El petróleo de Venezuela en la mira de Donald Trump
El presidente de Estados Unidos volvió a colocar a Venezuela en el centro del debate geopolítico global al afirmar que el país sudamericano “robó” a Estados Unidos su petróleo. La declaración, realizada tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores luego de una operación militar en Caracas, reavivó una vieja discusión sobre el rol histórico de Washington en el desarrollo de la industria petrolera venezolana y sobre los límites entre inversión extranjera, concesiones y soberanía sobre los recursos naturales.
Pero ¿qué hay detrás de esta acusación? ¿Existe una base histórica o legal para sostener que Venezuela se apropió de activos petroleros estadounidenses? Un repaso por casi un siglo de historia energética permite entender por qué esta narrativa resulta, como mínimo, controversial.
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Venezuela y sus gigantescas reservas de petróleo
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, con alrededor de 303,000 millones de barriles, lo que representa cerca del 19.4 por ciento de las reservas globales, según datos recientes de la OPEP. Esta condición convierte al país en una pieza estratégica dentro del mercado energético mundial y explica por qué el petróleo ha sido un eje central de su historia política, económica y también de sus conflictos internacionales.
Desde comienzos del siglo XX, el crudo venezolano atrajo a las principales potencias industriales. En la década de 1920, durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, el país abrió sus yacimientos a empresas extranjeras mediante un sistema de concesiones. Fue en ese contexto cuando las compañías estadounidenses desplazaron progresivamente a las británicas y holandesas, consolidando una fuerte presencia en el Lago de Maracaibo.
Sin embargo, esas empresas nunca fueron propietarias del petróleo, sino concesionarias. El crudo, desde el punto de vista legal, siempre perteneció al Estado venezolano, que otorgaba derechos de explotación a cambio de regalías e impuestos.
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Concesiones, renegociaciones y nacionalización
Durante las primeras décadas, las condiciones contractuales favorecieron ampliamente a las petroleras extranjeras. Regalías del 7 por ciento y escasa regulación marcaron una etapa muy criticada por historiadores y economistas. Aun así, el vínculo con Estados Unidos se mantuvo dentro de un marco legal aceptado por ambas partes.
El primer gran giro llegó en 1943, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita. En plena Segunda Guerra Mundial, Venezuela renegoció las reglas del juego con una nueva Ley de Hidrocarburos que estableció una participación estatal del 50 por ciento en las ganancias y elevó las regalías al 16 por ciento. Lejos de ser una expropiación, fue una negociación que las empresas estadounidenses aceptaron, interesadas en asegurar un suministro confiable de crudo.
La verdadera ruptura simbólica se produjo en 1975, cuando Carlos Andrés Pérez impulsó la nacionalización del petróleo y creó Petróleos de Venezuela, PDVSA. A diferencia de otros procesos similares en la región, la nacionalización venezolana fue acompañada de compensaciones económicas a las compañías extranjeras, incluidas las estadounidenses. Exxon, Chevron y otras firmas continuaron vinculadas al negocio mediante contratos de servicios y suministro.
Este punto resulta clave para desmontar la idea de un “robo”. No hubo confiscación unilateral sin pago, sino una transición acordada hacia el control estatal de un recurso estratégico.
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Chávez, las expropiaciones y el conflicto con Washington
La relación se deterioró de forma significativa a partir de 1999, con la llegada de Hugo Chávez al poder. El nuevo gobierno impulsó una política de mayor control estatal sobre PDVSA y una revisión profunda de los contratos con las multinacionales. Desde 2001, la ley exigió mayoría accionaria de PDVSA en todos los proyectos y elevó de forma sustancial las regalías.
Algunas empresas, como Chevron, aceptaron las nuevas condiciones y permanecieron en el país. Otras, como ExxonMobil y ConocoPhillips, se retiraron y acudieron a arbitrajes internacionales. Los fallos del Ciadi reconocieron compensaciones millonarias, lo que demuestra que los conflictos se encuadraron en mecanismos legales internacionales y no en una apropiación ilegal de petróleo ya extraído.
Hoy, Venezuela arrastra una deuda externa estimada en 150,000 millones de dólares y una producción petrolera que ronda los 1.3 millones de barriles diarios, muy por debajo de los 3.7 millones alcanzados en su mejor momento. Expertos coinciden en que este colapso responde más a mala gestión, corrupción y desinversión que a las sanciones externas.
¿Robó Venezuela el petróleo a Estados Unidos?
Desde una perspectiva histórica y jurídica, la respuesta de los especialistas es clara. Venezuela no le robó petróleo a Estados Unidos. Las empresas estadounidenses explotaron crudo bajo concesiones otorgadas por el Estado venezolano, obtuvieron enormes beneficios durante décadas y, cuando el marco legal cambió, fueron compensadas o acudieron a tribunales internacionales.
La retórica de Donald Trump y de figuras clave de su entorno responde más a una estrategia política y discursiva que a los hechos históricos. Como señalan los expertos, el petróleo venezolano siempre fue venezolano. Lo que cambió a lo largo del tiempo fue la forma en que el país decidió administrarlo y con quién asociarse para hacerlo.
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