¿Puede el sargazo convertirse en un negocio para el Caribe?
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¿Podría el Caribe dejar de gastar dinero retirando sargazo y empezar a venderlo?

Durante años, el sargazo ha sido tratado en buena parte del Caribe como un problema que cuesta dinero: hoteles, gobiernos locales y comunidades deben retirarlo de las playas antes de que se descomponga, genere malos olores y afecte la experiencia de los turistas. Sin embargo, una investigación desarrollada en Panamá abre una pregunta completamente distinta: ¿podría esa macroalga dejar de ser únicamente un gasto y convertirse en una materia prima con valor económico?

Un equipo del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (Indicasat-AIP) encontró que extractos obtenidos de especies de sargazo presentes en el Caribe panameño lograron inhibir significativamente el crecimiento de Plasmodium falciparum, el parásito responsable de las formas más graves de malaria.

El hallazgo todavía se encuentra en una etapa temprana y no significa que exista un medicamento elaborado a partir de sargazo. Pero abre una nueva línea de investigación que podría cambiar la manera en que la región percibe una macroalga que actualmente genera costos ambientales, turísticos y logísticos.

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¿Podría el Caribe pasar de pagar por retirar sargazo a aprovecharlo?

Las grandes acumulaciones de sargazo se han convertido en una preocupación recurrente para destinos turísticos de República Dominicana, México y otros territorios del Caribe.

Cuando las algas llegan masivamente a las costas, los hoteles y autoridades deben movilizar personal, maquinaria y sistemas de recolección para mantener operativas las playas. Si el material permanece demasiado tiempo en la orilla, comienza a descomponerse y puede liberar gases, además de afectar el paisaje, los ecosistemas y la actividad turística.

La posibilidad de identificar compuestos con aplicaciones farmacológicas cambia parcialmente esa ecuación. En lugar de considerar todo el sargazo como un residuo que debe eliminarse, podría estudiarse como una fuente potencial de moléculas de interés para la biotecnología.

Eso no significa que el Caribe esté listo para comenzar a comercializar sargazo con fines médicos. Para llegar a ese punto sería necesario desarrollar procesos de recolección, clasificación, procesamiento, estandarización y validación científica que todavía no existen a escala comercial para esta aplicación.

El descubrimiento comenzó como un proyecto escolar

La investigación tuvo un origen poco convencional. En 2023, la doctora en Biotecnología Lorena Coronado, la profesora e investigadora de algas Noemí León de Santos y Isaac Almanza, entonces estudiante de último año de bachillerato, comenzaron a estudiar el sargazo dentro del Programa Jóvenes Científicos de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación de Panamá (Senacyt).

El proyecto evolucionó hasta convertirse en una investigación científica formal. Los resultados fueron publicados en julio de 2026 en la revista Integrative and Comparative Biology, de Oxford University Press, bajo un estudio sobre la actividad antipalúdica de Sargassum fluitans y Sargassum natans recolectados en la costa caribeña panameña.

¿Cómo probaron el sargazo contra la malaria?

Los investigadores recolectaron sargazo fresco directamente del agua, lo secaron y posteriormente prepararon un extracto acuoso, un procedimiento similar en términos generales a elaborar una infusión concentrada.

Inicialmente, el equipo evaluó el material frente a células cancerígenas, pero los resultados no mostraron la actividad esperada.

La investigación cambió de dirección cuando los extractos fueron probados contra Plasmodium falciparum. En esos ensayos, los científicos observaron una reducción significativa en el crecimiento del parásito.

Otro resultado especialmente relevante fue que el extracto no mostró toxicidad significativa sobre las células sanas utilizadas en las pruebas, según explicó Coronado a EFE.

Ese comportamiento es importante en investigación farmacológica: una sustancia que actúa contra un organismo patógeno pero presenta una elevada toxicidad para las células humanas tendría pocas posibilidades de convertirse en un tratamiento seguro.

Por qué Plasmodium falciparum preocupa a los científicos

Plasmodium falciparum es el parásito responsable de la mayoría de los casos graves de malaria y está asociado con complicaciones como la malaria cerebral.

La enfermedad continúa representando uno de los principales problemas de salud pública en diferentes regiones del planeta.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) citados en la investigación, en 2024 se registraron aproximadamente 282 millones de casos de malaria y 610.000 muertes en todo el mundo.

África concentró alrededor del 95 % de los casos y fallecimientos. En América se contabilizaron más de 536.000 casos y 136 muertes durante el mismo período.

El verdadero valor podría estar en los compuestos del sargazo

Desde una perspectiva económica, el potencial del descubrimiento no está necesariamente en vender toneladas de algas sin procesar.

El verdadero valor estaría en identificar, aislar y eventualmente producir los compuestos responsables de la actividad antipalúdica.

Ese es precisamente uno de los próximos objetivos del equipo panameño: determinar qué moléculas producen el efecto observado y cuál es su mecanismo de acción frente al parásito.

Si ese proceso resulta exitoso, la investigación podría generar nuevas líneas de desarrollo para laboratorios, universidades, empresas biotecnológicas y compañías farmacéuticas interesadas en productos derivados de organismos marinos.

De residuo turístico a materia prima para la bioeconomía

El caso encaja dentro de un concepto que gana importancia en la economía mundial: la bioeconomía, que busca aprovechar recursos biológicos para crear productos, tecnologías y procesos de mayor valor agregado.

En ese modelo, el sargazo podría tener aplicaciones mucho más amplias que su simple eliminación de las playas.

Diferentes investigaciones internacionales ya analizan posibles usos de estas algas en fertilizantes, biocombustibles, materiales, productos agrícolas y compuestos químicos. El estudio panameño añade ahora una posible aplicación dentro de la investigación farmacológica.

Para los países del Caribe, desarrollar tecnologías capaces de aprovechar el sargazo podría transformar parcialmente el problema: pasar de asumir únicamente costos de recolección y disposición a construir cadenas de valor alrededor de su procesamiento.

República Dominicana también tendría interés en esa transformación

El hallazgo tiene especial relevancia para economías altamente dependientes del turismo como República Dominicana.

Las arribazones de sargazo afectan periódicamente playas del país y obligan a hoteles y autoridades a implementar sistemas de limpieza y barreras para proteger las zonas turísticas.

Si en el futuro se desarrollara una demanda industrial por sargazo procesado, destinos que actualmente deben financiar su retiro podrían encontrar incentivos adicionales para crear sistemas de recolección destinados no solo a limpiar las playas, sino también a abastecer nuevas cadenas productivas.

Sin embargo, cualquier aprovechamiento tendría que cumplir protocolos ambientales y sanitarios estrictos. El sargazo puede contener sales, metales y otros componentes que deben ser evaluados antes de utilizarlo en procesos industriales o farmacológicos.

La investigación todavía está lejos de producir un medicamento

Los resultados son prometedores, pero existe una diferencia considerable entre observar actividad antiparasitaria en un laboratorio y desarrollar un medicamento aprobado para seres humanos.

La siguiente fase del proyecto deberá identificar los compuestos responsables del efecto y establecer exactamente cómo actúan contra Plasmodium falciparum.

Posteriormente, los investigadores esperan avanzar hacia pruebas en modelos animales. Solo después de superar esas etapas podrían considerarse estudios adicionales que eventualmente conduzcan a ensayos clínicos.

El equipo necesita financiación para continuar con el proyecto.

Por tanto, no existe actualmente una terapia contra la malaria basada en sargazo ni evidencia suficiente para recomendar su consumo como tratamiento o método preventivo.

¿Podría surgir una industria alrededor del sargazo?

Ese escenario todavía es hipotético, pero el estudio muestra por qué la investigación científica puede transformar la percepción económica de un recurso.

Si determinados compuestos del sargazo terminan demostrando aplicaciones farmacéuticas, el valor podría trasladarse hacia actividades como:

  • Recolección controlada de biomasa marina.
  • Procesamiento y extracción de compuestos.
  • Investigación biotecnológica.
  • Licenciamiento de propiedad intelectual.
  • Desarrollo de productos farmacéuticos.
  • Alianzas entre universidades, gobiernos y empresas privadas.

La oportunidad estaría precisamente en aumentar el valor agregado. Una tonelada de sargazo recolectada como residuo tiene poco valor económico; un compuesto patentado y utilizado para desarrollar un medicamento pertenece a una cadena productiva completamente diferente.

El sargazo como ejemplo de economía circular

El descubrimiento panameño también permite plantear un cambio conceptual para el Caribe.

Durante años, la conversación alrededor del sargazo ha estado dominada por cuánto cuesta retirarlo, cómo evitar que llegue a las playas y qué daños provoca al turismo.

La investigación introduce otra pregunta: ¿qué productos de alto valor podrían obtenerse de esa biomasa?

Ese cambio de enfoque es precisamente uno de los principios de la economía circular: buscar que materiales considerados residuos regresen al sistema productivo como recursos.

De amenaza turística a oportunidad científica

El camino para convertir el hallazgo en un producto comercial será largo y dependerá de nuevas investigaciones, inversión y resultados científicos reproducibles.

Pero el estudio desarrollado en Panamá demuestra que una de las mayores molestias ambientales para las costas del Caribe también puede contener recursos todavía poco explorados.

Si las siguientes fases confirman el potencial antipalúdico observado en laboratorio, la región podría enfrentarse a un escenario diferente: el sargazo dejaría de ser únicamente una factura que gobiernos y empresas deben pagar y comenzaría a ser analizado como una posible materia prima para la bioeconomía.

Para una región acostumbrada a preguntarse cuánto cuesta retirar el sargazo de sus playas, la investigación abre una posibilidad mucho más interesante: preguntarse cuánto podría llegar a valer.

Fuentes

  • EFE.
  • Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (Indicasat-AIP).
  • Integrative and Comparative Biology, Oxford University Press.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS).

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