América Latina necesita 4 trabajadores para igualar a EE. UU.
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La brecha de productividad regional: América Latina necesita cuatro trabajadores para igualar la producción de uno en EE. UU.

La productividad laboral en América Latina continúa muy por debajo de la registrada en Estados Unidos, una diferencia que limita el crecimiento de los salarios, la creación de empleos de calidad y la capacidad de las economías de la región para cerrar su distancia frente a los países desarrollados.

Comparación visual de productividad laboral: un trabajador frente a una computadora en una oficina individual y un equipo de varias personas analizando datos y documentos en una sala de trabajo.

Foto: La brecha de productividad entre regiones refleja diferencias en tecnología, inversión, formación y capacidad de generar mayor valor con los recursos disponibles.

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Un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que la productividad por trabajador lleva décadas prácticamente estancada en América Latina y el Caribe. El resultado es una brecha que se mantiene pese a los avances registrados por varias economías de la región en materia de crecimiento económico.

El dato más revelador permite dimensionar el problema: la productividad laboral latinoamericana equivale apenas al 26% de la registrada en Estados Unidos.

En términos prácticos, esto significa que se necesitan casi cuatro trabajadores latinoamericanos para generar una producción equivalente a la de un trabajador estadounidense.

El desafío no está necesariamente relacionado con la cantidad de horas trabajadas. El problema central está en cuánto valor puede generar cada trabajador con las herramientas, conocimientos, tecnología y capital disponibles.

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Productividad laboral: el gran rezago de América Latina

El informe del BID, titulado Hacer que los mercados laborales funcionen: mejorar la productividad y el bienestar de los trabajadores en América Latina y el Caribe, identifica el bajo crecimiento de la productividad como uno de los principales obstáculos estructurales para el desarrollo de la región.

Durante las últimas décadas, la producción por trabajador ha avanzado a un ritmo demasiado lento en comparación con las economías desarrolladas. Esto ha impedido que América Latina reduzca de manera significativa su distancia con países de mayor productividad.

La importancia de esta brecha va mucho más allá de una estadística económica. Una economía que produce poco por trabajador tiene mayores dificultades para generar empleos con salarios elevados, financiar mejores sistemas de protección social y sostener aumentos en el nivel de vida.

La productividad, en esencia, refleja la capacidad de combinar de manera eficiente trabajo, capital, tecnología y conocimiento para producir bienes y servicios.

Por eso, un trabajador que dispone de mejores equipos, capacitación, infraestructura y tecnología puede generar mucho más valor durante el mismo período de tiempo.

Entre los factores que explican el rezago regional aparecen la baja inversión en capital físico y tecnológico, las dificultades para desarrollar innovación, las deficiencias en infraestructura, las trabas regulatorias y la limitada formación de capital humano.

A esto se suma un problema que atraviesa buena parte de los mercados laborales latinoamericanos: la informalidad.

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Informalidad y falta de capital humano frenan el crecimiento

La estructura del mercado laboral es uno de los principales obstáculos para elevar la productividad en América Latina.

De acuerdo con el BID, solo alrededor del 28% de los trabajadores de la región tiene un empleo considerado estándar, es decir, un puesto asalariado en una empresa privada con cobertura de seguridad social.

Mientras tanto, la informalidad continúa siendo una característica dominante de numerosos mercados laborales.

En 2024, la proporción de trabajadores que cotizaba a la seguridad social se situaba en torno al 46%. El informe advierte que, si la región mantiene este ritmo, el país promedio podría tardar más de 80 años en alcanzar niveles de formalidad similares a los de Uruguay, que presenta el mejor desempeño regional en este indicador.

La informalidad no solo representa una menor cobertura de seguridad social. También puede limitar el acceso de los trabajadores a capacitación, financiamiento, estabilidad laboral y oportunidades para desarrollar habilidades que eleven sus ingresos.

El BID también señala que la insuficiencia de capital humano constituye una de las principales restricciones para el desarrollo económico. La falta de determinadas habilidades y conocimientos reduce la capacidad de las empresas para adoptar nuevas tecnologías y limita la creación de empleos de mayor calidad.

Este fenómeno genera un círculo difícil de romper. Una baja inversión en capacitación reduce la productividad, mientras que una productividad reducida limita el crecimiento de los salarios y la capacidad de las empresas para invertir en mejores puestos de trabajo.

La situación también tiene una dimensión relacionada con las políticas públicas. El BID sostiene que determinadas políticas laborales y sistemas de protección social pueden generar incentivos que dificulten la expansión del empleo formal y productivo.

Por ello, elevar la productividad requiere algo más que aumentar el número de trabajadores. La prioridad debe ser conseguir que cada trabajador pueda generar mayor valor.

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Más productividad no siempre significa mejores salarios

Uno de los aspectos más importantes del diagnóstico del BID es que el aumento de la productividad no se ha traducido automáticamente en mayores ingresos para los trabajadores.

Desde el año 2000, países como Brasil y Bolivia han registrado incrementos tanto en la productividad como en los ingresos laborales. Sin embargo, el comportamiento ha sido diferente en otras economías.

En República Dominicana y Panamá, por ejemplo, los ingresos laborales registraron un crecimiento limitado pese a importantes avances en el producto interno bruto por trabajador.

La diferencia demuestra que producir más por trabajador no garantiza, por sí sola, que los beneficios lleguen directamente a los hogares.

El ingreso laboral real de la región aumentó apenas 18% en tres décadas, cerca de la mitad del ritmo observado en los países más ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

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