Los partidos árabes, con récord de escaños, pueden inclinar el gobierno de Israel: los escenarios
Las formaciones árabes podrían sumar entre 18 y 19 escaños en la Knéset y convertirse en piezas clave para definir quién gobernará Israel. Sin embargo, las resistencias a pactar con ellas complican las opciones de la oposición y mantienen abierta la posibilidad de nuevas elecciones.
Foto: La Knéset se enfrenta a un escenario fragmentado donde el aumento de escaños de los partidos árabes resulta decisivo para la formación de una mayoría de gobierno.
Las elecciones legislativas de Israel dejaron un escenario sin una mayoría clara para los principales bloques políticos. Ni el primer ministro saliente, Benjamín Netanyahu, ni su principal rival, Gadi Eisenkot, parecen contar con los apoyos suficientes para formar gobierno sin negociar con otras fuerzas.
En ese contexto, los partidos árabes israelíes se convirtieron en protagonistas de los resultados al alcanzar una representación histórica. Las proyecciones difundidas durante el escrutinio apuntaban a entre 18 y 19 escaños para estas formaciones, impulsadas por una participación electoral excepcionalmente alta de la población árabe.
La cifra podría resultar determinante en un Parlamento de 120 miembros, donde se necesitan al menos 61 escaños para alcanzar la mayoría. Sin embargo, el papel que tendrán estas formaciones dependerá de la disposición de los demás partidos a negociar con ellas y de la capacidad de los principales bloques para superar sus diferencias.
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¿Cuántos escaños necesitan para formar gobierno en Israel?
La Knéset, el Parlamento israelí, está compuesto por 120 diputados. Para asegurar una mayoría parlamentaria, un bloque necesita reunir al menos 61 escaños, una cifra que ninguno de los dos principales grupos habría alcanzado según las proyecciones iniciales.
El bloque de Netanyahu, encabezado por el Likud, quedó por debajo de ese umbral, mientras que la oposición liderada por Eisenkot también tendría dificultades para sumar los apoyos necesarios. Esta distribución abre un período de negociaciones en el que los partidos más pequeños pueden adquirir una influencia superior a la que tendrían en un Parlamento con mayorías definidas.
Los partidos árabes podrían sumar entre 18 y 19 representantes, según las proyecciones difundidas durante el recuento. Entre ellos figuran la Lista Conjunta, con una previsión de alrededor de 12 escaños, y la Lista Árabe Unida (Ra'am), con unos siete. La representación de estas formaciones no significa automáticamente que integrarán el próximo Ejecutivo. Su influencia dependerá de si los bloques rivales aceptan negociar con ellas y de las condiciones que se establezcan para cualquier acuerdo político.
1. Una coalición de oposición con apoyo de los partidos árabes
Una de las opciones sería que Eisenkot y las fuerzas opositoras lograran construir una mayoría con el respaldo de los partidos árabes. Esa vía permitiría intentar desplazar a Netanyahu del poder, pero exigiría superar las diferencias políticas que han marcado la campaña electoral.
La Lista Árabe Unida expresó su disposición a incorporarse a un gobierno de oposición, mientras que la Lista Conjunta manifestó que podría respaldar un Ejecutivo sin formar parte directamente de él. Esa distinción sería importante durante las negociaciones, pues el apoyo parlamentario externo podría facilitar un acuerdo sin que todos los partidos compartan responsabilidades ministeriales. Sin embargo, la alternativa enfrenta obstáculos. Varios partidos judíos del bloque opositor han descartado o mostrado resistencia a formar una coalición con las formaciones árabes. El dirigente Yair Golan, de Los Demócratas, figura entre las voces que han defendido esa posibilidad.
Además, las diferencias sobre la guerra en Gaza, la ocupación de Cisjordania y la seguridad nacional podrían dificultar la estabilidad de una alianza de este tipo. Aunque los números pueden hacerla viable, la negociación política sería compleja.
2. Un gobierno de unidad nacional encabezado por Netanyahu
Otra posibilidad sería un gobierno de unidad nacional que reuniera a Netanyahu y a Eisenkot, o al menos a sectores de sus respectivos bloques. Esta fórmula permitiría intentar superar el bloqueo parlamentario sin depender de los partidos árabes.
Para concretarla, Eisenkot tendría que abandonar una de sus principales promesas de campaña: ofrecer una alternativa al actual primer ministro y poner fin a su liderazgo. Por su parte, Netanyahu tendría que negociar con fuerzas que hicieron campaña para sacarlo del poder. A la vez, el primer ministro podría intentar conservar a sus aliados actuales, incluidos los partidos de derecha y ultraortodoxos, y ampliar la coalición mediante acuerdos con sectores de la oposición. Sin embargo, las diferencias sobre el servicio militar obligatorio para los ultraortodoxos y otros asuntos internos dificultan esa posibilidad.
La reanudación de las tensiones regionales y las preocupaciones de seguridad podrían aumentar la presión para alcanzar un acuerdo entre rivales, aunque no existe garantía de que esas circunstancias conduzcan a un gobierno compartido.
3. Netanyahu intenta atraer a partidos de derecha de la oposición
Un tercer escenario sería que Netanyahu consiguiera convencer a alguna de las formaciones de derecha que actualmente se encuentran en el bloque de Eisenkot para que se separaran y se incorporaran a su coalición.
Entre los nombres que se mencionan en este escenario están Naftali Bennett, colíder de la alianza Beyachad, y Avigdor Lieberman, dirigente de Israel Beiteinu. Ambos comparten algunas posiciones con Netanyahu en materia de seguridad, pero durante la campaña defendieron la necesidad de apartarlo del poder.
También existen diferencias importantes sobre asuntos internos. Bennett y Lieberman han respaldado la extensión del servicio militar obligatorio a los ultraortodoxos, una cuestión que los enfrenta a partidos ultraortodoxos que han sido aliados del primer ministro. Por ello, aunque un acuerdo entre fuerzas de derecha podría parecer ideológicamente posible en algunos temas, las promesas electorales y las disputas sobre la composición de la coalición hacen que esta vía sea difícil de concretar.
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4. Israel vuelve a las urnas si fracasan las negociaciones
Si ninguno de los bloques logra reunir los apoyos necesarios y las negociaciones no producen un acuerdo, Israel podría celebrar nuevas elecciones legislativas. Ese escenario prolongaría la incertidumbre política y permitiría a Netanyahu continuar al frente del Gobierno de manera interina hasta que se forme una nueva administración, de acuerdo con el proceso institucional correspondiente.
De igual forma, una nueva votación abriría interrogantes sobre la participación electoral. La movilización histórica de los ciudadanos árabes podría no repetirse con la misma intensidad, especialmente si su representación parlamentaria no se traduce en una influencia política concreta. Al mismo tiempo, una nueva campaña podría movilizar a votantes de derecha.
Israel ya atravesó un período de fuerte inestabilidad entre 2019 y 2022, cuando celebró cinco elecciones en menos de cuatro años por la dificultad de sus partidos para formar coaliciones duraderas. La repetición de los comicios volvería a poner a prueba la capacidad del sistema político para producir una mayoría estable.
¿Qué significa el récord de los partidos árabes para la política israelí?
Los partidos árabes representan principalmente a ciudadanos árabes de Israel, muchos de los cuales se identifican como palestinos. Esta comunidad constituye aproximadamente una quinta parte de la población del país y ha mantenido una relación compleja con el sistema político israelí. La participación electoral de este sector aumentó considerablemente en los comicios, según los reportes publicados tras la votación. La movilización respondió, entre otros factores, al interés de una parte del electorado en propiciar un cambio de gobierno y aumentar la representación de sus demandas en el Parlamento.
Asimismo, el resultado vuelve a situar en el centro del debate la posibilidad de que las formaciones árabes participen directamente en una coalición o respalden un gobierno desde fuera. Ra'am ya formó parte de la coalición que gobernó Israel entre 2021 y 2022, aunque aquella experiencia no se prolongó.
Por ahora, el récord de escaños les otorga una posición relevante en las negociaciones, pero no garantiza que puedan convertir esa representación en participación gubernamental. El desenlace dependerá de los acuerdos entre los partidos y de si la oposición está dispuesta a superar sus reservas para construir una mayoría parlamentaria.
El futuro del gobierno israelí sigue abierto
Los resultados proyectados han dejado a Netanyahu y a Eisenkot ante una difícil tarea para reunir los 61 escaños necesarios. La oposición podría necesitar el respaldo de los partidos árabes, mientras que el primer ministro tendría que negociar con sectores rivales o explorar una coalición más amplia.
La formación de un gobierno de unidad nacional, la incorporación de partidos de derecha a uno de los bloques o la convocatoria de nuevas elecciones siguen entre las alternativas planteadas. Ninguna está asegurada.
El récord de representación de los partidos árabes los convierte en actores centrales de la negociación, pero la pregunta decisiva es si las fuerzas políticas israelíes estarán dispuestas a pactar con ellos. Esa decisión podría definir tanto la composición del próximo Gobierno como el rumbo político del país.
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