Melanie Perkins prepara pasos donar más de 80% de su fortuna
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Melanie Perkins prepara el próximo paso para donar más de 80% de su fortuna

Melanie Perkins y Cliff Obrecht están convirtiendo una promesa filantrópica de más de US$12.000 millones en un experimento sobre cómo decidir qué problemas merece la pena financiar. El primer paso no será repartir dinero, será preguntar a las personas qué quieren cambiar.

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DIGITAL EDITOR

La filantropía de los multimillonarios suele comenzar por una decisión, enfocada en qué problema merece recibir capital y quién está mejor preparado para resolverlo. Melanie Perkins y Cliff Obrecht quieren invertir ese orden.

Los cofundadores de Canva, la compañía australiana de software de diseño que en 2025 alcanzó una valoración privada de US$42.000 millones, acaban de poner en marcha la Global Goals Platform, una iniciativa de la Canva Foundation que pretende recopilar, a escala internacional, las aspiraciones que las personas consideran más importantes para su mundo, su país y su comunidad.

La idea es menos convencional de lo que parece. Antes de decidir dónde colocar una fortuna filantrópica de varios miles de millones de dólares, Perkins y Obrecht quieren construir una suerte de mapa de prioridades desde abajo, preguntando qué debería cambiar y utilizar esas respuestas para orientar futuras iniciativas.

El proyecto es también el siguiente capítulo de una promesa que la pareja hizo en 2021 al incorporarse a The Giving Pledge, de destinar durante su vida más del 80% de su patrimonio a causas benéficas. En términos corporativos, Canva estima que la parte principal de ese compromiso equivale a aproximadamente 30% del valor de la compañía.

Con la última valoración privada disponible de US$42.000 millones, esa participación representa unos US$12.600 millones en valor teórico. Perkins y Obrecht poseen cada uno aproximadamente 18% de Canva, una participación valorada en unos US$7.600 millones por Forbes a finales de julio de 2026; juntos concentran alrededor de US$15.200 millones en acciones de la compañía.

La cifra, sin embargo, no debe interpretarse como un cheque de US$12.600 millones que esté a punto de emitirse. Canva sigue siendo una empresa privada y el valor de sus acciones puede cambiar. El compromiso es, sobre todo, una decisión sobre la propiedad futura de una porción extraordinariamente valiosa de la compañía.

El nuevo plan de los fundadores de Canva: preguntar antes de donar

La Global Goals Platform parte de una premisa sencilla, pero con implicaciones importantes para la filantropía: quienes viven un problema pueden tener una idea más precisa de sus soluciones que quienes llegan con dinero para resolverlo.

La plataforma pregunta a las personas qué objetivo les gustaría ver cumplido durante su vida. Las respuestas pueden ser anónimas y abarcar desde asuntos globales hasta necesidades de una comunidad específica. Canva pretende después identificar patrones y visualizar dónde coinciden esas aspiraciones.

El proyecto comenzó con dos pruebas. En Estados Unidos, Canva trabaja con el Ad Council en una iniciativa nacional que combina participación pública con investigación representativa. En Australia, Wollongong se convirtió en el primer municipio en probar el modelo a escala local, con una población de aproximadamente 220.000 personas.

La intención es publicar los resultados como un informe interactivo y utilizarlos como punto de partida para nuevas iniciativas, alianzas con organizaciones sin fines de lucro y programas posteriores. En Wollongong, además, las respuestas serán contrastadas con el plan estratégico de la ciudad para detectar qué prioridades de los ciudadanos coinciden con las políticas públicas existentes.

¿Cuánto dinero donarán Melanie Perkins y Cliff Obrecht?

La respuesta requiere separar tres cifras. La primera es el patrimonio personal. Este se calcula en alrededor de US$7.600 millones la fortuna de Perkins y en una cifra similar la de Obrecht a finales de julio de 2026. En conjunto, son aproximadamente US$15.200 millones, según esas estimaciones.

La segunda es la participación empresarial. Canva señala que Perkins y Obrecht se comprometieron a destinar aproximadamente 30% del valor de Canva a fines filantrópicos. Con una valoración de US$42.000 millones, ese porcentaje equivale a aproximadamente US$12.600 millones.

La tercera es la promesa patrimonial, donde ambos se comprometieron con The Giving Pledge a donar más del 80% de su patrimonio a causas benéficas durante sus vidas.

Las tres cifras están relacionadas, pero no son intercambiables. El 30% representa una porción aproximada de Canva; el 80% se refiere a su patrimonio. La razón de que las cantidades se acerquen es que buena parte de su riqueza está concentrada precisamente en la empresa que fundaron.

El cofundador Cameron Adams, que posee aproximadamente 9% de Canva y tiene una fortuna estimada en US$3.800 millones, también se comprometió a donar la mayor parte de su patrimonio, aunque planea hacerlo fuera de la Canva Foundation.

La fortuna que ahora existe porque Canva consiguió crecer a una escala improbable

Hay una ironía financiera en el proyecto filantrópico: la capacidad de donar miles de millones depende de que Canva haya logrado convertirse primero en una compañía extraordinariamente valiosa.

Fundada en Sídney en 2013 por Perkins, Obrecht y Cameron Adams, Canva fue inicialmente recibida con escepticismo por inversores que dudaban de que una empresa tecnológica australiana pudiera competir a escala global. La evolución posterior convirtió esa objeción geográfica en un dato casi anecdótico.

En 2021, Canva alcanzó una valoración de US$40.000 millones después de una ronda de financiación de US$200 millones. Para entonces ya tenía más de 60 millones de usuarios mensuales en 190 países y había duplicado sus ingresos interanuales.

La valoración privada llegó a US$42.000 millones en agosto de 2025, frente a US$32.000 millones en octubre de 2024. Ese incremento de US$10.000 millones en menos de un año refleja el renovado apetito de los inversores por una empresa que dejó de competir exclusivamente en diseño y comenzó a ocupar más territorio dentro del software empresarial y creativo.

Canva pasó de herramienta de diseño a plataforma de inteligencia artificial

El crecimiento de Canva durante 2025 y 2026 no se explica únicamente por más usuarios. La compañía ha ampliado deliberadamente el perímetro de lo que considera su negocio.

Canva cerró 2025 con más de 265 millones de usuarios activos mensuales, más de 31 millones de clientes de pago y unos US$4.000 millones de ingresos recurrentes anualizados, según cifras comunicadas por la compañía a TechCrunch. El negocio dirigido a empresas con más de 25 empleados duplicó su tamaño y alcanzó US$500 millones en ingresos recurrentes anualizados.

El dato es particularmente significativo porque muestra un cambio en la economía de la plataforma. Canva nació con una lógica freemium que permitió construir una gigantesca audiencia; ahora intenta convertir esa audiencia en una infraestructura más profunda para compañías y equipos.

En 2025 presentó su Creative Operating System, una arquitectura que integra herramientas de diseño, inteligencia artificial y colaboración. La empresa terminó ese año con US$3.500 millones de ingresos y 260 millones de usuarios mensuales, según su propio balance; las cifras posteriormente comunicadas sobre ingresos recurrentes anualizados y usuarios muestran que el crecimiento continuó hacia el cierre del ejercicio.

En 2026, esa estrategia se aceleró.

Canva adquirió MangoAI y Cavalry, ampliando sus capacidades de inteligencia artificial, marketing y motion design. Cavalry completa la oferta profesional que la compañía comenzó a construir con Affinity, mientras MangoAI incorpora tecnología orientada a conectar creación de contenido con datos de rendimiento. Canva asegura que sus herramientas de IA ya habían sido utilizadas más de 24.000 millones de veces antes de estas nuevas adquisiciones.

Después llegaron Simtheory y Ortto, dos adquisiciones orientadas a inteligencia artificial agéntica, datos de clientes y automatización de marketing. La dirección estratégica es evidente: Canva pretende que sus usuarios puedan idear, crear, publicar, medir y optimizar contenido dentro de un mismo ecosistema.

Ese desplazamiento es relevante para entender la fortuna de sus fundadores. La compañía que sustenta su patrimonio ya no depende únicamente de que más personas quieran diseñar una presentación o una publicación para redes sociales. Está intentando convertirse en una capa de software que conecta creatividad, marketing, productividad y, cada vez más, inteligencia artificial.

De US$ 42.000 millones de valoración a una pregunta más difícil: qué hacer con ellos

Perkins y Obrecht comenzaron a experimentar con esa pregunta antes de lanzar la plataforma.

A través de la Canva Foundation, han canalizado más de US$80 millones en donaciones hasta 2025. Entre sus principales compromisos figura un programa de US$150 millones para combatir la pobreza extrema en Malawi, ejecutado junto a GiveDirectly. Más de US$50 millones ya habían sido destinados al programa y más de 130.000 personas habían recibido transferencias directas de efectivo.

La Fundación también reporta más de US$2.500 millones en valor de productos de Canva donados a estudiantes, profesores y organizaciones sin fines de lucro. Además, más de 950.000 organizaciones sin fines de lucro tienen acceso gratuito a Canva Pro, según la propia compañía.

La experiencia de Malawi resulta especialmente relevante porque modificó la tesis detrás de la nueva plataforma. En lugar de diseñar una solución desde una oficina distante, el modelo de GiveDirectly entrega dinero directamente a personas que viven en pobreza extrema y les permite decidir cómo utilizarlo.

En 2025, la Canva Foundation comprometió otros US$100 millones para ampliar el programa en Malawi y llegar a 185.000 adultos adicionales, al tiempo que estudia qué factores pueden potenciar el efecto de las transferencias de efectivo.

La lección que Perkins dice haber extraído de ese proceso es trasladar el principio de decisión local a una escala mayor: antes de decidir qué financiar, escuchar.

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