República Dominicana y el Consenso de Ginebra: una nueva conversación sobre salud, familia y derechos
La adhesión dominicana a una coalición internacional centrada en salud femenina, maternidad, familia y soberanía nacional ocurre mientras Estados Unidos recupera la secretaría del mecanismo y el país debate el alcance de sus propias políticas reproductivas.
Más que una reforma legal inmediata, la decisión coloca a República Dominicana dentro de un nuevo espacio de coordinación diplomática. Aunque la firma ocurrió en Santo Domingo, pero la discusión que abre tiene un alcance mucho mayor.
República Dominicana formalizó su adhesión a la Declaración de Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia, incorporándose a una coalición internacional que, según el Gobierno dominicano, reúne ahora a 43 países y representa alrededor de 2,000 millones de personas.
El acuerdo fue suscrito por el ministro de Relaciones Exteriores, Víctor “Ito” Bisonó Haza; la embajadora de Estados Unidos, Leah Francis Campos; y Bethany Kozma, directora de la Oficina de Asuntos Globales del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos y secretaria del Consenso de Ginebra.
Entre las asistentes a la recepción también estuvo Rita Abinader, cuya presencia añadió una dimensión social al encuentro. Abinader se ha distinguido por su participación en iniciativas vinculadas con la defensa de la igualdad de derechos y por su cercanía con distintas causas de carácter filantrópico. Su asistencia a la residencia de la embajadora Leah Campos situó, de manera natural, una conversación de alcance internacional en el ámbito de las figuras dominicanas que han encontrado en el trabajo social y comunitario una vía para acompañar causas relacionadas con el bienestar de las familias y las oportunidades de las mujeres.

En presencia de importantes figuras de gobierno, la escena adquiere una dimensión particular porque Estados Unidos acaba de recuperar, en junio de este año, la secretaría de la declaración, después de que Hungría ejerciera esa función. Washington ha anunciado que el mecanismo será gestionado conjuntamente por el Departamento de Estado y el Departamento de Salud y Servicios Humanos.
Para República Dominicana, por tanto, tiene un significado mayor: el país acaba de entrar en una plataforma internacional cuya agenda coincide con algunas de las discusiones más sensibles de su política pública interna.
Qué es realmente el Consenso de Ginebra
La Declaración fue creada en 2020 durante la primera administración de Donald Trump y presentada originalmente por Estados Unidos junto con Brasil, Egipto, Hungría, Indonesia y Uganda.
Aunque fue incorporada posteriormente al registro documental de Naciones Unidas, se trata de una declaración política y de cooperación, no de un tratado internacional jurídicamente vinculante. Su adhesión tampoco modifica automáticamente la legislación de los países participantes.
Su arquitectura se sostiene sobre cuatro objetivos: mejorar los resultados de salud y desarrollo de las mujeres; proteger la vida en todas sus etapas; reconocer a la familia como unidad fundamental de la sociedad; y promover estos principios mediante cooperación entre los Estados en espacios multilaterales.

Hay, además, un quinto elemento que atraviesa todo el documento: la soberanía nacional.
La declaración sostiene que cada país conserva la facultad de establecer sus propias políticas y legislación de acuerdo con su Constitución, sus leyes y sus circunstancias nacionales. En materia de aborto, el texto afirma que no existe un derecho internacional al aborto ni una obligación internacional de los Estados de financiarlo o facilitarlo.
Qué beneficios plantea para las mujeres
Leído más allá del debate sobre aborto, el texto contiene una agenda considerablemente más amplia sobre la vida de las mujeres.
La declaración reconoce expresamente la igualdad ante la ley y sostiene que los derechos humanos de las mujeres y las niñas forman parte integral de los derechos humanos. También plantea igualdad de acceso a educación de calidad, recursos económicos, participación política y oportunidades laborales.
En materia sanitaria, propone mejorar el acceso de mujeres y niñas a los avances en salud y desarrollo, fortalecer los sistemas sanitarios y movilizar recursos para atender las necesidades de mujeres y niños en situaciones de vulnerabilidad.
El documento también coloca como objetivo que las mujeres puedan atravesar el embarazo y el parto de manera segura y que las familias tengan mejores condiciones para recibir atención sanitaria.
Ese componente importa porque desplaza la conversación desde una única controversia, hacia una agenda más extensa: salud materna, cobertura sanitaria, educación, oportunidades económicas y protección social.
El desafío para los países adherentes está precisamente ahí. Una declaración internacional puede establecer prioridades, pero sus beneficios concretos dependen de la capacidad de cada Estado para convertir esos principios en presupuesto, servicios públicos, atención médica, estadísticas, prevención y políticas sociales.
En otras palabras, la adhesión por sí sola no construye un sistema de salud más accesible para las mujeres. Puede, en cambio, convertirse en una plataforma desde la cual un Gobierno decida orientar parte de sus políticas en esa dirección.
Raquel Peña: la salud como parte del debate
Como vicepresidenta de la República y figura central de la administración en asuntos vinculados con salud pública, su participación conecta la dimensión diplomática del acuerdo con la ejecución de políticas sociales y sanitarias dentro del país.
Peña valoró públicamente la incorporación dominicana y vinculó el acuerdo con la protección y promoción de la salud de la mujer y el fortalecimiento de la familia.

Su papel resulta especialmente relevante porque el Consenso de Ginebra plantea objetivos cuya aplicación depende de políticas domésticas: fortalecer sistemas de salud, ampliar oportunidades, movilizar recursos y atender a poblaciones vulnerables.
La verdadera prueba para República Dominicana, por tanto, no estará únicamente en su presencia dentro de la coalición. Estará en la capacidad del Estado para traducir esas prioridades en resultados medibles para las mujeres.
Leah Campos: la diplomacia estadounidense detrás de la adhesión
Como embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, fue una de las firmantes del acuerdo que formalizó la adhesión dominicana. Su participación adquiere mayor relevancia porque Washington acaba de recuperar la secretaría del Consenso de Ginebra y ha convertido nuevamente la iniciativa en una pieza de su política exterior sanitaria.
Campos llegó a Santo Domingo en noviembre de 2025, después de una trayectoria que incluyó más de una década en la CIA y posteriormente funciones relacionadas con política exterior y asuntos del hemisferio occidental.

En el contexto dominicano, su papel alrededor del Consenso ha ido más allá de la ceremonia de septiembre. Antes de la adhesión, sostuvo encuentros con organizaciones locales vinculadas a la defensa de la vida y la familia y entregó copias del documento a representantes de esas entidades.
La recepción ofrecida posteriormente en su residencia cerró, en términos diplomáticos, un proceso que había comenzado meses antes.
Bethany Kozma: de la salud global a la implementación de la agenda
La tercera mujer directamente vinculada con la firma es Bethany Kozma.
Su posición es especialmente significativa porque no acudió simplemente como representante diplomática. Kozma es directora de la Oficina de Asuntos Globales del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos y, desde 2026, secretaria del Consenso de Ginebra.
Su oficina trabaja en asuntos sanitarios internacionales, incluyendo cooperación científica, fortalecimiento de sistemas de salud, acceso a medicamentos y coordinación con organismos multilaterales. En mayo de 2026, Kozma representó a Estados Unidos ante la Comisión Interamericana de Mujeres, donde se discutieron participación laboral femenina, inclusión financiera y participación digital de las mujeres.

Su presencia en Santo Domingo conecta, por tanto, la adhesión dominicana con una estructura estadounidense que busca llevar la declaración desde el terreno de los principios hacia la cooperación internacional en salud.
Un antecedente inmediato ayuda a dimensionar esta estrategia: apenas unas semanas antes de la firma dominicana, Kozma viajó a Argentina para acompañar la adhesión de ese país, que se convirtió en el primero en incorporarse desde que Estados Unidos recuperó la secretaría.
República Dominicana es ahora parte de esa nueva etapa de expansión.
Lo que República Dominicana gana al entrar
El beneficio inmediato más evidente es diplomático: República Dominicana obtiene un espacio adicional desde el cual coordinar posiciones con más de 40 gobiernos en asuntos de salud femenina, familia, protección de la vida y soberanía legislativa. El propio Gobierno sostiene que la coalición representa alrededor de 2,000 millones de personas.
También existe una oportunidad para discutir cooperación en salud.
La declaración plantea fortalecer capacidades sanitarias, movilizar recursos y trabajar conjuntamente en políticas públicas orientadas a mujeres, niñas y familias. Bien ejecutada, esa dimensión podría abrir conversaciones sobre salud materna, atención preventiva, protección de poblaciones vulnerables y desarrollo de sistemas sanitarios.
El segundo beneficio potencial es menos visible: la posibilidad de construir alianzas diplomáticas alrededor de una agenda específica de salud y familia.
En un sistema internacional cada vez más fragmentado, los países pequeños utilizan coaliciones temáticas para aumentar su capacidad de interlocución. La adhesión dominicana puede darle mayor margen para participar en determinadas discusiones multilaterales con un grupo de países que comparte una lectura particular sobre soberanía, salud y familia.
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