdida del respaldo del país que impulsó originalmente su candidatura
El mayor golpe político para Bachelet llegó cuando Chile retiró oficialmente su apoyo.
La decisión del gobierno de José Antonio Kast modificó el escenario porque una candidatura internacional suele depender de la capacidad del país de origen para movilizar apoyos diplomáticos.
Aunque Brasil y México mantuvieron su respaldo, la salida chilena debilitó la narrativa de consenso nacional alrededor de su nombre.
En una elección donde cada voto diplomático importa, perder el patrocinio del país que presenta una candidatura representa un desafío importante.
2. La dificultad de proyectar una imagen aceptable para bloques políticos opuestos
El historial de Bachelet en derechos humanos ha generado reconocimiento entre sectores progresistas, pero también críticas desde grupos conservadores y organizaciones como UN Watch, que cuestionaron su gestión como Alta Comisionada de Derechos Humanos.
Su posición sobre derechos reproductivos y otros temas sociales podría convertirse en un punto de tensión con algunos gobiernos, especialmente aquellos con posturas conservadoras en estos asuntos.
La Secretaría General de la ONU exige una capacidad constante de equilibrio entre principios institucionales y negociaciones políticas.
3. Una competencia regional fragmentada
Otro desafío de su campaña es compartir espacio con otras candidaturas latinoamericanas.
La presencia de varios aspirantes de la región reduce la posibilidad de que América Latina llegue con una candidatura unificada, algo que históricamente puede ser determinante en procesos diplomáticos complejos.
En elecciones de esta naturaleza, el respaldo no depende únicamente de la experiencia del candidato, sino de la construcción de alianzas internacionales capaces de sobrevivir a intereses contrapuestos.
¿Qué pasaría si Michelle Bachelet gana la Secretaría General de la ONU?
Una victoria de Bachelet tendría varios significados políticos e institucionales.
Primero, convertiría a la exmandataria chilena en la primera mujer en dirigir Naciones Unidas desde su fundación hace más de ocho décadas.
Segundo, marcaría un cambio en el perfil tradicional de quienes han ocupado el cargo, que han sido diplomáticos de carrera, políticos internacionales y funcionarios con amplia trayectoria estatal.
Su gestión tendría que enfrentar desafíos inmediatos, como la crisis de confianza en los organismos multilaterales, los conflictos armados activos, la presión financiera sobre Naciones Unidas y la necesidad de reformar mecanismos internos para responder con mayor rapidez.
También tendría que administrar una tensión permanente por defender los principios fundacionales de la ONU mientras negocia con gobiernos que mantienen posiciones opuestas sobre democracia, soberanía, derechos humanos y seguridad internacional.
La elección que definirá más que un nombre
La candidatura de Michelle Bachelet representa una disputa sobre el futuro de Naciones Unidas tanto como una competencia personal.
Su experiencia internacional le ha permitido construir una plataforma sólida, pero su recorrido político también ha generado resistencias que podrían definir el resultado final.
La elección del próximo Secretario General será una prueba sobre qué tipo de liderazgo institucional busca el mundo en una época marcada por la fragmentación, con una figura capaz de defender valores universales, negociar con potencias enfrentadas y reconstruir confianza en una organización que atraviesa una de sus etapas más complejas.
Para Bachelet, el desafío no está únicamente en conseguir los votos necesarios. Está en demostrar que su trayectoria puede convertirse en un punto de encuentro dentro de un sistema internacional cada vez más dividido.
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