El país del botellón: ¿cuánto gastan las familias en RD al comprar el agua que toman?
Aunque la mayoría de los hogares recibe agua de la red pública, millones de familias dominicanas compran agua para beber, creando un gasto recurrente que se suma al presupuesto del hogar.
Foto: El consumo de agua embotellada se ha consolidado como una necesidad básica de gasto para los hogares dominicanos, impactando de forma directa el costo de vida mensual.
De acuerdo con datos del fascículo Agua y Saneamiento en los hogares de la República Dominicana, publicado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) en mayo de 2026, en República Dominicana, tener agua de la red pública en la vivienda no significa necesariamente utilizarla para beber.
De los 3,726,936 hogares registrados en el Censo 2022, unos 3,141,171, equivalentes al 84.3%, declararon el botellón como su principal fuente de agua para consumo, convirtiendo la compra de agua en un gasto habitual para millones de familias.
La situación plantea una paradoja, ya que un hogar puede recibir agua del acueducto para bañarse, lavar la ropa, limpiar o cocinar y, al mismo tiempo, comprar agua procesada para beber. El botellón funciona así como una especie de segunda red de agua, pero con un costo que sale directamente del bolsillo de las familias.
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¿Cuántos hogares dominicanos compran agua para beber?
El botellón es, la principal fuente de agua utilizada para beber en los hogares dominicanos. Según el Censo 2022, el 84.3% de los hogares declaró utilizarlo como principal fuente para consumo. Esto equivale a más de 3.1 millones de hogares en todo el país.
En contraste, alrededor del 9% de los hogares utiliza alguna modalidad de agua proveniente del acueducto como principal fuente para beber, mientras otro 3.2% obtiene agua procesada mediante camioncitos distribuidores. La distribución muestra que el acceso a una red pública de agua y el uso de esa misma fuente para beber son dos realidades diferentes.
Para una familia, la diferencia puede traducirse en un gasto recurrente debido a que el agua del acueducto forma parte del servicio doméstico, mientras que el agua utilizada para consumo se adquiere por separado a través de botellones, plantas procesadoras, distribuidores o comercios.
También, este comportamiento significa que el presupuesto de los hogares debe contemplar un gasto que, aunque puede parecer pequeño en cada compra, se acumula durante semanas y meses.
El botellón se convierte en una segunda red de agua
La dependencia del botellón resulta todavía más llamativa cuando se compara con el nivel de cobertura de la red pública.
La Enhogar 2024 señala que en la zona urbana de la región Ozama o Metropolitana, el 94.4% de los hogares recibe agua de la red pública, ya sea dentro o fuera de la vivienda. Esto significa que la disponibilidad de agua corriente no necesariamente determina la fuente que las familias consideran adecuada para beber.
A la vez, la situación puede explicarse por distintos factores, entre ellos la percepción de calidad, la continuidad del servicio, las condiciones de almacenamiento y la confianza de los consumidores.
Posteriormente, el agua que llega a una vivienda puede pasar por cisternas, tinacos, tuberías internas u otros sistemas antes de ser utilizada. Para muchas familias, comprar agua procesada representa una forma de separar el agua destinada a las actividades domésticas del agua que consumen directamente.
Por eso, el botellón puede entenderse como una segunda red de abastecimiento, solo que esta vez financiada directamente por los hogares.
¿Cuánto representa comprar agua para el presupuesto familiar?
El gasto mensual depende principalmente de la cantidad de agua que consume cada hogar, la frecuencia con la que compra botellones y el precio que paga según el establecimiento o distribuidor.
Asimismo, un hogar que compra un botellón cada semana realiza unas 52 compras al año. Si adquiere dos botellones semanales, esa cantidad se duplica hasta alcanzar aproximadamente 104 botellones anuales.
El cálculo permite dimensionar el efecto de este gasto incluso antes de considerar el precio específico de cada botellón:
- 1 botellón semanal: alrededor de 4 al mes
- 2 botellones semanales: alrededor de 8 al mes
- 3 botellones semanales: alrededor de 12 al mes
- 4 botellones semanales: alrededor de 16 al mes
Por ejemplo, si una familia consume cuatro botellones al mes y paga RD$100 por cada uno, gastaría unos RD$400 mensuales y RD$4,800 al año. Si consume ocho botellones al mes al mismo precio, el gasto subiría a RD$800 mensuales y RD$9,600 al año. Estos son cálculos ilustrativos, no un promedio nacional de gasto, debido a que el precio del botellón y el consumo varían entre hogares y zonas del país. En hogares numerosos, el consumo puede ser considerablemente mayor, por lo que el agua de beber puede convertirse en una partida fija dentro del presupuesto familiar.
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¿Cuántas plantas de agua existen en República Dominicana?
El tamaño del mercado puede observarse desde el número de establecimientos dedicados al procesamiento de agua.
De igual forma, la Asociación Dominicana de Procesadores de Agua Purificada (Asoproagua) estima que existen más de 4,200 plantas procesadoras de agua en República Dominicana, frente a unas 2,025 contabilizadas en 2020.
La expansión de estas plantas pone en evidencia la magnitud de la demanda de agua procesada en el país. Para millones de hogares, adquirir agua fuera de la red pública forma parte de la rutina semanal.
Al mismo tiempo, la existencia de diferentes proveedores hace que los consumidores puedan encontrar distintas presentaciones, precios y modalidades de distribución, desde plantas procesadoras hasta servicios de entrega a domicilio.
¿Cómo se controla la calidad del agua que consumen los hogares?
El agua destinada al consumo humano está sujeta a normas y controles que buscan establecer parámetros de calidad.
Ahora bien, el Instituto Dominicano para la Calidad (Indocal) dispone de normas diferenciadas. La Nordom 1 establece los requisitos aplicables al agua potable, mientras la Nordom 64 establece requisitos para el agua procesada envasada.
A esto se suman las labores de inspección y análisis que realiza Pro Consumidor en plantas envasadoras, como parte de los mecanismos de vigilancia sobre los productos que llegan a los consumidores. Sin embargo, el hecho de que existan controles, no elimina la importancia de las condiciones posteriores de almacenamiento y manipulación dentro de los hogares.
Es más, el agua puede permanecer en botellones, dispensadores, cisternas u otros recipientes, por lo que la higiene de estos elementos forma parte de la cadena que determina las condiciones en las que finalmente se consume.
¿Qué tan potable es el agua de la red pública?
El Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa) reportó un índice de potabilidad de 83.83% durante el período comprendido entre el 28 de junio y el 4 de julio de 2026. Esta cifra permite medir un aspecto específico de la calidad del agua, pero no debe confundirse con otros indicadores relacionados con el servicio.
Potabilidad, cobertura, continuidad y confianza son conceptos diferentes. Un sistema puede tener una amplia cobertura de la red pública y, al mismo tiempo, enfrentar interrupciones del suministro o condiciones de almacenamiento que influyan en la percepción de los consumidores.
Por ello, el hecho de que un hogar tenga acceso al acueducto no significa necesariamente que sus integrantes consideren esa fuente suficiente para beber directamente. La confianza en la calidad del agua se convierte entonces en un elemento económico: cuando una familia decide comprar agua procesada, transforma esa percepción en un gasto recurrente.
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El costo ambiental de la segunda red de agua
Igualmente, la compra masiva de agua genera un desafío ambiental, particularmente por el uso de envases plásticos.
Los botellones retornables permiten múltiples reutilizaciones y reducen parte del volumen de residuos que produciría utilizar envases desechables de manera individual. Sin embargo, el mercado del agua procesada sigue dependiendo de materiales plásticos para su distribución.
Además, en mayo de 2026, el Ministerio de Medio Ambiente presentó el sistema de reciclaje “botella a botella” para PET y puso en marcha Plastic Reboot, iniciativas orientadas a fortalecer el aprovechamiento y reciclaje de estos materiales.
El reto consiste en gestionar el ciclo completo del envase desde su producción y utilización hasta su retorno, reutilización, reciclaje o disposición final. Así, el agua que las familias compran para beber no solo tiene un impacto económico, sino una dimensión ambiental relacionada con los residuos generados.
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