Lina García lleva a APEDI una nueva conversación sobre inversión y desarrollo en el Norte
El alcance de Punta Bergantín podría medirse mucho más allá de sus hoteles. En la sede de la Asociación para el Desarrollo, Inc. (APEDI), su nueva presidenta, Lina García Almánzar, encabezó un encuentro para examinar el alcance justo cuando Puerto Plata comienza a atraer una nueva ola de capital y Santiago busca conectarse con ese ciclo de inversión.
La importancia de la conversación está menos en el proyecto turístico como producto y más en lo que representa como infraestructura económica: una iniciativa que busca conectar inversión, turismo, vivienda, empleo, servicios y movilidad en una geografía que durante años ha operado con mercados regionales próximos, pero no siempre suficientemente integrados.
Junto al ministro de Turismo, David Collado; el presidente ejecutivo de Banreservas, Leonardo Aguilera, y el director ejecutivo del Fideicomiso Punta Bergantín, Andrés Marranzini, sostuvo un encuentro para examinar el alcance del proyecto y sus posibles efectos sobre Santiago, Puerto Plata y el resto del Cibao.
Es precisamente en esa intersección donde comienza a definirse la agenda de García al frente de APEDI.
Su llegada a la institución en 2026 tiene, además, un elemento histórico: es la primera mujer en presidirla en más de seis décadas. Pero reducir su designación a esa condición sería insuficiente para entender el momento. García llega con una trayectoria previa en la industria, en la discusión sobre competitividad y en los espacios donde empresas y Estado han tenido que negociar una visión común para el desarrollo del Norte.

Una presidencia que comienza mirando más allá de Santiago
APEDI nació con una vocación que excede los intereses particulares de una empresa o de un sector. Su razón de ser está relacionada con la capacidad de reunir actores alrededor de proyectos que afectan la estructura económica y territorial de Santiago y su entorno.
El proyecto se desarrolla en Villa Montellano, Puerto Plata, pero sus implicaciones económicas no terminan en la provincia. La primera etapa contempla cuatro hoteles y una inversión superior a los US$400 millones. El desarrollo abarca aproximadamente 10 millones de metros cuadrados e incluye componentes hoteleros, residenciales y de uso mixto, además de campo de golf, clubes de playa, espacios de entretenimiento y un Centro de Innovación. Por tal motivo, es de esperar que la nueva presidencia muestre interés en el tema.
La propia infraestructura que comienza a rodearlo apunta en esa dirección. La construcción de la Autopista del Ámbar y la ampliación de la Autopista Duarte son presentadas como elementos destinados a mejorar la conexión entre Puerto Plata, Santiago y el Cibao.
Así, Punta Bergantín puede leerse menos como un nuevo enclave turístico aislado y más como una pieza dentro de una discusión mayor: qué capacidad tiene el Norte para construir un corredor económico donde el turismo de Puerto Plata encuentre proveedores, talento, capital, servicios profesionales, industria y consumidores en Santiago y otras ciudades del Cibao.
Esa es una conversación mucho más cercana a la naturaleza histórica de APEDI.
El turismo como infraestructura económica
Hay una diferencia importante entre medir un proyecto turístico por el número de habitaciones que incorpora y medirlo por la actividad económica que puede generar alrededor de ellas.
Un estudio elaborado por consultores y docentes del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) estimó que Punta Bergantín podría generar entre seis y nueve empleos totales (directos, indirectos e inducidos) por cada habitación hotelera. Para su fase inicial de construcción y desarrollo, entre 2025 y 2030, proyectó entre 7,000 y 11,000 empleos directos anuales, con un impacto particularmente relevante para Villa Montellano.
El dato es importante porque desplaza la discusión desde el turismo entendido como actividad de consumo hacia el turismo como plataforma de producción.

Cada hotel necesita alimentos, transporte, mantenimiento, tecnología, seguridad, servicios financieros, construcción, diseño, publicidad, logística y profesionales. Cada desarrollo residencial requiere proveedores, administración, infraestructura y servicios. Y cada nuevo flujo de visitantes modifica la demanda sobre aeropuertos, carreteras, comercio y servicios.
La pregunta económica, por tanto, deja de ser únicamente cuánto capital llegará a Puerto Plata. Pasa a ser cuánto de ese capital podrá permanecer dentro de la economía regional.
Ese encadenamiento explica por qué la participación de Santiago resulta estratégica.
La conexión Santiago-Puerto Plata adquiere otra lectura
Durante décadas, Santiago ha funcionado como uno de los principales centros industriales, comerciales y empresariales del país, mientras Puerto Plata ha conservado una posición histórica como destino turístico internacional.
Punta Bergantín introduce una posibilidad distinta: que ambas economías funcionen de manera más complementaria.
La reciente incorporación de proyectos residenciales como Villas Hacienda Serena y los apartamentos Velavento es una señal temprana de esa transformación. Banreservas anunció financiamiento para desarrolladores, inversionistas y compradores de ambas iniciativas, presentadas ante empresarios de Santiago y la región Norte.
La decisión de presentar estos proyectos ante el empresariado santiaguero tampoco es un detalle menor. Sugiere que el mercado que se busca activar no está limitado al comprador turístico tradicional, sino que contempla al capital y a los consumidores del propio Cibao.
En términos económicos, es la diferencia entre desarrollar un destino y construir un mercado alrededor de él.
Lina García ya conoce esa conversación
La trayectoria de García ayuda a entender por qué su presidencia de APEDI puede tener una lectura particularmente vinculada con la actividad productiva.
En 2008 se convirtió en la primera mujer en presidir la Asociación de Industriales de la Región Norte (AIREN), cargo que ocupó hasta 2018. La propia organización registra ese período en su relación histórica de presidentes.

Su experiencia no proviene exclusivamente del ámbito gremial. García se incorporó a Envases Antillanos en 1995, pasó por las áreas de compras y vicepresidencia ejecutiva y asumió la presidencia de la compañía en 2018. También ha ocupado posiciones dentro del Consejo Nacional de la Empresa Privada y participa en diversos consejos empresariales e institucionales.
Ese recorrido tiene una particularidad: le permite observar el desarrollo regional desde dos escalas simultáneas.
Una es la de la empresa, donde competitividad, costos, talento, infraestructura y acceso a mercados son variables cotidianas. La otra es la institucional, donde esos mismos problemas deben convertirse en políticas, alianzas y proyectos capaces de movilizar a distintos sectores.
APEDI es, precisamente, uno de esos espacios de intersección.
De la agenda empresarial a la agenda territorial
Durante los últimos años, la conversación sobre desarrollo en Santiago ha ido incorporando variables que difícilmente pueden resolverse desde una sola empresa o institución: movilidad, agua, planificación urbana, educación, sostenibilidad, infraestructura y competitividad.
APEDI ha participado históricamente en esa arquitectura institucional a través de espacios como el Consejo para el Desarrollo Estratégico de Santiago, el Fondo Agua Yaque del Norte, Plan Sierra, la Universidad ISA, CORAASAN y otros organismos vinculados al desarrollo territorial. La gestión anterior también dejó avances en planificación institucional, incluyendo una unidad especializada y un plan estratégico quinquenal.
La llegada de García encuentra, por tanto, una organización que ya tiene una infraestructura institucional construida.
El desafío consiste ahora en determinar qué asuntos deben ocupar el siguiente capítulo.
Punta Bergantín ofrece una respuesta parcial: la región Norte necesita pensar menos en términos de ciudades independientes y más como un sistema económico conectado.
El turismo puede ser el catalizador, pero difícilmente será suficiente por sí solo.
El nuevo capítulo de APEDI
La presidencia de Lina García también introduce una modificación simbólica importante en una institución cuya historia ha estado profundamente vinculada al empresariado masculino de Santiago.
Pero quizá el dato más interesante no sea que una mujer haya llegado finalmente a la presidencia.
Es que lo hace en un momento en que las preguntas que APEDI debe responder han cambiado.
La región Norte enfrenta una nueva etapa de infraestructura, turismo, inversión inmobiliaria, conectividad y transformación productiva. Santiago busca mantener su peso como centro industrial y de servicios. Puerto Plata intenta recuperar y ampliar su posición como destino turístico. Y proyectos como Punta Bergantín pueden convertirse en el punto de contacto entre ambas economías.
La primera mujer que ocupa la presidencia de APEDI llega, entonces, a una institución que tiene delante una tarea menos ceremonial y mucho más concreta: ayudar a pensar cómo se distribuye el crecimiento.
La reunión con Collado, Aguilera y Marranzini es apenas una escena dentro de esa agenda. Pero también funciona como una fotografía bastante precisa del momento económico que comienza a vivir el Norte: gobierno, banca, empresariado y desarrollo territorial sentados alrededor de una misma mesa.
La verdadera dimensión de la presidencia de García podría medirse, precisamente, por lo que ocurra después de esas reuniones.
No por cuántas veces aparezca su nombre asociado a una iniciativa, sino por la capacidad de APEDI para convertir conversaciones aisladas en una arquitectura económica regional más integrada.
Porque si Punta Bergantín termina conectando Puerto Plata con Santiago, el proyecto habrá hecho mucho más que añadir hoteles y residencias a la costa norte. Habrá puesto a prueba una pregunta mayor: si el Cibao puede empezar a comportarse como una economía regional verdaderamente integrada.
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