Si cambia la gravedad, ¿cambia el cáncer?
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Si cambia la gravedad, ¿cambia el cáncer? Esta astronauta lo investiga desde la NASA

La astronauta española se ha propuesto llegar al espacio, no para sacar la mejor foto del planeta ni documentar lo que telescopios avanzados llevan décadas haciendo. Ella quiere investigar el cáncer ¡desde el espacio!

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Sara García Alonso pertenece a una generación de científicas en las que coexisten dos realidades. Bióloga molecular especializada en cáncer y miembro de la reserva de astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA), la investigadora española quiere que una eventual misión a la Estación Espacial Internacional (ISS) le permita llevar al espacio una pregunta que ha estudiado durante años en la Tierra: cómo comprender mejor los mecanismos del cáncer para encontrar nuevas vías terapéuticas.

“Me encantaría una misión a la ISS para poder llevar a cabo experimentos científicos, ojalá que relacionados con mi medicina, con investigación contra el cáncer”, dijo García Alonso durante la Cumbre Espacial Internacional celebrada esta semana en París. La posibilidad todavía no constituye una misión asignada, pero sí revela hacia dónde quiere orientar su eventual paso por órbita.

La idea tiene una lógica científica más profunda de lo que sugiere la imagen de una astronauta realizando experimentos contra el cáncer a cientos de kilómetros de la Tierra. La microgravedad modifica la forma en que las células se organizan, crecen y se comunican. En la ISS, investigadores han aprovechado esas condiciones para estudiar células cancerosas, tejidos, proteínas y modelos tridimensionales que pueden comportarse de manera diferente a los cultivos convencionales realizados bajo la gravedad terrestre.

Para García Alonso, el espacio no representa una escapatoria de la medicina terrestre. Es, precisamente, otra forma de observarla.

Una científica antes que una astronauta

La trayectoria de Sara García Alonso comenzó mucho antes de que apareciera un traje espacial.

Nacida en León en 1989, estudió Biotecnología y posteriormente cursó un máster en Investigación Biomédica y Biológica en la Universidad de León. En 2018 obtuvo un doctorado cum laude en Biología Molecular del Cáncer e Investigación Traslacional por la Universidad de Salamanca. Su formación doctoral estuvo vinculada al estudio de medicamentos contra el cáncer dentro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Desde 2019 forma parte del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde ha trabajado en investigación orientada al desarrollo de tratamientos para cánceres de pulmón y páncreas. Su perfil científico no es, por tanto, un elemento accesorio de su carrera espacial: constituye una de las razones por las que su posible misión científica resulta particularmente interesante.

Uno de sus trabajos más relevantes estuvo relacionado con RAF1, una proteína implicada en determinados tumores asociados a mutaciones en KRAS. Junto con investigadores del CNIO y de la Universidad de Copenhague, García Alonso participó en la determinación de la estructura tridimensional de RAF1, un paso que permite identificar vulnerabilidades de la proteína y estudiar la posibilidad de desarrollar fármacos capaces de degradarla. El estudio fue publicado en Molecular Cell en 2022.

Ese detalle ayuda a entender qué significa realmente “investigar el cáncer desde el espacio”. Una acción que va más allá de trasladar un laboratorio oncológico convencional al interior de una nave. Se trata de utilizar un entorno físico excepcional para observar procesos biológicos que pueden resultar más difíciles de aislar en la Tierra.

¿Por qué estudiar el cáncer en microgravedad?

La pregunta parece contraintuitiva: ¿qué puede aportar el espacio a una enfermedad que afecta a millones de personas en la Tierra?

Una de las respuestas está en la arquitectura celular.

En condiciones de microgravedad, determinadas células pueden crecer en estructuras tridimensionales que reproducen mejor algunas características de los tejidos humanos que los cultivos bidimensionales tradicionales. También cambian procesos relacionados con la expresión génica, la señalización celular y la interacción entre las células y su entorno.

Esto convierte a la ISS en algo más que una plataforma para observar qué sucede con el cuerpo humano cuando desaparece el peso. Puede funcionar como un laboratorio biológico en el que la gravedad deja de ser una variable dominante.

La investigación espacial ya ha explorado, por ejemplo, modelos tumorales, células endoteliales (las que forman los vasos sanguíneos que alimentan a los tumores) y crecimiento de cristales de proteínas relacionados con el desarrollo de medicamentos. NASA señala que los experimentos de microgravedad pueden proporcionar estructuras proteicas de mayor calidad y modelos celulares tridimensionales útiles para estudiar enfermedades y posibles tratamientos.

También existen investigaciones específicamente orientadas al crecimiento de tumores y organoides en órbita. La ESA ha estudiado el uso de microgravedad para producir modelos tridimensionales de tumores, organoides y esferoides que puedan emplearse en investigación de enfermedades, desarrollo de medicamentos, medicina personalizada y pruebas de toxicidad.

La importancia de estos modelos está en una palabra que ha transformado la investigación biomédica: complejidad.

Un tumor no es simplemente una colección de células malignas. Es un ecosistema de células, proteínas, vasos sanguíneos y señales químicas que interactúan entre sí. Cuanto más se aproxime un modelo experimental a esa complejidad, mayor puede ser su utilidad para comprender cómo progresa una enfermedad o cómo responde a un tratamiento.

La investigación espacial ya está produciendo resultados médicos

El interés por el cáncer en el espacio no es una hipótesis futurista.

La ISS lleva años funcionando como plataforma de investigación biomédica. NASA señala que los experimentos realizados en microgravedad han permitido estudiar mecanismos vinculados al cáncer, probar estrategias terapéuticas y analizar estructuras moleculares relevantes para el desarrollo de medicamentos.

Uno de los ejemplos más recientes está relacionado con pembrolizumab, un medicamento utilizado contra distintos tipos de cáncer. Investigaciones de cristalización de proteínas realizadas en la estación espacial ayudaron a comprender mejor la estructura y el tamaño de partículas necesarias para desarrollar una formulación subcutánea del tratamiento. La nueva presentación fue aprobada por la FDA en septiembre de 2025 y puede reducir drásticamente el tiempo necesario para administrar el medicamento frente a una infusión intravenosa.

NASA estima, además, que una mejora relativamente pequeña en la capacidad para anticipar qué candidatos a medicamentos fracasarán antes de llegar a ensayos clínicos podría traducirse en importantes ahorros en los costes de desarrollo farmacéutico.

De investigadora del cáncer a astronauta de la ESA

En 2021, García Alonso decidió presentarse al proceso de selección de astronautas de la ESA. La convocatoria recibió más de 22.500 solicitudes válidas procedentes de los Estados miembros, en uno de los procesos de selección más competitivos de la agencia.

En noviembre de 2022 fue seleccionada como integrante de la nueva reserva de astronautas de la ESA, convirtiéndose en la primera mujer española en alcanzar esa categoría. La promoción incluyó cinco astronautas de carrera y un grupo de astronautas de reserva que, pese a superar el proceso de selección, no fueron incorporados inicialmente al cuerpo permanente.

García Alonso no tiene actualmente una misión asignada a la ISS. Como astronauta de reserva, permanece vinculada a su actividad profesional y recibe formación para estar disponible cuando aparezca una oportunidad de vuelo. La ESA creó precisamente esta reserva para contar con profesionales preparados que puedan incorporarse a proyectos y misiones cuando exista una oportunidad concreta.

Desde 2024 comenzó el programa específico de entrenamiento para la reserva en el Centro Europeo de Astronautas, en Colonia, Alemania. El programa incluyó formación técnica y operativa, sistemas de vehículos espaciales, supervivencia y primeros elementos de entrenamiento para actividades extravehiculares. En mayo de 2026, la ESA confirmó que los integrantes de la reserva habían completado el programa.

Una mujer formada en dos mundos científicos

Su carrera no comenzó en la exploración espacial para después incorporar la ciencia. Comenzó en la investigación biomédica y llegó a la astronautica desde el laboratorio.

Esa trayectoria también explica por qué su eventual misión podría tener una dimensión científica particularmente concreta. La ESA señala que la reserva de astronautas está preparada para contribuir tanto a misiones en órbita baja como a vuelos comerciales y futuras iniciativas de exploración más allá de la órbita terrestre.

Para una investigadora cuyo trabajo ha estado vinculado a mecanismos moleculares del cáncer, la posibilidad de trabajar con células o modelos tumorales en microgravedad supone cambiar una de las condiciones fundamentales del experimento.

No significa que el espacio vaya a “curar el cáncer”.

Significa algo más sobrio y, científicamente, mucho más interesante: puede ayudar a formular mejores preguntas sobre cómo se comportan las células, cómo interactúan con su entorno y cómo responden a determinados tratamientos.

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