«Sentimos que el mundo se acababa»: El desgarrador testimonio de los dominicanos en la tragedia del 11S
A 25 años de los atentados, los relatos de dominicanos que estaban en Nueva York reconstruyen el miedo, la incertidumbre y la angustia de aquella mañana.
Foto: Los testimonios de criollos presentes en Nueva York durante el 11 de septiembre de 2001 reconstruyen la memoria colectiva y el luto de la comunidad dominicana tras la tragedia.
El 11 de septiembre de 2001 quedó grabado en la memoria de millones de personas, pero para los dominicanos que vivían, trabajaban o tenían familiares en Nueva York la tragedia tuvo una dimensión todavía más cercana. Aquella mañana, mientras las imágenes de las Torres Gemelas en llamas recorrían las pantallas, miles intentaban averiguar qué había ocurrido y, sobre todo, si sus familiares, amigos y conocidos estaban a salvo.
El impacto fue inmediato. Los ataques contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington transformaron una mañana aparentemente normal en una escena de incertidumbre, miedo y desconcierto. Dos aviones impactaron contra las Torres Gemelas: el primero, a las 8:46 a.m, y el segundo, a las 9:03 a.m.
Para la comunidad dominicana en Nueva York, una de las mayores angustias fue precisamente la dificultad para comunicarse. Las líneas telefónicas se saturaron y muchas personas no sabían si sus seres queridos se encontraban en Manhattan, trabajando en la zona, viajando hacia sus empleos o simplemente transitando por la ciudad.
La tragedia golpeó directamente a la comunidad dominicana. Entre las casi 3,000 personas que murieron durante los ataques hubo dominicanos y descendientes de dominicanos, convirtiendo el 11-S en una herida que trascendió más allá de las fronteras de Estados Unidos.
🇺🇸‼️ | Hace 25 años, Estados Unidos sufrió el atentado más grande de su historia. En cuestión de 102 minutos, dos aviones impactaron contra los edificios y dejaron cifras aterradoras. Además hubo un ataque en el Pentágono y en Pensilvania:
- Cuatro aviones secuestrados
- 2977… pic.twitter.com/xlxmS4bg6R— UHN Plus (@UHN_Plus) September 11, 2026
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El miedo de no saber dónde estaban los familiares
Ahora bien, una de las características más dolorosas de aquella jornada fue la incertidumbre. Ya que en aquella época en la que los teléfonos inteligentes, las aplicaciones de mensajería y las redes sociales todavía no formaban parte de la vida cotidiana, localizar a una persona después de una tragedia de esa magnitud era mucho más difícil.
Las familias dominicanas que estaban en República Dominicana comenzaron a llamar a Nueva York buscando respuestas. Quienes se encontraban en la ciudad, mientras tanto, intentaban desplazarse, regresar a sus casas o encontrar alguna manera de comunicarse con sus familiares. La distancia entre ambos países se convirtió de repente en una angustia concreta.
Además, para muchos dominicanos, Nueva York no era simplemente una ciudad extranjera. Era el lugar donde vivían padres, hijos, hermanos, parejas y amigos. La comunidad dominicana tenía y mantiene una presencia particularmente importante en la ciudad y en otros puntos del área metropolitana. Por eso, cada llamada que no entraba, cada teléfono que permanecía sin respuesta y cada nombre que aparecía en las listas de desaparecidos aumentaba la preocupación.
Imágenes que cambiaron la percepción del mundo
También, la mañana del 11 de septiembre quedó marcada por las imágenes transmitidas prácticamente en tiempo real. Primero apareció la noticia de que un avión había impactado una de las torres. Después, cuando un segundo avión chocó contra la Torre Sur, quedó claro que no se trataba de un accidente aislado.
La caída de las Torres Gemelas terminó de dimensionar la magnitud de la tragedia. Las dos estructuras colapsaron en menos de dos horas después de los impactos, dejando una enorme nube de polvo y escombros sobre el Bajo Manhattan. En las Torres murieron miles de personas, entre ellas trabajadores, visitantes y miembros de los equipos de emergencia.
Para quienes observaban desde República Dominicana, la televisión se convirtió en una ventana hacia una ciudad paralizada. Durante horas, las mismas imágenes se repitieron: humo, personas corriendo, calles cubiertas de polvo, edificios evacuados y familiares buscando información.
Por lo que la frase “sentimos que el mundo se acababa” resume precisamente esa percepción de quienes experimentaron aquellas primeras horas sin saber qué podía suceder después. No había certeza sobre el alcance de los ataques ni sobre si otros lugares podían convertirse en objetivos. El desconcierto se mezclaba con la necesidad de encontrar a los seres queridos.
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Nueva York después de las Torres Gemelas
Cuando la emergencia inmediata comenzó a disminuir, quedó una ciudad profundamente transformada.
El World Trade Center había sido durante décadas uno de los símbolos más reconocibles de Nueva York. Su destrucción cambió el paisaje de Manhattan y modificó la percepción de seguridad en Estados Unidos y en buena parte del mundo.
El 11-S produjo consecuencias que fueron mucho más allá de Nueva York. Los atentados desencadenaron cambios en los controles aeroportuarios, las políticas migratorias y de seguridad, las relaciones internacionales y la política exterior estadounidense. Viajar dejó de ser igual. Los aeropuertos incorporaron controles más estrictos y los procedimientos de seguridad se transformaron de manera radical.
Pero para quienes vivieron directamente aquella mañana, las consecuencias fueron mucho más personales. Ya que quedaron familias que perdieron a uno de sus miembros, personas que sobrevivieron pero cargaron durante años con el recuerdo de lo ocurrido y comunidades enteras que tuvieron que reconstruir su cotidianidad alrededor de una tragedia que parecía imposible.
Los dominicanos que nunca olvidaron aquel día
Veinticinco años después, el 11-S continúa formando parte de la memoria colectiva de los dominicanos que vivieron aquella jornada.
Asimismo, algunos recuerdan exactamente dónde estaban cuando recibieron la noticia. Otros recuerdan las llamadas desesperadas a Nueva York o las horas frente al televisor esperando alguna información sobre familiares y amigos.
Es más, permanecen los recuerdos de quienes estaban físicamente en la ciudad y tuvieron que caminar durante horas para alejarse de la zona del desastre, buscar refugio o intentar regresar a sus hogares. El paso del tiempo no ha eliminado el impacto de aquellas experiencias.
Y mientras las generaciones más jóvenes conocen el 11-S principalmente a través de fotografías, documentales y libros de historia, quienes lo vivieron recuerdan algo diferente: el sonido de las noticias, el teléfono que no dejaba de sonar, la preocupación por quienes estaban lejos y la sensación de que el mundo había cambiado en cuestión de horas.
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25 años después, la memoria permanece
De igual forma, el 11 de septiembre de 2001 no fue únicamente un acontecimiento estadounidense. Sus consecuencias alcanzaron a personas de distintas nacionalidades y comunidades alrededor del mundo.
Para República Dominicana, la conexión con Nueva York hizo que el impacto se sintiera de manera particularmente cercana. La ciudad donde miles de dominicanos habían construido sus vidas se convirtió aquel día en el escenario de uno de los ataques más devastadores de la historia contemporánea.
Además, los testimonios de quienes estuvieron allí permiten entender una dimensión que las cifras por sí solas no pueden explicar. Detrás de cada dominicano que aquel día intentaba comunicarse con Nueva York había una pregunta que parecía no tener respuesta: ¿están vivos nuestros seres queridos?
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