¿Por qué tomar una sola bebida alcohólica al día aumenta el riesgo de cáncer?
Durante años, una copa de vino con la cena, una cerveza después del trabajo o un cóctel durante el fin de semana han podido parecer hábitos relativamente inofensivos, sobre todo cuando se habla de cantidades moderadas. Sin embargo, cuando se analiza su relación con el cáncer, la evidencia científica plantea un escenario menos tranquilizador. El riesgo puede aumentar incluso con niveles bajos de consumo de alcohol.
Foto: Diversas investigaciones han analizado la relación entre el consumo de alcohol y el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, destacando la importancia de conocer sus posibles efectos y mantener hábitos responsables.
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Esto no significa que una persona que toma una bebida al día vaya necesariamente a desarrollar cáncer. Se trata de una enfermedad compleja en la que intervienen múltiples factores. Lo que muestran las investigaciones es que el alcohol constituye un factor de riesgo modificable y que, en términos generales, mientras mayor es la ingesta, mayor es también la probabilidad de desarrollar ciertos tipos de cáncer.
El problema está en el alcohol, no en la bebida
Cerveza, vino y bebidas destiladas pueden parecer productos muy distintos, pero comparten un mismo componente. Todos contienen etanol, la sustancia que está relacionada con el riesgo de cáncer, independientemente del tipo de bebida en la que se encuentre.
El alcohol está clasificado como carcinógeno del grupo 1 por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), una categoría que indica que existe evidencia suficiente de que puede provocar cáncer en seres humanos. Su consumo se ha relacionado con tumores de boca, garganta, laringe, esófago, hígado, colon y recto, además del cáncer de mama en las mujeres.
Por esta razón, sustituir una bebida alcohólica por otra no elimina el riesgo. Una copa de vino sigue conteniendo alcohol aunque se perciba como una alternativa más ligera, del mismo modo que una cerveza no deja de tenerlo por presentar una menor graduación.
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Qué ocurre dentro del organismo
Una vez que el etanol entra al organismo, es transformado en acetaldehído, una sustancia tóxica capaz de dañar el ADN y las proteínas de las células. Estas alteraciones pueden favorecer cambios que, con el tiempo y bajo determinadas condiciones, contribuyan al desarrollo de cáncer.
Ese proceso no es el único mecanismo involucrado. La descomposición del alcohol también puede generar especies reactivas de oxígeno, moléculas que producen estrés oxidativo y pueden afectar distintos componentes celulares.
A esto se suma que la ingesta de bebidas alcohólicas puede interferir con la absorción y el metabolismo de algunos nutrientes, entre ellos el folato. También puede elevar los niveles de estrógeno en la sangre, un mecanismo especialmente relevante al analizar su relación con el cáncer de mama.
Una bebida no equivale a ningún riesgo
Tomar poco alcohol no significa que el riesgo para la salud sea igual al de una persona que no lo consume. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos advierte que incluso cantidades consideradas bajas pueden estar asociadas con una mayor probabilidad de desarrollar determinados tipos de cáncer.
El cáncer de mama ofrece un ejemplo concreto. Las mujeres que consumen una bebida alcohólica al día presentan un riesgo mayor que aquellas que toman menos de una bebida por semana. Aunque la diferencia individual pueda parecer pequeña, el dato evidencia que la posibilidad de desarrollar la enfermedad no desaparece simplemente por mantener una ingesta considerada moderada.
Una evaluación del Instituto Nacional del Cáncer estima que, entre las mujeres, pasar de menos de una bebida semanal a una diaria se relaciona con aproximadamente dos casos adicionales de cáncer asociado al alcohol por cada 100 mujeres. En los hombres, la estimación es de alrededor de un caso adicional por cada 100. Estas cifras representan tendencias observadas en grandes grupos de población y no permiten anticipar qué ocurrirá con una persona específica.
Qué ocurre con la famosa copa de vino
Durante años, la idea de que una copa de vino al día podría aportar beneficios para la salud cardiovascular ha sido objeto de debate. Sin embargo, esa posible asociación no modifica la evidencia disponible sobre su relación con el cáncer.
La Organización Mundial de la Salud señala que no existe un nivel de consumo de alcohol que pueda considerarse completamente libre de riesgo frente al cáncer. Tampoco se ha establecido una cantidad específica por debajo de la cual desaparezcan sus efectos carcinogénicos.
Esto no significa que beber ocasionalmente tenga las mismas consecuencias que consumir alcohol todos los días o hacerlo en grandes cantidades. La cantidad ingerida sigue siendo relevante y, en términos generales, el riesgo aumenta conforme se incrementa el consumo.
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Entonces, hay que dejar de beber
Desde la perspectiva de la prevención del cáncer, la alternativa de menor riesgo es no consumir alcohol. La Sociedad Americana contra el Cáncer recomienda evitarlo para disminuir la posibilidad de desarrollar la enfermedad y, para quienes deciden beber, limitar la cantidad.
Para alguien que ya consume bebidas alcohólicas, reducir tanto la frecuencia como la cantidad puede ser una decisión favorable. No se trata de convertir una copa ocasional en motivo de alarma, sino de comprender que una ingesta considerada moderada no equivale necesariamente a un consumo sin riesgo.
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