La fiebre del matcha: el mercado apunta a US$7.400 millones y las mujeres aceleran su consumo
US$7.430 millones podrían estar esperando al otro lado de una taza de matcha. Pero el verdadero negocio no está solo en venderla: está en conseguir suficiente té para satisfacer a una generación que ha convertido una tradición japonesa en un hábito global.
Durante siglos, el matcha estuvo asociado con la ceremonia del té japonesa. Hoy aparece en lattes, helados, repostería, smoothies y menús de cafeterías que poco tienen que ver con una casa de té tradicional. El cambio parece superficial, un polvo verde que se volvió fotogénico, pero detrás existe una transformación mucho más interesante, a partir del nacimiento de una categoría global de consumo que está reordenando cultivos, exportaciones y precios.
El mercado mundial del matcha podría alcanzar aproximadamente US$7.430 millones en 2030, según estimaciones citadas en el material de referencia, mientras el mercado estadounidense de matcha para consumo doméstico pasó de unos US$130 millones en 2023 a US$200 millones en 2025, de acuerdo con datos internos de Jade Leaf Matcha. La compañía estima que este último podría duplicarse hacia 2030.
La paradoja es que el producto que conquista cafeterías occidentales a una velocidad inédita depende de una materia prima cuya producción no puede acelerarse al mismo ritmo. Japón produjo 5.336 toneladas de tencha en 2024, casi 2,7 veces más que una década atrás, pero el calor extremo ya ha reducido los rendimientos en algunas regiones. En mayo de 2025, el precio de subasta de la tencha en Kioto llegó a 8.235 yenes por kilogramo, un aumento de 170% interanual.

El matcha, en otras palabras, se está convirtiendo en una historia económica de demanda viral contra una oferta agrícola que necesita años para responder.
De ceremonia japonesa a fenómeno global
El matcha tiene una diferencia fundamental frente al té verde convencional: se consume la hoja pulverizada completa. Para producirlo, las plantas de té se sombrean antes de la cosecha y las hojas destinadas a matcha se procesan como tencha, que posteriormente se muele hasta obtener el polvo fino.
Ese proceso explica parte de su escasez. El matcha premium no puede fabricarse simplemente aumentando la producción industrial de un día para otro. Requiere plantaciones adecuadas, sombreado, cosecha, procesamiento y capacidad de molienda. Además, los nuevos cultivos necesitan varios años antes de alcanzar una producción significativa. Reuters reportó que las nuevas plantaciones pueden tardar alrededor de cinco años en madurar.
La demanda, mientras tanto, ha tomado una trayectoria mucho más veloz.

El punto de inflexión comercial comenzó a hacerse evidente en Estados Unidos entre 2024 y 2025. Según Jade Leaf, el interés de los consumidores en redes sociales aumentó 19% interanual, las tasas de recompra llegaron hasta 56% y el valor promedio de los pedidos creció a doble dígito. Cerca del 40% de los consumidores de matcha afirma sustituir al menos una taza diaria de café por esta bebida.
El dato más revelador quizá sea otro: alrededor del 65% de los clientes actuales de Jade Leaf llegaron a la marca durante el último año, mientras la penetración del matcha en hogares estadounidenses ronda apenas el 5%, frente a aproximadamente 80% para el café.
Eso coloca al matcha en una posición particular: todavía tiene una penetración doméstica pequeña, pero precisamente por eso conserva un espacio considerable para crecer.
Estados Unidos se convierte en el gran mercado occidental
El mapa comercial confirma dónde está ocurriendo buena parte de esa expansión.
En 2024, Japón exportó 5.092 toneladas de matcha, 18,7% más que un año antes. El valor de esas exportaciones llegó a aproximadamente US$185 millones, un aumento de 25,9%. Estados Unidos absorbió 2.217 toneladas, convirtiéndose con diferencia en el principal destino individual y representando alrededor de 44% del volumen exportado por Japón ese año. Alemania, Malasia, Tailandia y Taiwán completaron los cinco principales destinos.
El dato estadounidense resulta todavía más significativo cuando se observa el mercado regional: Norteamérica representó aproximadamente 28,5% de los ingresos del mercado mundial de matcha en 2025, según Grand View Research, y Estados Unidos concentró 82,3% del mercado norteamericano.
40% consumidores que dicen reemplazar al menos una taza diaria de café por matcha.
Europa también está adquiriendo relevancia. Alemania fue el segundo destino del matcha japonés en 2024, con 435 toneladas exportadas desde Japón. En Asia, Malasia, Tailandia y Taiwán figuran entre los mercados de mayor peso dentro de las exportaciones japonesas.
China merece una lectura diferente. Su papel no se limita al consumo: es el mayor productor de té del mundo y está incrementando su participación en el mercado del matcha, algo que podría modificar el equilibrio competitivo de una categoría que durante décadas ha asociado su producto premium principalmente con Japón.
Mientras tanto aunque no existen cifras oficiales del consumo de matcha en República Dominicana, sí se conoce oficialmente que en el año 2025 se importaron 113,202 kg de té verde en presentaciones inmediatas, por un valor de US$787,570. Adicionalmente, se importó 21,768 kg de otros tipos de té verde, valorados en US$105,080.
La mujer detrás del boom verde
La asociación entre matcha y consumidoras jóvenes se ha convertido en uno de los rasgos más visibles de la categoría, aunque conviene evitar una generalización.
DōMatcha reporta que más del 80% de sus clientes son mujeres. En un desafío de consumo realizado por KISSA Tea en 2025 entre más de 150 participantes de habla alemana, 88% se identificó como mujer y la mayoría tenía entre 18 y 44 años. El mismo ejercicio encontró que las principales vías de descubrimiento fueron las redes sociales, el boca a boca y el contenido de bienestar y estilo de vida.
Esos estudios tienen una limitación importante: proceden de marcas y muestras específicas, por lo que no representan por sí mismos al mercado mundial. Pero, combinados con la evolución de la oferta comercial, permiten identificar un patrón.

¿Por qué funciona particularmente bien entre mujeres jóvenes? Hay una explicación cultural y otra económica.
La primera está relacionada con la manera en que el bienestar se ha transformado en una categoría de consumo. El matcha reúne varios códigos que ya tenían demanda: ingredientes percibidos como naturales, menor dependencia del café, ritual, estética, preparación artesanal y una narrativa asociada con salud y equilibrio.
La segunda tiene que ver con la economía de los pequeños placeres. El matcha latte puede ocupar un espacio similar al del café premium: una compra relativamente pequeña que permite incorporar una experiencia de bienestar a la rutina diaria. En un contexto donde determinados bienes de gran valor se vuelven menos accesibles para los consumidores jóvenes, estos pequeños gastos pueden adquirir un peso cultural mayor.
Y hay una tercera variable: es extremadamente adaptable a las redes sociales.
Su color funciona como un activo visual; su preparación tiene una dimensión ritual; y puede transformarse en una bebida, un postre o un ingrediente. Esa combinación convierte al producto en contenido y al contenido, a su vez, en una vía de adquisición de nuevos consumidores.
El resultado es un círculo comercial particularmente eficiente: descubrimiento en redes, prueba en cafetería, incorporación a la rutina y posterior compra doméstica.
La ciencia ayuda, pero el marketing no puede contar toda la historia
Parte del atractivo del matcha se explica por su composición.
La planta se sombrea antes de la cosecha, un proceso que modifica su perfil químico y contribuye a la concentración de determinados compuestos. El matcha contiene cafeína, L-teanina y catequinas, entre otros componentes. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 que analizó 50 ensayos clínicos aleatorizados encontró que la combinación de teanina y cafeína puede producir mejoras pequeñas a moderadas en determinadas pruebas de atención y cognición, aunque los propios investigadores advierten que la evidencia todavía presenta incertidumbres y que se necesitan más estudios con bebidas y dosis habituales.
Esto importa porque el posicionamiento del matcha como alternativa al café tiene una base fisiológica plausible, pero no justifica convertirlo en una bebida milagrosa.
170% incremento interanual del precio de la tencha en una subasta de Kioto en mayo de 2025.
El contenido de cafeína también varía considerablemente. Estudios sobre té comercial han encontrado diferencias importantes según variedad y procesamiento, mientras fuentes clínicas sitúan el matcha aproximadamente entre 18,9 y 44,4 miligramos de cafeína por gramo de polvo.
Por eso, la promesa de una energía más estable debe entenderse como una experiencia que puede variar según la cantidad consumida, el producto y la sensibilidad individual a la cafeína.
La categoría también está viendo crecer una demanda específica: la del matcha orgánico. Según los datos de Jade Leaf incluidos en el material de referencia, la demanda mundial de matcha orgánico aumentó 21,4% interanual, por encima del crecimiento general del segmento.
El verdadero problema obliga a ver la agricultura
La fiebre por el matcha está obligando a mirar hacia una parte menos glamorosa de la cadena: la agricultura.
Japón logró incrementar la producción de tencha durante la última década, pero el aumento tiene límites físicos. El calor extremo de 2025 afectó plantaciones de Kioto; un productor citado por Reuters registró una caída aproximada de 25% en su rendimiento debido al estrés térmico.
Al mismo tiempo, la industria enfrenta un problema demográfico. Una parte importante de las plantaciones japonesas se encuentra en zonas montañosas y los productores envejecen. En 2025, 13 empresas productoras de té japonesas cerraron temporal o permanentemente, frente a ocho en 2024, según datos citados por The Japan Times. Cerca del 40% de las plantaciones de té japonesas se localizan en áreas montañosas o accidentadas, donde sustituir cultivos o modificar infraestructura resulta más complejo.

La paradoja se vuelve todavía más interesante: el éxito económico del matcha puede incentivar a los agricultores a abandonar otros tipos de té para producir tencha.
Ya está ocurriendo.
En algunas zonas productoras, agricultores han aumentado la proporción de sus cultivos destinados a tencha porque su precio puede ser significativamente superior al del sencha. Pero ese desplazamiento también reduce la disponibilidad de otros tés y puede elevar sus precios.
La fiebre verde, por tanto, no solo está creando una nueva categoría de consumo. También está modificando qué decide producir un agricultor japonés.
La próxima batalla será por la autenticidad
El matcha está entrando en una etapa distinta. La primera fase fue de descubrimiento con consumidores occidentales que conocieron el producto a través de cafeterías, influencers y redes sociales.
La segunda fue de masificación llegando a cadenas, supermercados y marcas digitales quienes incorporaron el polvo verde a sus portafolios.
La tercera, es la que empieza a definirse y será una batalla por origen, calidad, trazabilidad y disponibilidad.
Uji continuará teniendo un peso especial en el segmento premium, pero el crecimiento de la demanda está abriendo espacio para productores de otras regiones japonesas y para proveedores extranjeros. Al mismo tiempo, el consumidor comienza a encontrarse con una categoría mucho más compleja como el matcha ceremonial, culinario, blends, productos orgánicos y polvos destinados principalmente a lattes y repostería.
El mercado también tendrá que separar el verdadero valor agrícola de la estética que las redes sociales construyeron alrededor del producto.
Eso puede ser decisivo. Una bebida puede hacerse viral en semanas; una plantación de té necesita años.
Y ahí está la tensión central de esta fiebre verde: el mundo ha aprendido a consumir matcha mucho más rápido de lo que Japón puede producirlo.
Si las previsiones de mercado se cumplen y el negocio global se acerca a los US$7.430 millones en 2030, el desafío ya no será convencer al consumidor de probarlo. Será garantizar que exista suficiente matcha para todos aquellos que, después de probarlo, decidan convertirlo en parte de su rutina.
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