Comercio chino en República Dominicana cambia la Duarte
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El comercio chino ya cambió la Duarte: así se transforma el corazón comercial de Santo Domingo

La avenida Duarte que durante décadas concentró grandes tiendas, almacenes y comercios familiares ya no tiene la misma composición. El capital chino ha ganado espacio, superficie y protagonismo, modificando la manera en que se venden y se compran productos en uno de los principales corredores comerciales de Santo Domingo.

Calle comercial de Santo Domingo con un arco de estilo chino, una estatua tradicional y diversos comercios y vehículos alrededor.
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El cambio no es exclusivo de la Duarte. Se extiende por la avenida Mella, la José Martí, Villa Consuelo y otros puntos del país, donde las llamadas megatiendas chinas compiten con comercios dominicanos mediante una fórmula difícil de replicar: grandes volúmenes de mercancía, amplia variedad y precios agresivos.

Una investigación realizada por Diario Libre ofrece una fotografía concreta de esta transformación. El medio contabilizó 247 establecimientos en las avenidas Duarte y Mella y la calle José Martí: 82 eran negocios de capital chino y 151 dominicanos. En la avenida Duarte, específicamente, identificó 49 establecimientos chinos frente a 25 dominicanos.

El dato muestra que la transformación no es una percepción aislada de comerciantes o consumidores. La presencia del capital chino ya forma parte del nuevo paisaje comercial de la zona.

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De las grandes tiendas dominicanas a las megatiendas chinas

Durante buena parte del siglo XX, la Duarte fue uno de los principales centros comerciales de la capital. Grandes negocios dominicanos y de familias inmigrantes construyeron allí una oferta basada en tiendas por departamentos, calzados, textiles y mercancías para distintos segmentos de consumidores.

Ese modelo comenzó a perder fuerza mucho antes de la actual expansión china.

Sin embargo, los nuevos establecimientos están aprovechando precisamente algunos de esos espacios comerciales que quedaron disponibles. Donde antes operaban negocios tradicionales ahora aparecen establecimientos con cientos o miles de metros cuadrados, capaces de concentrar en un mismo lugar productos para el hogar, ropa, belleza, ferretería, tecnología y accesorios.

La escala es una de sus principales ventajas competitivas.

Según un recorrido de Diario Libre, algunas de estas megatiendas alcanzan dimensiones extraordinarias. En San Francisco de Macorís, una llega a unos 23,000 metros cuadrados, mientras que en La Vega otra ronda los 16,000 metros cuadrados.

La expansión tampoco se limita a Santo Domingo. El reportaje documenta la presencia de este modelo comercial en Santiago, La Romana, Higüey, Puerto Plata, Santo Domingo Este y otras localidades.

El modelo permite comprar grandes cantidades, reducir costos unitarios y ofrecer una variedad que obliga a los comercios tradicionales a competir simultáneamente con varias categorías de productos.

Un cliente que antes podía visitar una tienda de ropa, una ferretería y un negocio de artículos para el hogar ahora puede encontrar buena parte de esa oferta bajo un mismo techo.

La competencia dejó de ser únicamente por precio. También es una competencia por escala, inventario y conveniencia.

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El consumidor está votando con el bolsillo

La expansión de estos negocios también responde a una realidad del mercado dominicano: una parte importante de los consumidores prioriza precio y variedad.

En su investigación sobre el comercio de la zona, el medio encontró consumidores que acuden a las tiendas chinas para comprar ropa, zapatos, artículos para el hogar y otros productos debido a sus precios y a la amplitud de su oferta.

Ese comportamiento ayuda a explicar por qué el fenómeno ha podido expandirse rápidamente. Para los consumidores, la ecuación es sencilla: si dos productos cumplen una función similar, el precio puede convertirse en el factor decisivo.

Para los comerciantes dominicanos, sin embargo, la ecuación es más compleja. Alquileres, impuestos, inventarios, financiamiento, empleados y costos de operación determinan el precio final y limitan cuánto pueden reducir sus márgenes.

La diferencia de escala puede convertirse así en una desventaja estructural. Pero sería simplista atribuir la pérdida de negocios dominicanos exclusivamente al comercio chino.

La Duarte llevaba años enfrentando problemas de seguridad, deterioro urbano, cambios en los hábitos de consumo, competencia de centros comerciales y plataformas digitales, además del relevo generacional de empresas familiares.

El comercio chino llegó a un mercado que ya estaba cambiando y aceleró esa transformación.

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El verdadero debate: competencia y reglas iguales

El crecimiento del comercio chino ha abierto ahora una discusión que va más allá de la Duarte: ¿está el Estado dominicano regulando este nuevo modelo empresarial con la misma intensidad con que supervisa al resto del comercio?

De acuerdo con datos publicados por la Dirección General de Impuestos Internos tiene registradas más de 2,000 empresas de capital chino en el país.

Sin embargo, el propio medio ha señalado que las instituciones todavía no cuentan con una estadística integrada que permita seguir todo el recorrido de estas mercancías, desde su importación hasta su venta al consumidor final.

Los comerciantes dominicanos han denunciado posibles casos de subvaluación, evasión tributaria e informalidad laboral. Los empresarios chinos, por su parte, atribuyen su capacidad para ofrecer precios bajos a la escala de sus operaciones, el acceso directo a proveedores y una estructura de costos más eficiente.

La diferencia es fundamental. Tener una ventaja competitiva no es lo mismo que operar con una ventaja regulatoria.

Por eso, el desafío para las autoridades no consiste en frenar la inversión extranjera ni en limitar el comercio de origen chino. Consiste en garantizar que las reglas fiscales, aduanales, laborales y comerciales sean aplicadas de manera uniforme.

La fiscalización ya está aumentando. Las autoridades incautaron en agosto 119,708 unidades de mercancías comercializadas de manera irregular, valoradas preliminarmente en RD$19.4 millones, en un establecimiento de propietarios chinos ubicado en Villa Consuelo.

El dato no permite generalizar sobre el conjunto de los comercios chinos, pero sí evidencia que el fenómeno requiere una supervisión acorde con la dimensión que ha alcanzado.

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China ya no solo vende productos: está ganando espacio en la distribución

El cambio más importante quizá no está dentro de una tienda, sino en la cadena de suministro.

Durante años, República Dominicana importó productos chinos que luego eran comercializados por distribuidores, mayoristas y minoristas dominicanos. Ahora una parte creciente del capital chino participa directamente en varias etapas de esa cadena: importa, distribuye y vende al consumidor.

Ese modelo reduce intermediarios y puede generar una estructura de costos diferente.

Los datos del comercio exterior muestran la magnitud de la relación. Según cifras citadas por Diario Libre, entre enero y julio de 2026 República Dominicana importó desde China US$3,384.3 millones en bienes y exportó hacia ese mercado apenas US$249.2 millones, dejando un déficit comercial de US$3,135.1 millones.

En otras palabras, por cada dólar que República Dominicana exportó a China, importó casi US$14.

La relación comercial, por tanto, ya tiene una dimensión considerable antes incluso de contabilizar el impacto de los negocios que venden esas mercancías dentro del país. Y el fenómeno sigue avanzando.

Las grandes tiendas de capital chino han comenzado a instalarse fuera de Santo Domingo, buscando ciudades con consumidores, terrenos amplios y mercados menos saturados.

La expansión hacia el Cibao, el Este, el Sur y otras regiones muestra que la Duarte puede ser apenas el símbolo más visible de una transformación nacional del comercio minorista.

Fuente: Diario Libre, investigaciones y reportajes sobre la expansión de los comercios y megatiendas de capital chino en República Dominicana.

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