Ligia Bonetti y el wake-up call dirigido a empresarios y Gobierno
Ligia Bonetti lanza una advertencia estructural en AMCHAMDR: el modelo de crecimiento basado en decisiones del pasado ha agotado su oxígeno.
En el ecosistema económico del Caribe, la República Dominicana ha sido, durante la última década, el «poster child» del crecimiento resiliente. Sin embargo, detrás de las cifras de PIB que envidiaría cualquier vecino regional, subyace una verdad incómoda que pocos en la cúpula empresarial se atreven a verbalizar con crudeza. Ligia Bonetti, presidenta ejecutiva de Grupo SID, ha roto ese pacto de silencio en el reciente almuerzo de AMCHAMDR, transformando un foro diplomático en un diagnóstico de urgencia nacional.
Desde el almuerzo mensual de Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana, la presidenta ejecutiva de Grupo SID dejó claro que el crecimiento dominicano no puede seguir interpretándose como una garantía automática de futuro. Su mensaje fue menos una conferencia corporativa y más un diagnóstico de urgencia: el país ha avanzado, sí, pero en buena medida gracias a decisiones acertadas del pasado y a circunstancias favorables del entorno internacional, no por una planificación estructural sostenida.

La frase no se dijo de forma literal, pero el subtexto fue contundente: República Dominicana no puede seguir administrando la suerte como si fuera estrategia. En un contexto donde el nearshoring redefine la geografía industrial global, Bonetti planteó que la verdadera discusión ya no gira en torno a si existe una oportunidad, sino a si el país está realmente preparado para aprovecharla.
Nearshoring: la oportunidad que no espera a nadie
La reconfiguración de las cadenas globales de suministro, acelerada por tensiones entre Estados Unidos y China, conflictos geopolíticos y nuevas políticas comerciales, ha abierto una ventana extraordinaria para América Latina y el Caribe.
El nearshoring, como la relocalización de operaciones manufactureras hacia mercados más cercanos al consumidor final, ha colocado a República Dominicana en una posición potencialmente privilegiada por su cercanía con Estados Unidos, su infraestructura logística y su experiencia exportadora.
Según estimaciones del Inter-American Development Bank, América Latina podría captar hasta 78 mil millones de dólares adicionales en exportaciones de bienes y servicios derivados del nearshoring si logra construir condiciones competitivas reales. Ese “si” condicional es precisamente donde Bonetti colocó el foco.

Porque las zonas francas, aunque exitosas, no bastan por sí solas. Como explicó durante su intervención: “Las zonas francas son la puerta. El ecosistema local es la casa. Y esa casa aún no está completamente construida”.
La metáfora sintetiza uno de los mayores problemas estructurales del país: atraer inversión no garantiza desarrollo si no existe una arquitectura productiva nacional capaz de sostenerla.
El mito del crecimiento automático
Uno de los puntos más relevantes del discurso fue desmontar la idea de que los grandes motores económicos dominicanos surgieron de forma espontánea. Ni el turismo ni las zonas francas fueron accidentes históricos. Ellos fueron el resultado de políticas públicas deliberadas, incentivos claros, visión institucional y acuerdos entre Estado y sector privado.
Ese recordatorio tiene peso político porque obliga a una reflexión incómoda: si el país supo planificar su transformación económica en el pasado, ¿por qué hoy parece tan difícil construir una estrategia industrial moderna? Bonetti cuestionó precisamente esa parálisis.

El problema no es la falta de talento empresarial ni la ausencia de capital privado. El problema es la incapacidad de traducir el consenso en ejecución. La reciente discusión sobre la reforma fiscal dejó en evidencia que el empresariado tiene poder de incidencia. Pero influir no equivale a construir y ahí está el verdadero desafío.
Las tres brechas que definen el futuro económico dominicano

Credibilidad tecnológica
Bonetti advirtió que la competitividad industrial actual ya no depende únicamente de eficiencia operativa o bajos costos laborales. Hoy, los inversionistas observan la capacidad de un país para construir ecosistemas tecnológicos funcionales con innovación aplicada, articulación entre universidades, industria y Estado, transferencia de conocimiento y capacidad de adaptación.
República Dominicana aún enfrenta debilidades en esa integración. La transformación digital empresarial sigue siendo desigual y la inversión en materia de desarrollo permanece limitada frente a economías que compiten directamente por el mismo capital extranjero. Sin credibilidad tecnológica, el país corre el riesgo de seguir siendo plataforma de ensamblaje y no centro de valor agregado.
Competitividad energética
La segunda alerta estuvo en la energía. Para cualquier operación manufacturera intensiva, la estabilidad y el costo energético son determinantes estratégicos. Bonetti señaló que el país ya posee marcos regulatorios importantes, pero falta una agenda verdaderamente articulada entre sector público y privado.
La discusión energética dejó de ser ambiental y pasó a ser profundamente económica. La transición hacia matrices más sostenibles, eficientes y predecibles ya no responde únicamente a compromisos ESG; es una condición directa de competitividad internacional.
Las empresas globales eligen territorios donde la energía no represente incertidumbre.
La velocidad del talento
El tercer punto fue quizá el más urgente: el talento. Ya la verdadera carrera no se trata únicamente de acceso a educación superior, ya que el mundo se encuentra en una carrera de velocidad con la tecnología.
El mercado necesita técnicos, operarios certificados, perfiles bilingües y capital humano preparado para estándares internacionales en tiempos mucho más cortos que los tradicionales.
La formación profesional dominicana todavía opera con una velocidad institucional que no siempre coincide con la urgencia del mercado. En nearshoring, llegar tarde también significa perder.
Un mensaje incómodo para el empresariado
El discurso también fue una interpelación directa al sector privado. Bonetti evitó colocar toda la responsabilidad sobre el Gobierno. Su mensaje exigió corresponsabilidad empresarial: dejar de esperar condiciones perfectas y comenzar a construir una agenda común en los próximos 24 meses.
Porque gran parte del debate económico dominicano suele instalar una falsa división entre Estado ineficiente y sector privado salvador. La realidad es más compleja: sin coordinación estratégica, ambos fracasan. El nearshoring exige una visión país, no agendas fragmentadas.

Francesca Rainieri reforzó esa misma línea al señalar que, aunque República Dominicana ha construido avances importantes para posicionarse como hub logístico regional, persisten barreras estructurales que deben resolverse si se quiere atraer más inversión.
Ambos planteamientos coinciden en una misma conclusión: tener ventajas comparativas ya no es suficiente. Hoy gana quien ejecuta primero.
La verdadera advertencia de Ligia Bonetti
El valor político y económico del discurso de Ligia Bonetti estuvo en su crudeza. No habló desde el optimismo aspiracional que suele dominar los foros empresariales. Habló desde la urgencia de quien entiende que las ventanas históricas no permanecen abiertas por cortesía.
República Dominicana puede convertirse en uno de los grandes beneficiarios del nuevo mapa industrial global. Pero también puede perder esa oportunidad mientras sigue celebrando éxitos pasados como si fueran garantías futuras. Ese fue el verdadero wake-up call.
La oportunidad está ocurriendo ahora. El riesgo ya no es la falta de potencial. El riesgo es seguir confundiendo crecimiento con estrategia.
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