Relevo generacional en Morillas: disentir para continuar
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Disentir para continuar

Cómo el desacuerdo entre generaciones puede preservar el legado sin renunciar a reinventarlo.

PADRE E HIJO están vinculados a una compañía que nació en Barcelona en 1962, cuando Antoni Morillas, padre de Lluís y abuelo de Marc, fundó un estudio que contribuyó a sentar las bases del diseño gráfico profesional en España. Más de seis décadas después, Morillas se presenta como una consultora internacional de branding que integra estrategia, diseño, innovación y reputación, con presencia en Europa y Latinoamérica.

Ese diálogo generacional es precisamente el centro de “no estoy de acuerdo”, la conversación con la que Morillas ha recorrido distintas ciudades para abordar uno de los momentos más delicados de cualquier empresa familiar: el relevo.

La premisa resulta casi provocadora. Porque si una familia empresarial comparte una historia, ¿necesariamente tiene que compartir también una visión sobre su futuro?

De un estudio pionero a una firma internacional.

Lluís Morillas heredó de Antoni una empresa que ya tenía una identidad definida, pero no un destino predeterminado. Con formación en Diseño Gráfico e Industrial, tomó el relevo del estudio y emprendió una transformación que llevaría a Morillas desde sus raíces en el diseño hacia una consultora internacional especializada en branding, comunicación e identidad.

Durante décadas, su trabajo ha quedado asociado a proyectos que forman parte del paisaje visual y empresarial de España y otros mercados. Entre ellos figuran la identidad de TMB, cuya aplicación a la flota de autobuses de Barcelona mantiene más de tres décadas de vigencia, la creación del concepto de marca país de Andorra, “Andorra, el país de los Pirineos”, y trabajos para marcas como Schweppes, Font Vella, 5 Jotas, Alvalle, Lay’s Gourmet, Pans & Company y La Sirena.

La transformación fue también organizativa. Bajo su liderazgo, Morillas profesionalizó estructuras y procesos y amplió la dimensión internacional de la compañía hasta situarla entre las firmas de referencia del branding mundial.

Pero quizás el desafío más importante de Lluís no haya sido convertir un estudio de diseño en una empresa global. Ha sido conseguir que una compañía fundada por su padre pudiera seguir siendo reconocible sin quedar detenida en la época en que fue creada.

Marc y la tercera interpretación del apellido.

Marc Morillas llegó a la empresa familiar con una mirada formada en otro contexto. Licenciado en Dirección y Administración de Empresas por ESADE, con estudios en Barcelona y Boston, fundó su primera agencia de marketing a los 21 años. Antes de convertirse en la tercera generación al frente de Morillas, construyó así una identidad profesional propia.

Marc representa una generación acostumbrada a pensar las empresas desde la transformación digital, la expansión internacional y la necesidad de construir marcas capaces de desenvolverse en entornos cada vez más complejos.

Como CEO, ha impulsado la evolución de Morillas desde el diseño visual hacia una concepción más amplia de la marca, que incorpora posicionamiento, narrativa corporativa, reputación y gestión de crisis. El núcleo creativo continúa en Barcelona, mientras la compañía ha desarrollado sedes y hubs en Madrid, México, Perú y Guatemala.

La expansión no significa, sin embargo, romper con el origen. En una conversación publicada con motivo de No estoy de acuerdo, Marc resumía la continuidad familiar de una manera especialmente reveladora: el proyecto que comenzó su abuelo, continuó su padre y ahora él lleva adelante junto con un equipo de más de 70 profesionales.

Tres generaciones. Una misma firma. Tres momentos históricos completamente diferentes.

El desacuerdo como parte del relevo.

Lluís y Marc llevaron esa conversación a una serie de encuentros bajo un nombre que se explica por sí solo: No estoy de acuerdo. Se trata de una declaración de principios.

Porque el relevo no consiste necesariamente en que una generación entregue las llaves y la siguiente continúe exactamente donde la anterior las dejó. En ocasiones, el verdadero relevo comienza cuando aparece una diferencia.

A lo largo de esta conversación, padre e hijo han abordado precisamente la necesidad de que las empresas familiares sean flexibles ante un contexto cambiante. Marc puso el foco en la cultura de la organización y en su capacidad para adaptarse. La conclusión compartida apuntaba hacia una idea que puede resultar incómoda, pero esencial: el secreto del relevo generacional no reside solamente en quién ocupa el puesto de dirección, sino en la cultura que permite que una generación pueda tomar el testigo sin quedar atrapada por la anterior.

Entre un padre que dedicó décadas a construir y profesionalizar una empresa y un hijo que debe imaginarla para un mundo distinto existe necesariamente una zona de negociación. Allí conviven el respeto por lo aprendido, la necesidad de cuestionarlo y la responsabilidad de no confundir tradición con inmovilidad.

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