RD avanza en conectividad, pero las mujeres siguen enfrentando una brecha en el acceso real a la economía digital
República Dominicana ha alcanzado uno de sus mayores niveles históricos de conectividad. Internet dejó de ser una herramienta limitada a determinados sectores sociales y pasó a formar parte de la vida cotidiana de millones de personas: desde servicios financieros y educación hasta comercio, comunicación y entretenimiento. Aún así existe una brecha digital.
Según la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR-2024) de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el 91% de la población dominicana utiliza internet y el 94,7% de los hogares cuenta con teléfono celular. Estos indicadores colocan al país entre los mercados con mayor penetración digital de América Latina y el Caribe.
El crecimiento también comienza a reflejarse en la adopción de nuevas tecnologías. Datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señalan que una proporción significativa de la población dominicana utiliza herramientas basadas en inteligencia artificial de manera frecuente.
Sin embargo, la expansión del acceso digital está revelando una nueva dimensión de desigualdad, en la que tener conexión no garantiza las mismas oportunidades para todos.

En República Dominicana, las mujeres continúan enfrentando barreras relacionadas con el desarrollo de habilidades digitales avanzadas, la incorporación a carreras científicas y tecnológicas, la participación en empleos vinculados a innovación y el aprovechamiento económico de las herramientas digitales.
La brecha digital de género dejó de medirse únicamente por quién tiene internet y quién no. Actualmente, la discusión se concentra en quién puede transformar esa conexión en mejores ingresos, educación, emprendimiento, investigación y oportunidades profesionales.
Estar conectado no es saber sacar provecho
Durante años, la brecha digital estuvo asociada principalmente a infraestructura como cobertura de internet, disponibilidad de dispositivos y costos de acceso.
Esa primera etapa continúa siendo importante, pero los organismos internacionales han identificado una segunda brecha más compleja, a partir de la diferencia entre quienes utilizan la tecnología de manera básica y quienes cuentan con las capacidades necesarias para crear, innovar y competir dentro de la economía digital.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha advertido que la transformación digital puede ampliar desigualdades existentes cuando los países no desarrollan políticas enfocadas en formación, inclusión y acceso equitativo a nuevas competencias.
Su análisis sobre educación y desarrollo de competencias digitales en América Latina y el Caribe destaca que las diferencias actuales están relacionadas con habilidades tecnológicas, uso estratégico de herramientas digitales y capacidad para participar en sectores de mayor valor agregado.

Esta realidad plantea una pregunta más profunda: ¿qué ocurre cuando una mujer tiene acceso a internet, pero no cuenta con la formación necesaria para convertir esa herramienta en una oportunidad económica?
La respuesta está relacionada con factores educativos, culturales y laborales que históricamente han limitado la presencia femenina en áreas tecnológicas.
Las mujeres tienen menos presencia en los sectores que diseñan la tecnología
Uno de los principales desafíos está en la participación femenina dentro de las áreas STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
Los datos regionales muestran que las mujeres han aumentado su presencia en educación superior, pero continúan representando una minoría en disciplinas vinculadas con programación, inteligencia artificial, ingeniería tecnológica y desarrollo de software.
El informe “Mujeres en ciencia, tecnología, innovación y digitalización en Iberoamérica”, elaborado por ONU Mujeres, Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), señala que las mujeres permanecen subrepresentadas en carreras y empleos tecnológicos, mientras los avances normativos todavía no se traducen completamente en resultados de igualdad.

En República Dominicana, esta diferencia también aparece en la producción científica.
El Informe Cienciométrico de la República Dominicana, elaborado por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y presentado en 2026, mostró que las mujeres representan el 28,8% de los autores científicos dominicanos, aunque el número total de investigadores del país ha crecido de manera importante durante las últimas décadas.
La cifra revela una paradoja: más mujeres participan en el ecosistema educativo y profesional, pero todavía son menos visibles en los espacios donde se generan conocimiento, innovación y tecnología.
¿Por qué las mujeres quedan rezagadas en la economía digital?
La brecha digital femenina responde a múltiples factores que se acumulan a lo largo de la trayectoria educativa y laboral.
Uno de ellos aparece desde edades tempranas. Las niñas suelen tener menos exposición a experiencias relacionadas con programación, robótica y creación tecnológica, áreas que continúan asociándose culturalmente con perfiles masculinos.
Otro factor está relacionado con la formación profesional. Aunque las mujeres tienen una alta participación en universidades y centros educativos, las carreras tecnológicas siguen presentando diferencias importantes de matrícula.

También influyen las responsabilidades de cuidado. La distribución desigual del trabajo doméstico y familiar puede reducir el tiempo disponible para capacitación continua, actualización profesional o participación en redes laborales vinculadas con tecnología.
En el mercado laboral, esta combinación produce un efecto acumulativo, con menos mujeres ingresando a empleos tecnológicos, menos avances hacia posiciones especializadas y menos participaciones en la creación de soluciones digitales que respondan a sus propias necesidades.
La próxima etapa de inclusión digital requiere cambiar el enfoque
El reto para República Dominicana ya no consiste únicamente en ampliar la infraestructura tecnológica. La siguiente fase implica construir capacidades.
Una estrategia efectiva requiere trabajar desde varios frentes:
1. Formación digital desde la educación básica
La alfabetización tecnológica debe comenzar antes de la universidad. Programas que acerquen a niñas y adolescentes a programación, ciencia de datos, inteligencia artificial y pensamiento computacional pueden modificar la percepción sobre quién puede construir tecnología.
2. Más rutas de entrada para mujeres hacia carreras STEM
Las instituciones educativas y empresas tecnológicas pueden impulsar programas de mentoría, becas, prácticas profesionales y formación especializada que reduzcan las barreras de entrada.
3. Tecnología aplicada a oportunidades económicas
La inclusión digital tiene mayor impacto cuando está conectada con ingresos. Capacitar mujeres en comercio electrónico, herramientas financieras digitales, automatización y creación de negocios en línea puede ampliar su participación económica.
4. Datos para diseñar mejores políticas públicas
Medir quién usa tecnología, para qué la utiliza y qué resultados obtiene permite crear políticas más precisas. La brecha digital actual necesita indicadores que vayan más allá del acceso.
El futuro digital del país dependerá de quién participa en su construcción
República Dominicana ha logrado avances significativos en conectividad y adopción tecnológica. La expansión del internet y la digitalización de servicios representan una oportunidad histórica para acelerar el desarrollo económico.
Pero la transformación digital tendrá un impacto limitado si una parte importante de la población permanece fuera de los espacios donde se crean las soluciones tecnológicas.
La discusión sobre mujeres y tecnología plantea un desafío central para la próxima década: pasar de una sociedad conectada a una sociedad capaz de aprovechar plenamente esa conexión.
La diferencia entre ambas dependerá de la capacidad del país para convertir acceso en conocimiento, conocimiento en oportunidades y oportunidades en participación real dentro de la economía digital.
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