El costo oculto de la brecha crediticia femenina en RD según la SB
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El costo oculto de la brecha crediticia femenina en República Dominicana según la SB

La brecha crediticia femenina no es un problema de riesgo, sino de estructura y así lo confirma la Superintendencia de Bancos

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Las mujeres dominicanas pagan mejor, incumplen menos y representan prácticamente la mitad de los deudores del sistema financiero. Sin embargo, continúan recibiendo menos crédito que los hombres. La contradicción plantea una de las preguntas más relevantes para la economía dominicana contemporánea: si las mujeres son clientes financieramente confiables, ¿por qué siguen accediendo a menores montos de financiamiento?

Los datos más recientes de la Superintendencia de Bancos (SB) vuelven a colocar el tema sobre la mesa. Según cifras del Sistema de Información del Mercado Bancario Dominicano (SIMBAD), las mujeres mantienen balances promedio de RD$68,003, mientras que los hombres registran RD$99,843. La diferencia asciende a RD$31,840 por deudor.

La cifra, por sí sola, podría interpretarse como una simple diferencia de ingresos o de capacidad de endeudamiento. Sin embargo, detrás de ella existe una realidad mucho más compleja que involucra diseño de productos financieros, informalidad económica, propiedad de activos y sesgos históricos en los mecanismos de evaluación crediticia.

República Dominicana está frente una brecha de acumulación de capital.

El crédito como acelerador económico

Durante décadas, los economistas han coincidido en que el acceso al crédito es uno de los principales motores de movilidad económica. Permite invertir, expandir negocios, adquirir activos productivos y generar riqueza a largo plazo.

Cuando una persona recibe menos financiamiento, sus posibilidades de crecimiento también se reducen.

Por esa razón, la diferencia observada entre hombres y mujeres tiene implicaciones que trascienden el sistema financiero. Impacta la productividad empresarial, la generación de empleo y la capacidad de las familias para acumular patrimonio.

En República Dominicana, las mujeres lideran una proporción creciente de micro, pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, muchas de estas iniciativas operan con menor acceso a financiamiento formal y mayor dependencia de recursos propios.

El resultado es un fenómeno ampliamente documentado por organismos multilaterales, donde las empresas dirigidas por mujeres suelen crecer más lentamente no porque sean menos rentables, sino porque enfrentan restricciones de capital más severas.

El problema comienza antes de solicitar un préstamo

Uno de los hallazgos más relevantes de las investigaciones sobre inclusión financiera es que la brecha no necesariamente surge cuando el banco evalúa una solicitud. En muchos casos aparece mucho antes.

Las mujeres poseen menos activos registrados a su nombre, tienen menores niveles de formalización empresarial y participan en sectores económicos que tradicionalmente generan flujos de caja más pequeños.

Esto provoca que lleguen al sistema financiero con historiales distintos a los de los hombres, no por capacidad empresarial, sino por las características estructurales del mercado laboral y patrimonial.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha advertido que las brechas de propiedad representan uno de los principales factores que limitan el acceso femenino al financiamiento en economías emergentes.

En términos prácticos, quien posee menos inmuebles, terrenos o activos empresariales tiene menos garantías para respaldar operaciones crediticias de mayor tamaño.

Una paradoja internacional: mujeres más confiables, pero menos financiadas

Lo ocurrido en República Dominicana no es un fenómeno aislado de lo que ocurre en el resto de Latinoamérica y el Caribe. Estudios del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la International Finance Corporation (IFC) han encontrado patrones similares en América Latina, África y Asia.

Las mujeres suelen exhibir niveles de morosidad iguales o inferiores a los de los hombres, particularmente en microcrédito y financiamiento para pequeñas empresas.

A pesar de ello, continúan recibiendo menores montos promedio y enfrentan mayores dificultades para acceder a capital de crecimiento.

La explicación económica es reveladora, ya que los modelos tradicionales de evaluación crediticia fueron diseñados históricamente alrededor de trayectorias laborales masculinas, donde la propiedad de activos, los ingresos continuos y la formalización empresarial eran variables predominantes.

Cuando esos mismos modelos se aplican a mujeres emprendedoras que han desarrollado negocios en entornos más informales o con interrupciones laborales asociadas al cuidado familiar, el resultado suele ser una subvaloración de su potencial financiero.

Las mipymes femeninas: el epicentro de la discusión

La preocupación de la Superintendencia de Bancos se concentra especialmente en las mujeres propietarias de mipymes.

Este segmento enfrenta una doble barrera.

Por un lado, las dificultades tradicionales de acceso al financiamiento que afectan a muchas pequeñas empresas. Por otro, los obstáculos específicos que experimentan las emprendedoras.

Entre ellos destacan:

Menor acceso a garantías formales

Las mujeres continúan registrando menores niveles de propiedad de activos productivos, lo que limita su capacidad para respaldar préstamos de mayor tamaño.

Menor historial financiero empresarial

Muchas emprendedoras comienzan operando desde la informalidad o utilizando cuentas personales para gestionar sus negocios, lo que dificulta construir perfiles crediticios robustos.

Productos financieros poco adaptados

Históricamente, gran parte de la oferta bancaria ha sido diseñada bajo parámetros generales que no siempre reflejan los ciclos de negocio, patrones de ingreso o necesidades específicas de empresas lideradas por mujeres.

El cambio que busca impulsar la banca

Consciente de estas limitaciones, la Superintendencia de Bancos desarrolló durante siete meses un programa de capacitación junto a entidades financieras para fortalecer estrategias de inclusión.

La iniciativa, apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo, la International Finance Corporation y la Organización Internacional para las Migraciones, buscó ayudar a las instituciones financieras a identificar barreras de acceso y desarrollar productos más adaptados a segmentos históricamente subatendidos.

El enfoque representa un cambio importante en la conversación. La discusión ya no gira exclusivamente en torno a otorgar más préstamos, sino a comprender mejor las características económicas de las mujeres como segmento financiero.

Para la banca, esto implica pasar de una visión basada únicamente en riesgo hacia otra centrada en potencial de mercado.

El futuro de la brecha crediticia

La pregunta central ya no es si existe una brecha financiera entre hombres y mujeres. Los datos confirman que existe. La interrogante relevante es cuánto crecimiento económico está perdiendo el país por mantenerla.

Las cifras de la Superintendencia de Bancos sugieren que la inclusión financiera femenina constituye uno de los espacios con mayor margen de expansión para el sistema financiero dominicano.

Si las mujeres representan cerca de la mitad de los deudores, muestran comportamientos de pago competitivos y lideran un creciente ecosistema empresarial, la persistencia de menores balances promedio deja de ser una cuestión estadística.

Se convierte en un indicador de oportunidades económicas aún desaprovechadas.

Y en un contexto donde la productividad será uno de los principales desafíos para las economías emergentes durante la próxima década, cerrar esa brecha podría resultar menos una política de inclusión y más una estrategia de crecimiento nacional.

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