¿Cuántos años de salario mínimo para comprar una casa?
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¿Cuántos años de salario mínimo se necesitan para adquirir una vivienda en los países de América Latina?

Comprar una vivienda propia se ha convertido en uno de los mayores desafíos económicos para millones de trabajadores de América Latina.

Montones de monedas de oro con una pequeña casa en la cima, representando el costo de adquirir una vivienda y el esfuerzo financiero necesario para comprar un hogar.

Foto: El número de años de salario mínimo necesarios para comprar una vivienda varía ampliamente entre los países de América Latina, dependiendo de los precios inmobiliarios y la capacidad de ahorro de los trabajadores.

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Aunque tener un inmueble continúa siendo una de las principales metas financieras de los hogares, la relación entre salario mínimo y precio de la vivienda muestra una brecha cada vez más difícil de superar.

Un análisis de Distintas Latitudes revela hasta qué punto puede extenderse este esfuerzo. En promedio, un trabajador latinoamericano necesitaría alrededor de 33 años de salario mínimo completo para adquirir un departamento, siempre bajo un escenario hipotético en el que pudiera destinar el 100% de sus ingresos mensuales al ahorro.

La cifra permite dimensionar el problema: no se trata únicamente de cuánto cuesta una vivienda, sino de cuánto representa ese precio frente a los ingresos de quienes reciben los salarios más bajos de cada economía.

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¿Cuántos años de salario mínimo hacen falta para comprar una vivienda?

El cálculo considera departamentos de hasta 100 metros cuadrados, con un máximo de dos habitaciones y un precio inferior a USD 300,000. Es decir, el análisis no está centrado necesariamente en propiedades de lujo, sino en inmuebles que se encuentran dentro de un segmento relevante del mercado residencial.

Sin embargo, incluso bajo estas condiciones, comprar una vivienda con salario mínimo puede convertirse en un proyecto que ocupa buena parte de la vida laboral de una persona.

México aparece entre los países donde la distancia entre ingresos y precios inmobiliarios resulta más pronunciada. En Ciudad de México, por ejemplo, un trabajador que recibiera un salario mínimo equivalente a poco más de USD 360 tendría que destinar la totalidad de ese ingreso durante aproximadamente 47.5 años para alcanzar el valor de una vivienda bajo los parámetros del estudio.

La situación también resulta especialmente complicada en Perú y Brasil, países donde el tiempo necesario para alcanzar una propiedad se encuentra entre los más elevados de la región.

El dato debe interpretarse con cautela. El ejercicio supone que el trabajador puede guardar absolutamente todo su salario, algo prácticamente imposible en la vida real. Una persona necesita pagar alimentación, transporte, servicios, salud y otros gastos básicos.

Por ello, los años calculados representan más bien una medida de la brecha entre el poder adquisitivo del salario mínimo y el costo de la vivienda, y no un plazo realista de compra.

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América Latina enfrenta una fuerte brecha entre ingresos y vivienda

El problema se vuelve todavía más evidente cuando el ahorro se reduce a una proporción más cercana a la realidad. Si un trabajador pudiera destinar únicamente el 25% de su salario mínimo a la compra de una vivienda, el periodo necesario se extendería hasta unos 133 años.

En otras palabras, para buena parte de los trabajadores latinoamericanos, adquirir una propiedad únicamente mediante el ahorro del salario mínimo resulta prácticamente inalcanzable.

Esta situación plantea una pregunta importante sobre el mercado inmobiliario regional: ¿los salarios están creciendo al mismo ritmo que el precio de las viviendas?

Los datos utilizados en la investigación apuntan a una respuesta poco alentadora. Incluso los países con los salarios mínimos más altos dentro de la muestra enfrentan una importante presión inmobiliaria.

Uruguay registra un salario mínimo de aproximadamente USD 539, mientras que Chile alcanza cerca de USD 534. A pesar de encontrarse entre los niveles más altos analizados, sus trabajadores necesitarían ahorrar la totalidad de sus ingresos durante más de 27 años para adquirir una vivienda bajo las condiciones consideradas.

Esto demuestra que tener un salario mínimo relativamente elevado no garantiza por sí solo un acceso sencillo a la vivienda.

El precio del inmueble y, particularmente, el valor del metro cuadrado tienen un peso determinante. Cuando el costo de la propiedad aumenta más rápido que los ingresos, incluso una mejora salarial puede resultar insuficiente para cerrar la brecha.

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¿Dónde es más cara y más barata la vivienda en Latinoamérica?

Las diferencias entre ciudades también son significativas. Montevideo, Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y Santiago aparecen entre las localidades con los departamentos más costosos de la región, considerando el precio del metro cuadrado.

En estas ciudades, el valor supera los USD 2,499 por metro cuadrado, lo que incrementa considerablemente el esfuerzo económico necesario para acceder a una propiedad.

El fenómeno tiene implicaciones que van más allá de las finanzas personales. Las grandes ciudades concentran empleos, servicios, universidades y oportunidades económicas, pero también suelen registrar los precios inmobiliarios más elevados.

Esto obliga a muchos trabajadores a elegir entre vivir cerca de los principales centros urbanos y asumir un costo elevado, o trasladarse hacia zonas periféricas donde el precio de la vivienda puede ser menor, pero aumentan los tiempos y costos de transporte.

En el extremo contrario, Quito, Ecuador, aparece entre las ciudades con los precios inmobiliarios más bajos dentro de la información analizada por el Centro de Investigación en Finanzas.

La comparación permite observar una realidad común en América Latina: el acceso a una vivienda no depende exclusivamente del nivel de ingresos de un país. También influyen el precio del suelo, la oferta inmobiliaria, la concentración urbana, las tasas de interés, el acceso al crédito y las condiciones del mercado laboral.

El contraste es particularmente relevante porque en 18 países latinoamericanos el derecho a una vivienda digna tiene reconocimiento constitucional. Sin embargo, que este derecho esté contemplado en las leyes no significa que una familia pueda acceder fácilmente a una propiedad.

La diferencia entre el reconocimiento jurídico y la capacidad económica para comprar una vivienda constituye uno de los grandes desafíos sociales de la región.

El escenario también cambia la manera en que las nuevas generaciones enfrentan la planificación financiera. Para un trabajador que depende exclusivamente del salario mínimo, ahorrar para comprar una vivienda puede requerir décadas. Y cuando se consideran los gastos cotidianos, el endeudamiento y el costo de los créditos hipotecarios, el objetivo puede alejarse todavía más.

El problema de la vivienda en América Latina no es solamente inmobiliario: también es una cuestión de poder adquisitivo. Mientras los precios de las propiedades permanezcan muy por encima de la capacidad de ahorro de los trabajadores, tener una casa propia continuará siendo una meta difícil de alcanzar para millones de personas.

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