Soft skills: el activo que la inteligencia artificial aún no puede reemplazar
En la economía de la automatización, la ventaja competitiva dejó de estar en la tecnología y comenzó a medirse en la calidad de las capacidades humanas o soft skills. Durante el evento Mejores Empresas para Trabajar 2026 de Revista Mercado, ejecutivas de AFP Siembra, ALTIO, TP y PwC analizaron por qué la empatía, el aprendizaje continuo y la colaboración se han convertido en indicadores de valor empresarial.
- La inteligencia artificial automatiza procesos, pero las habilidades humanas siguen siendo el principal diferenciador competitivo.
- Las empresas más exitosas invierten en desarrollar soft skills para potenciar el impacto de la transformación digital.
- Empatía, adaptabilidad y aprendizaje continuo se consolidan como los activos más valiosos del talento en la nueva economía.
A medida que la IA generativa democratiza el acceso a capacidades técnicas antes exclusivas de grandes corporaciones, la diferenciación entre empresas comienza a desplazarse hacia un terreno menos tangible, pero mucho más difícil de replicar: las habilidades humanas.
La tecnología ya no constituye una ventaja competitiva por sí sola; cualquier organización puede adquirir el mismo software, contratar la misma plataforma o automatizar procesos similares. Lo que permanece como un activo escaso es la capacidad de las personas para interpretar contextos, construir confianza, resolver conflictos, crear relaciones y aprender más rápido que el cambio.
Ese fue uno de los principales ejes del panel «Soft Skills y el valor del talento en la era de la automatización», desarrollado durante el evento Mejores Empresas para Trabajar 2026, organizado por revista Mercado, donde representantes de AFP Siembra, ALTIO, TP y PwC analizaron cómo la gestión del talento está evolucionando hacia un modelo donde las competencias humanas adquieren un peso económico cada vez mayor.
Lejos de una conversación motivacional, el debate reflejó una realidad respaldada por investigaciones internacionales: la automatización está modificando el valor relativo de las habilidades dentro de las organizaciones.
La paradoja de la IA: cuanto más automatizamos, más valen las personas
El Future of Jobs Report 2025, del Foro Económico Mundial, identifica que cerca del 39 % de las habilidades laborales actuales cambiarán antes de 2030, impulsadas por la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización. Sin embargo, el informe señala que las competencias con mayor crecimiento no corresponden exclusivamente a conocimientos técnicos.
Entre las habilidades más demandadas aparecen el pensamiento analítico, la resiliencia, la curiosidad, la flexibilidad, la inteligencia emocional, la influencia social y el aprendizaje continuo. En otras palabras, aquellas capacidades que siguen siendo profundamente humanas.

La consultora McKinsey & Company coincide en este diagnóstico. En diversos estudios sobre transformación organizacional ha identificado que los proyectos de digitalización fracasan, en gran medida, no por limitaciones tecnológicas, sino por resistencia cultural, deficiencias en la comunicación interna y ausencia de procesos efectivos de gestión del cambio.
La conclusión comienza a repetirse entre académicos y ejecutivos, donde la inversión tecnológica produce retornos sostenibles únicamente cuando existe capital humano capaz de integrarla de manera inteligente.
El talento deja de ser un recurso para convertirse en infraestructura empresarial
Durante el panel, María del Carmen Gil Morales, segunda vicepresidenta de Gestión Humana de AFP Siembra, explicó que la experiencia de la organización en procesos de transformación tecnológica ha confirmado que el principal desafío no consiste en implementar nuevas herramientas, sino en desarrollar personas capaces de aprender, desaprender y reconstruir la forma en que generan valor para los clientes.
Su planteamiento refleja una tendencia creciente en recursos humanos: el concepto de learnability, entendido como la capacidad permanente para adquirir nuevas competencias.

En un mercado donde las tecnologías evolucionan cada pocos meses, el conocimiento técnico pierde vigencia con rapidez. La capacidad para adaptarse, en cambio, se convierte en un activo acumulativo.
Gil Morales sostuvo que las habilidades blandas, integradas con las capacidades que ofrece la inteligencia artificial, representan una fuente de ventaja competitiva sostenible para las organizaciones, particularmente en la construcción de relaciones con clientes y equipos.
La democratización tecnológica cambió las reglas de la competencia
Uno de los cambios más significativos que introduce la IA es la reducción de las barreras de entrada al conocimiento.
Hace apenas cinco años, disponer de modelos avanzados de análisis de datos, generación de contenido o automatización requería inversiones millonarias. Hoy estas capacidades pueden contratarse mediante suscripciones relativamente accesibles.
Este fenómeno produce una consecuencia estratégica: cuando la tecnología se vuelve accesible para todos, deja de ser un diferenciador.
La profesora Amy Edmondson, de Harvard Business School, sostiene que las organizaciones de alto desempeño no compiten únicamente por eficiencia, sino por su capacidad para construir entornos de seguridad psicológica donde las personas puedan cuestionar procesos, proponer ideas y aprender de los errores sin temor.
Precisamente esa dimensión cultural apareció durante la intervención de Alexandra Pérez, directora de Administración y Gestión Humana de ALTIO.
La ejecutiva explicó que la incorporación de nuevas tecnologías exige un propósito claramente definido y una cultura organizacional abierta al intercambio de ideas, incluso cuando ello implique cuestionar prácticas establecidas.
Según compartió, esta dinámica ha favorecido equipos altamente comprometidos, donde conviven la experiencia de los líderes con la visión de las nuevas generaciones, particularmente colaboradores pertenecientes a la Generación Z.
Su reflexión resume uno de los principales desafíos de la economía digital: la innovación depende menos de las herramientas disponibles que de la disposición de las personas para utilizarlas de manera creativa.
La empatía ya no es una competencia emocional: es un indicador de negocio
Durante años, habilidades como la empatía fueron clasificadas dentro del desarrollo personal. Hoy comienzan a medirse como variables que impactan resultados financieros.
Diversas investigaciones de Gallup muestran que organizaciones con equipos altamente comprometidos registran mayores niveles de productividad, mejor experiencia del cliente, menor rotación de personal y mejores indicadores de rentabilidad.
En ese contexto, Evelyn Mirabal, Regional Marketing Manager de TP para República Dominicana, Costa Rica, Honduras, Belice y Jamaica, sostuvo que la ventaja competitiva no reside únicamente en incorporar nuevas plataformas tecnológicas, sino en preparar al talento para aprovecharlas estratégicamente.

Desde su perspectiva, la tecnología funciona como un facilitador, mientras que el verdadero valor empresarial surge cuando las personas desarrollan competencias como comunicación, colaboración y empatía para potenciar esas herramientas.
Su afirmación coincide con una realidad observable en industrias intensivas en servicios: la automatización mejora la velocidad de respuesta, pero la fidelización continúa dependiendo de la experiencia humana.
Casos de estudio: las empresas que invierten en habilidades humanas obtienen mejores resultados
La evidencia internacional comienza a respaldar esta transformación.
Microsoft, por ejemplo, ha convertido el uso responsable de inteligencia artificial en un programa global de capacitación que combina alfabetización tecnológica con pensamiento crítico, colaboración interdisciplinaria y desarrollo ético.
IBM, por su parte, redefinió buena parte de sus procesos de contratación bajo un enfoque skills-first, priorizando competencias demostrables por encima de credenciales académicas tradicionales, con énfasis en aprendizaje continuo y adaptación.
Un caso particularmente relevante es el de Unilever, cuya estrategia de formación incorpora inteligencia artificial para personalizar rutas de aprendizaje, mientras fortalece capacidades como creatividad, comunicación y resolución colaborativa de problemas, entendiendo que serán precisamente esas competencias las que sostendrán la competitividad futura.
En todos estos casos existe un patrón común: la IA no reemplaza el desarrollo humano; aumenta el valor de quienes saben trabajar con ella.
El nuevo retorno sobre la inversión del capital humano
Históricamente, las empresas evaluaban la capacitación como un gasto operativo. Hoy comienza a entenderse como una inversión estratégica comparable con la adquisición de tecnología.
La consultora Deloitte identifica que las organizaciones con culturas sólidas de aprendizaje presentan mayor capacidad de innovación, adaptabilidad frente a cambios del mercado y mejores resultados financieros en escenarios de alta incertidumbre.
Mientras el software puede comprarse, copiarse o actualizarse, las capacidades colectivas construidas durante años representan un activo difícilmente replicable por los competidores.
La inteligencia artificial está modificando la naturaleza del trabajo, pero también está redefiniendo el significado del talento. El desafío ya no consiste únicamente en incorporar nuevas plataformas, sino en desarrollar organizaciones capaces de interpretar información, construir relaciones de confianza y aprender de manera permanente.
En la economía de la automatización, las habilidades blandas dejaron de ser un complemento del desempeño profesional. Comienzan a consolidarse como una forma de capital intelectual que determina la velocidad con la que una empresa puede transformarse.
Y en un mercado donde la tecnología está cada vez más disponible para todos, ese capital humano podría convertirse en el diferencial más difícil de automatizar.
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