¿Te duelen los ojos tras un eclipse? Estas son las posibles causas
Dolor, ardor, lagrimeo o visión borrosa después de observar un eclipse no deberían ignorarse. Aunque algunas molestias pueden desaparecer en poco tiempo, otras pueden ser señales de una lesión ocular que requiere evaluación médica.
Foto: Mirar directamente al Sol sin protección adecuada durante un eclipse puede provocar daños oculares. Los especialistas recomiendan utilizar gafas certificadas para observación solar y seguir las indicaciones de seguridad.
Un eclipse solar es uno de esos fenómenos que cuesta mirar hacia otro lado. El cielo cambia, la luz se transforma y, durante unos minutos, la atención de todos termina puesta en el Sol. Sin embargo, esa curiosidad puede tener consecuencias para los ojos cuando la observación se realiza sin la protección adecuada.
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Si después de un eclipse aparecen dolor, sensibilidad a la luz, visión borrosa o manchas en el campo visual, es normal preguntarse si se trata de una molestia pasajera o si pudo ocurrir algo más. La respuesta depende, en gran medida, de la zona del ojo que haya sido afectada.
Cuando el problema está en la superficie del ojo
Una de las posibles causas del dolor es la fotoceratitis, una especie de quemadura solar de la córnea provocada por una exposición excesiva a la radiación ultravioleta.
A diferencia de la retina, la córnea sí cuenta con terminaciones nerviosas, por lo que una lesión en esta zona puede resultar bastante dolorosa. Los síntomas pueden incluir ardor, enrojecimiento, lagrimeo, sensación de tener arena o un cuerpo extraño dentro del ojo, visión borrosa y una marcada sensibilidad a la luz.
Algo importante es que estas molestias no necesariamente aparecen de inmediato. Después de una exposición intensa a la radiación ultravioleta pueden transcurrir varias horas antes de que el dolor y la irritación se hagan evidentes. En los casos de fotoceratitis, los síntomas suelen ser temporales y la superficie de la córnea puede recuperarse en uno o dos días, aunque la intensidad de la lesión puede variar.
El otro riesgo, la retina
Mirar directamente al Sol, incluso durante un eclipse, puede provocar retinopatía solar, una lesión que afecta la retina, el tejido sensible a la luz ubicado en la parte posterior del ojo.
Uno de los principales riesgos es que la retina no tiene receptores del dolor, por lo que el daño puede producirse sin causar molestias inmediatas. Los síntomas pueden aparecer posteriormente e incluir visión borrosa, manchas en el centro de la visión, cambios en la percepción de los colores o distorsión de las imágenes.
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Por eso, la ausencia de dolor no significa necesariamente que los ojos estén a salvo. La exposición directa a la luz solar intensa puede dañar las células de la retina y, aunque en algunos casos la visión puede mejorar con el tiempo, algunas alteraciones pueden permanecer.
¿Y si solo hay dolor?
El dolor por sí mismo no permite determinar qué ocurrió. De hecho, cuando el síntoma principal es el dolor y está acompañado de lagrimeo, enrojecimiento y sensación de arenilla, puede apuntar más hacia una lesión de la superficie ocular, como la fotoceratitis.
En cambio, una mancha en el centro de la visión, una zona que parece “faltante”, líneas que se ven deformadas o cambios en los colores son señales que merecen especial atención, ya que pueden estar relacionadas con una lesión retinal.
También pueden existir otras causas de molestias después de pasar tiempo al aire libre, como la sequedad ocular, la irritación o la exposición a otros factores ambientales. Por eso, no es recomendable intentar determinar el diagnóstico únicamente a partir de los síntomas.
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La protección no es opcional
La mejor forma de evitar estas lesiones es prevenirlas. Durante las fases parciales de un eclipse solar no se debe mirar directamente al Sol sin protección especializada. Las gafas de sol convencionales, incluso si son muy oscuras, no ofrecen la protección necesaria.
Para observar el Sol directamente se requieren gafas o visores solares diseñados específicamente para ese propósito y que cumplan con la norma internacional ISO 12312-2. También es importante comprobar que estén en buen estado y no presenten rayones, roturas o cualquier otro tipo de daño.
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