“La IA no te quitará el trabajo”: la advertencia de Inés Bermejo que redefine el futuro profesional
La visión de Inés Bermejo abre una discusión más profunda sobre quién tendrá tiempo para pensar en u futuro con IA y quién quedará atrapado gestionando tareas automatizadas.
Durante años, la conversación sobre inteligencia artificial se construyó alrededor de una pregunta defensiva: qué empleos desaparecerán. Sin embargo, el discurso comienza a desplazarse hacia un terreno más sofisticado y menos apocalíptico que nos lleva a reflexionar sobre quién aprenderá a trabajar junto a la inteligencia artificial y quién quedará relegado en la nueva economía cognitiva.
En esa transición discursiva, las declaraciones de Inés Bermejo directora general de HP en España, resultan reveladoras porque abandonan el dramatismo tecnológico para colocar el foco en algo mucho más incómodo, que es la redistribución de la ventaja profesional.
“La inteligencia artificial no va a acabar con un puesto de trabajo, pero alguien que sepa inteligencia artificial puede quitarte el puesto”, afirmó recientemente la ejecutiva de HP, sintetizando en una frase uno de los mayores cambios laborales de esta década.
La diferencia parece semántica, pero no lo es. El problema ya no es solamente la automatización. El verdadero punto de inflexión es la aparición de una nueva élite operativa con profesionales capaces de multiplicar su capacidad intelectual mediante sistemas de IA.
En otras palabras, la productividad dejó de depender exclusivamente del talento humano y comenzó a depender de la calidad de la colaboración entre humanos y máquinas.

La aparición de la “creatividad asistida”
Hasta hace pocos años, la creatividad era entendida como una capacidad profundamente humana de escribir, diseñar, analizar, conceptualizar o resolver problemas complejos. La inteligencia artificial ha alterado esa definición al introducir una nueva categoría de trabajo híbrido que algunos analistas comienzan a llamar “creatividad asistida”.
No se trata de reemplazar el pensamiento humano, sino de expandirlo.
Un informe de Microsoft y LinkedIn sobre tendencias laborales en IA identificó que las habilidades más demandadas ya no son únicamente técnicas. Las empresas buscan perfiles capaces de interpretar información, formular preguntas complejas, sintetizar ideas y supervisar procesos automatizados. La habilidad crítica no es solo usar herramientas, sino pensar estratégicamente con ellas.

Eso conecta directamente con otra afirmación de Bermejo: la IA permitirá automatizar tareas repetitivas para “poner más el foco en crear valor”.
La frase parece corporativa, pero detrás hay una transformación estructural del trabajo contemporáneo. Durante décadas, buena parte del tiempo profesional estuvo consumido por actividades operativas como redactar reportes, resumir reuniones, clasificar documentos, responder correos, traducir archivos, construir presentaciones o procesar información.
La IA generativa está absorbiendo parte de esas funciones en cuestión de segundos. El resultado es la liberación de un activo escaso en la economía moderna que es el tiempo cognitivo.
El tiempo cognitivo se convertirá en un privilegio corporativo
La próxima desigualdad laboral podría no medirse únicamente en salarios, sino en acceso al tiempo para pensar.
Los profesionales que logren delegar carga operativa a sistemas inteligentes tendrán más espacio para estrategia, innovación, negociación y construcción de influencia. Los demás podrían quedar atrapados en una aceleración constante de tareas automatizadas que, paradójicamente, aumenta la presión de productividad.
Ahí emerge una de las preguntas más relevantes para las mujeres en el mercado laboral, ¿la inteligencia artificial abrirá acceso a posiciones estratégicas o simplemente elevará las expectativas sobre cuánto trabajo puede producir una persona? La respuesta todavía es ambigua.

En teoría, eso debería liberar espacio para participación estratégica. Pero existe otra posibilidad menos optimista y es que las organizaciones interpreten esa eficiencia como una oportunidad para exigir más producción en menos tiempo. La automatización no siempre reduce carga laboral; en ocasiones solo incrementa el estándar esperado.
La nueva alfabetización profesional no será técnica, sino mental
Uno de los elementos más interesantes de la visión de Bermejo es que desplaza el valor profesional hacia capacidades humanas difíciles de automatizar como la curiosidad, resiliencia, creatividad, colaboración.
Durante años, el mercado premió la especialización extrema. La economía de IA comienza a premiar algo distinto y es la capacidad de adaptación intelectual.
Eso explica por qué empresas tecnológicas están replanteando incluso sus prioridades educativas. Bermejo insiste en la necesidad de fortalecer las carreras STEM, recordando que una proporción creciente de vacantes relacionadas con inteligencia artificial permanece sin cubrir.

Sin embargo, la discusión ya no gira únicamente alrededor de programadores o ingenieros. La verdadera brecha aparece entre quienes saben convertir la IA en una extensión de su pensamiento y quienes continúan utilizándola únicamente como una herramienta mecánica.
La diferencia es enorme.
Un profesional promedio puede usar IA para resumir un documento. Un profesional estratégico puede usarla para detectar patrones, analizar mercados, simular escenarios, construir hipótesis, acelerar investigación y tomar decisiones con mayor velocidad.
La tecnología es la misma. Lo que cambia es la sofisticación mental del usuario.
El regreso inesperado del PC y la oficina híbrida
Otro punto subestimado del discurso de Bermejo es su defensa del ordenador personal en plena era móvil. Durante años se predijo que el smartphone desplazaría al PC. Ocurrió lo contrario, el trabajo híbrido convirtió la computadora en el centro operativo de la economía digital.
La IA acelera todavía más esa dependencia. Los nuevos entornos laborales requieren múltiples capas simultáneas de productividad como videollamadas, análisis de datos, automatización documental, colaboración remota, creación de contenido y supervisión de flujos inteligentes.
El PC dejó de ser una herramienta administrativa para convertirse en una plataforma de procesamiento cognitivo.
Eso también explica por qué compañías como HP están reposicionando incluso productos tradicionales como las impresoras mediante funciones inteligentes, traducción automática y seguridad avanzada. Lo relevante ya no es el dispositivo físico, sino la capacidad de integrarse a ecosistemas de trabajo automatizado.
La paradoja femenina de la inteligencia artificial
Existe un dato particularmente delicado donde muchas de las profesiones con alta presencia femenina (administración, atención al cliente, soporte operativo, coordinación, asistencia corporativa y comunicación) son también algunas de las más expuestas a automatización parcial.
Sin embargo, las mujeres también podrían beneficiarse de manera desproporcionada de la IA si logran convertirla en una herramienta de expansión estratégica y no solo de ejecución. La clave estará en el tipo de adopción.
Quien utilice IA únicamente para responder más rápido probablemente terminará trabajando más. Quien la utilice para elevar la calidad de pensamiento, análisis y posicionamiento profesional podría ganar influencia dentro de las organizaciones.
La diferencia parece invisible, pero definirá trayectorias laborales enteras durante la próxima década.
Seguir leyendo
Tags:
Lo más visto en Revista Mercado
Brand Content
Resiliencia para crecer juntos
Brand Content
Equipos que perduran
Brand Content
Juntos somos mejores
Brand Content
La revolución humana
Análisis para suscriptores
Exclusivo Suscriptores
¿Qué hace que la Hamptons Fine Art Fair sea mucho más que una feria de arte?
Exclusivo Suscriptores