El inesperado país que ya es segundo del mundo en autos eléctricos y donde China domina el 75 % del mercado
El país himalayo importó 13,004 vehículos eléctricos en su último ejercicio fiscal, con China como proveedor dominante: tres de cada cuatro unidades llegaron de fabricantes chinos como BYD, Chery y Dongfeng.
Foto: Una matriz eléctrica casi enteramente hidroeléctrica y una política fiscal favorable al vehículo eléctrico explican una transición que ya convierte a los eléctricos en mayoría de los turismos importados.
Nepal protagoniza una de las transiciones eléctricas más rápidas del mundo. Encajado entre India y China, el país himalayo es ya el segundo mercado global en cuota de vehículos eléctricos, únicamente superado por Noruega, según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
Los eléctricos constituyen la mayoría de los turismos importados en el país, en un proceso impulsado por incentivos fiscales, una matriz energética casi enteramente hidroeléctrica y una oferta china que concentra tres de cada cuatro unidades llegadas del exterior.

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China domina las importaciones
Durante el último ejercicio fiscal Nepal importó 13,004 vehículos eléctricos de cuatro ruedas por un valor de 31,320 millones de rupias (unos 206 millones de dólares). De ese total, 9,640 unidades procedieron de China, frente a 2,507 de India y 860 del resto del mundo. Los modelos chinos representaron cerca del 75 % de la factura total, unos US$ 155 millones.
Para contextualizar la dimensión del cambio: mientras los eléctricos puros representaron el 20.7 % de las matriculaciones de automóviles nuevos en la Unión Europea durante el primer semestre de 2026, según la patronal ACEA, en Nepal los eléctricos constituyen ya la mayoría de los turismos importados.
El escaparate de Katmandú
La feria de movilidad NAIMA celebrada esta semana en Katmandú reflejó ese protagonismo chino: más de una veintena de las marcas presentes procedían de China, según el director ejecutivo de la Asociación de Importadores y Fabricantes de Automóviles de Nepal, Raj Kumar Dulal. BYD, Chery, Wuling, Dongfeng y Hongqi estuvieron entre los fabricantes que exhibieron sus modelos ante consumidores para quienes el precio y el equipamiento pesan cada vez más en la decisión de abandonar los motores de combustión.
«Lo que más me convenció fueron el diseño y el precio», explicó Gaurav Pokharel tras reservar un BYD valorado en 4.89 millones de rupias (unos US$ 30,000). Sanjay Thapa, otro visitante, dijo haber encontrado las propuestas chinas «más atractivas tanto por su diseño como por su rango de precios».
La expansión china en Nepal forma parte de un fenómeno global. BYD superó a Tesla en ventas mundiales de eléctricos puros en 2025, y ese mismo año los vehículos importados desde China representaron el 55 % de las ventas de coches eléctricos en los países situados fuera de Europa y Estados Unidos, frente a menos del 5 % cinco años antes, según la AIE.
China produce además cerca de tres de cada cuatro eléctricos fabricados en el mundo y concentra alrededor del 40 % del comercio internacional de estos vehículos.

Un mercado sin barreras para las marcas chinas
Mientras Europa ha respondido a esa expansión con derechos compensatorios sobre los eléctricos fabricados en China, Nepal ofrece un mercado pequeño pero rápidamente electrificado en el que las marcas chinas encuentran pocos obstáculos para competir por precio y tecnología.
Para la presidenta de NAIMA, Ritu Singh Vaidya, la llegada de nuevos fabricantes ha transformado el panorama competitivo del sector. Su atractivo, explicó, responde a una combinación de «precio, diseño, tecnología y variedad». Dulal añadió que el aumento de las reservas refleja también una reducción de las dudas de los consumidores sobre la duración de las baterías, la fiabilidad, el valor de reventa y el servicio posventa.
La base de esta transición descansa en dos pilares estructurales: prácticamente toda la electricidad producida en Nepal procede de centrales hidroeléctricas, y una política fiscal que grava los vehículos eléctricos de manera más favorable que los de combustión en un país históricamente dependiente de las importaciones de combustibles.
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