Quién es Reem Al Hashimy, la ministra que conecta a Emiratos con el mundo
Hay carreras políticas que se explican por un cargo. La de Reem bint Ebrahim Al Hashimy se entiende mejor por los espacios que ha ocupado entre la diplomacia, la cooperación internacional, la educación y la planificación de largo plazo.
Desde febrero de 2016 es ministra de Estado para la Cooperación Internacional de los Emiratos Árabes Unidos, pero su trayectoria dentro del Gobierno comenzó ocho años antes, cuando ingresó al gabinete como ministra de Estado.
Hoy, además de su responsabilidad en política exterior, supervisa la Oficina de Asuntos Políticos del vicepresidente y primer ministro de EAU, y dirige la autoridad encargada de desarrollar Expo City Dubai, el proyecto que convirtió el antiguo recinto de la Expo 2020 en una pieza permanente del mapa urbano y económico de Dubái.
La importancia de Al Hashimy, por tanto, está menos en el simbolismo de ser una mujer en un gabinete árabe que en la naturaleza de los proyectos que han pasado por su escritorio: una candidatura internacional, una exposición universal, cooperación educativa en países en desarrollo, objetivos de desarrollo sostenible y la construcción de una infraestructura que debía sobrevivir al evento que la originó.
Ese recorrido ayuda también a entender una transformación más amplia de los Emiratos: la incorporación de mujeres altamente formadas a áreas que durante décadas estuvieron asociadas casi exclusivamente con la diplomacia tradicional, la administración pública y las relaciones internacionales.
De Tufts a Harvard y Washington: una carrera diseñada alrededor de la política internacional
Al Hashimy construyó su formación académica fuera de los Emiratos.
Estudió Relaciones Internacionales y Francés en Tufts University, en Estados Unidos, y posteriormente obtuvo una maestría en Harvard. Más tarde completó un doctorado en Tsinghua University, en China. Su formación, vista en retrospectiva, anticipa buena parte del carácter internacional de las responsabilidades que asumiría posteriormente.
Su carrera diplomática comenzó en Washington D.C., primero como agregada comercial de la Embajada de los Emiratos Árabes Unidos y posteriormente como jefa adjunta de misión.

Ese primer tramo profesional resulta particularmente relevante. Antes de convertirse en una figura asociada a grandes iniciativas globales, Al Hashimy estuvo vinculada a una función mucho más concreta: construir relaciones económicas y diplomáticas entre dos países.
En otras palabras, su trayectoria comenzó en la infraestructura menos visible de la política exterior: comercio, representación diplomática y relaciones bilaterales.
En febrero de 2008, con poco más de 30 años, ingresó al gabinete federal como ministra de Estado.
Desde entonces, su carrera ha estado estrechamente vinculada a una característica particular de la administración emiratí: la combinación entre política pública, diplomacia económica y proyectos capaces de modificar la posición internacional del país.
El momento que cambió su perfil internacional: ganar una Expo para el mundo árabe
El episodio más conocido de su carrera llegó en 2013.
Al Hashimy fue una de las figuras centrales de la candidatura de Dubái para convertirse en sede de la Exposición Universal de 2020. La competencia reunía a Dubái con Ekaterimburgo, Izmir y São Paulo.
El resultado de la votación del Bureau International des Expositions terminó convirtiéndose en uno de los momentos diplomáticos más importantes de la historia reciente de los Emiratos.
Dubái obtuvo 77 votos en la primera ronda, 87 en la segunda y 116 frente a 47 de Ekaterimburgo en la tercera y definitiva votación. Con ello, EAU se convirtió en el primer país de Oriente Medio, África y Asia del Sur en organizar una World Expo.
El episodio merece una lectura más sofisticada que la de una victoria institucional.
Una Expo no es simplemente una feria internacional. Es una operación diplomática de gran escala: implica convencer a decenas de gobiernos de participar, atraer empresas, organismos multilaterales, instituciones culturales y millones de visitantes y, sobre todo, conseguir que el país anfitrión sea percibido como una plataforma suficientemente estable y relevante para representar una conversación global.
Al Hashimy terminó convirtiéndose en la directora general de Expo 2020 Dubai y posteriormente asumió la dirección ejecutiva de la autoridad de Expo City Dubai.
La verdadera apuesta estaba después de los seis meses
Expo 2020 abrió sus puertas en octubre de 2021, después del aplazamiento provocado por la pandemia, y cerró en marzo de 2022.
Durante esos seis meses recibió 24,1 millones de visitas, con 192 países participantes. La experiencia también tuvo una dimensión digital extraordinaria: 251,2 millones de visitas virtuales.
Pero el indicador más interesante no fue el número de visitantes. Fue qué ocurrió con el espacio después.

Alrededor del 80% de la infraestructura de Expo 2020 fue conservada para crear Expo City Dubai, una ciudad concebida como parte del desarrollo urbano de largo plazo de Dubái. El antiguo recinto pasó así de ser una infraestructura temporal a convertirse en un activo permanente.
La dimensión económica ayuda a entender la magnitud de esa decisión.
Un estudio de EY citado por el Bureau International des Expositions estimó que Expo 2020 y su legado podrían aportar 154.900 millones de dirhams (unos US$42.200 millones) de valor agregado bruto a la economía de EAU entre 2013 y 2042.
La investigación proyectó además aproximadamente 1,039 millones de años-empleo equivalentes a tiempo completo durante ese período. El 62% del valor económico estimado correspondería precisamente a la fase posterior al evento, es decir, al legado.
Es un dato que cambia la lectura de la carrera de Al Hashimy.
Su mayor proyecto internacional npuede medirse por la decisión de convertir una infraestructura efímera en una plataforma urbana, económica y diplomática de varias décadas.
Expo City Dubai fue posteriormente sede de COP28, la conferencia climática de Naciones Unidas celebrada en Dubái en 2023.
Cooperación internacional más allá de la diplomacia tradicional
La segunda dimensión de su carrera está en un ámbito menos visible: la cooperación internacional.
Como ministra de Estado para la Cooperación Internacional, Al Hashimy ha estado vinculada a la política de asistencia y cooperación de los Emiratos con países en desarrollo. Pero uno de los vehículos más interesantes de esa agenda es Dubai Cares, organización de la que preside el consejo.
Creada en 2007, la organización evolucionó desde programas centrados principalmente en acceso a educación primaria hacia una agenda mucho más amplia que incluye primera infancia, educación secundaria, formación profesional, educación en situaciones de emergencia, investigación y transformación de sistemas educativos.
Y aquí aparecen números que permiten dimensionar la escala.
Según los datos más recientes publicados por Dubai Cares, hasta finales de 2025 sus programas habían alcanzado 117 millones de personas en 60 países, mediante 264 programas, 48 iniciativas de incidencia y 40 programas de investigación, con 143 organizaciones asociadas. La entidad reporta además 1.270 millones de dirhams (unos US$346 millones) en subvenciones acumuladas durante sus primeros 18 años.
Los resultados abarcan desde 61,7 millones de niños beneficiados mediante programas escolares de desparasitación hasta más de 5 millones de docentes capacitados y más de 4,6 millones de niños y jóvenes que continuaron teniendo acceso a educación en contextos de emergencia o crisis prolongadas.
Esto introduce una diferencia importante respecto a la filantropía tradicional.
La apuesta no consiste únicamente en financiar aulas o entregar materiales. El modelo de Dubai Cares se ha desplazado hacia la modificación de los sistemas que determinan quién entra a una escuela, quién permanece en ella y qué calidad de educación recibe. La organización declara explícitamente que utiliza investigación, evaluación y evidencia como parte de sus programas.
Cuando educación y clima dejaron de ser conversaciones separadas
Una muestra de esa evolución ocurrió durante COP28.
En diciembre de 2023, Dubai Cares organizó el RewirEd Summit dentro del espacio de COP28 en Expo City Dubai. El encuentro reunió a más de 1.000 participantes, incluidos 22 ministros, 28 CEOs y 260 ponentes procedentes de 76 países.
La discusión puso en el centro una cuestión que hasta hace relativamente poco aparecía fragmentada en las agendas internacionales: qué ocurre con los sistemas educativos cuando el cambio climático altera las condiciones económicas y sociales de las próximas generaciones.

Ese mismo año, Dubai Cares lanzó un Global Education Solutions Accelerator con la meta inicial de trabajar en diez países que, en conjunto, representan una población de aproximadamente 2.100 millones de personas.
El interés de esta iniciativa no está únicamente en su escala. Está en el intento de cambiar la conversación desde “ayudar a más estudiantes” hacia una pregunta mucho más difícil: cómo transformar sistemas educativos completos para que puedan responder a las necesidades económicas, tecnológicas y ambientales del futuro.
Una mujer dentro de una transformación institucional más amplia
Preguntar cómo una mujer llegó a ocupar un puesto de este nivel en un país árabe requiere evitar dos simplificaciones.
La primera sería asumir que su trayectoria representa automáticamente la experiencia de las mujeres en todo el mundo árabe. Los sistemas políticos, las legislaciones y la participación femenina varían considerablemente entre países.
La segunda sería analizar a Al Hashimy únicamente como una excepción.
Los Emiratos han desarrollado durante las últimas décadas un modelo institucional que ha incrementado la presencia de mujeres en la administración pública y en las estructuras políticas. La plataforma oficial del Gobierno señala actualmente que seis de los 28 miembros del gabinete son mujeres.
Al Hashimy, además, pertenece a una generación de mujeres emiratíes cuya incorporación al Estado estuvo acompañada por una fuerte inversión educativa. Datos oficiales señalan que las mujeres representan alrededor del 70% de los graduados universitarios emiratíes y el 56% de los graduados en carreras STEM de universidades públicas.
Ese contexto importa porque permite entender su carrera como parte de una política de construcción de capital humano.
Su presencia en el gabinete no aparece aislada de la expansión educativa femenina: está conectada con ella.
Y quizá allí reside uno de los aspectos menos comentados de su trayectoria. Al Hashimy pasó de ser beneficiaria de un sistema educativo internacional a trabajar, desde el Estado y la cooperación, en las condiciones educativas de otras generaciones.
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