El petróleo caro deja un saldo comercial positivo en América Latina y el Caribe. ¿Quién gana y quién paga el costo?
La crisis de Ormuz ha elevado los precios de la energía, pero no afecta por igual a todos los países de la región. Dieciocho de los veinticuatro que la CEPAL analiza individualmente verían empeorar su comercio energético si los precios se mantienen altos. Aun así, América Latina y el Caribe quedaría ligeramente en positivo, con una mejora equivalente a apenas 0,05 puntos del PIB.
Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, representan en esta ilustración la confrontación que mantiene bajo presión el estrecho de Ormuz. Las disrupciones en una de las principales rutas mundiales de energía han encarecido el petróleo y afectan de forma desigual el comercio energético de América Latina y el Caribe. Ilustración: Ana Sosa para-Mercado.
Ese pequeño saldo positivo no significa que el petróleo caro beneficie a toda la región. El efecto depende de lo que cada país vende y de lo que necesita comprar.
Cuando sube el precio del petróleo, una economía que exporta grandes cantidades de crudo puede recibir más dólares por esas ventas. Para otra que depende de importar combustibles para mover vehículos, abastecer empresas o generar energía, ocurre lo contrario: necesita destinar más dinero a comprarlos. Solo seis de los 24 países analizados registran una mejora, pero esas ganancias bastan para compensar las pérdidas de los otros 18.
El cálculo parte de un Brent promedio de US$86 por barril en 2026, 25% por encima del promedio de 2025, después de que las disrupciones alrededor del estrecho de Ormuz redujeran el suministro disponible y presionaran los precios de la energía.
República Dominicana figura entre las economías que pagarían más por ese encarecimiento. En el Anexo A2.1 de la CEPAL, el deterioro de su comercio energético equivale a 0,98 puntos del PIB. No es una caída de 0,98% de la economía dominicana. Significa que el país tendría que destinar más recursos a pagar por la energía que debe importar.
El resultado regional es positivo, pero 18 de 24 países pierden: ¿cómo se explica?
El petróleo crudo es lo que impulsa el resultado regional por encima de cero. Cuando aumenta el precio del barril, los países exportadores de crudo reciben más dólares por sus ventas. En el escenario de la CEPAL, ese efecto aporta 0,33 puntos del PIB al comercio energético de América Latina y el Caribe.
Sin embargo, buena parte de la región necesita comprar fuera de la región los combustibles que utiliza a diario. Gasolina, diésel y otros productos refinados también se encarecen cuando sube el precio del petróleo. Para los países que dependen de esas importaciones, la dirección es la contraria: necesitan gastar más para comprarlas. En conjunto, esos combustibles restan 0,25 puntos al resultado regional. El gas resta otros 0,03.
La diferencia entre una región que queda ligeramente a favor y una mayoría de países que no lo hace cabe en esas tres cifras: +0,33 por el crudo, −0,25 por los combustibles refinados y −0,03 por el gas. De la ventaja generada por las exportaciones de petróleo quedan apenas +0,05 puntos del PIB.

Un país puede incluso vender su petróleo a un precio más alto y terminar gastando más en la energía que necesita comprar.
México lo demuestra. El encarecimiento del crudo aporta 0,29 puntos al PIB a su comercio energético porque aumenta el valor de sus exportaciones petroleras. Pero los combustibles refinados que compra en el exterior le restan 0,34 puntos. Una vez incluido el resto de su comercio energético, el resultado queda ligeramente negativo, en −0,04.
Producir petróleo no basta para beneficiarse cuando sube el precio del barril. También importa cuánto combustible necesita comprar un país después de vender ese crudo y cuánto termina pagando por él.
Te puede interesar: ¿Es China ahora la gran potencia mundial del petróleo?
Para separar el efecto de los precios, la CEPAL mantiene en su cálculo las cantidades de energía que cada país compraba y vendía en 2024. El ejercicio plantea qué ocurriría si continuaran comprando y vendiendo esas mismas cantidades, pero a los precios previstos para 2026.
Eso significa que la simulación no atribuye el resultado a que un país produzca más petróleo, reduzca el consumo o aumente sus importaciones. Lo que cambia en el ejercicio es el precio de la energía. Lo que efectivamente ocurra en 2026 puede ser distinto si también cambian las cantidades.
Solo seis de los 24 países registran una mejora. Incluso entre ellos, las diferencias son enormes.

¿Todos los países petroleros se benefician del mismo modo cuando sube el precio del petróleo?
En Guyana, el petróleo pesa mucho en relación con el tamaño de la economía. Por eso, cuando aumenta el valor de sus exportaciones, el efecto es mucho mayor que en los otros países que también se ven beneficiados.
En el escenario de la CEPAL, la mejora de su comercio energético equivale a 17,12 puntos del PIB, el resultado más alto entre los 24 países analizados.
Ese 17,12 no significa que la economía guyanesa vaya a crecer 17,12%. La cifra compara cuánto mejora el dinero que entra y sale del país por sus ventas y compras de energía con el tamaño de toda su economía. Como Guyana tiene una economía relativamente pequeña y una actividad petrolera muy grande en relación con su tamaño, el aumento del valor de sus exportaciones representa una proporción excepcionalmente alta.
Los otros cinco países favorecidos quedan bastante más lejos: Trinidad y Tobago registra +1,51 puntos; Ecuador, +0,86; Colombia, +0,51; Brasil, +0,30; y Argentina, +0,16.
Esas cifras muestran qué tan grande es el efecto en relación con el tamaño de cada economía, pero no cuántos dólares adicionales recibe cada país.
Brasil tiene una economía mucho mayor que la de Guyana. Un cambio equivalente a 0,30 puntos de su PIB puede representar una cantidad considerable de dinero, aunque parezca pequeño frente al 17,12 de Guyana. Con las cifras publicadas por la CEPAL no puede determinarse con seguridad cuál de los seis obtiene la mayor ganancia en dólares.
Tampoco basta con saber que un país mejora sus ingresos por el comercio de energía para concluir que está produciendo más.
En Trinidad y Tobago, la CEPAL estima una mejora de 1,51 puntos del PIB en su comercio energético. Al mismo tiempo, el Fondo Monetario Internacional proyecta que su sector energético se contraerá un 4,5% en 2026, mientras que la economía en conjunto crecerá un 0,8%.
Las dos cosas pueden ocurrir al mismo tiempo. Si el petróleo y el gas se venden a precios más altos, el país puede recibir más ingresos por sus exportaciones aunque produzca menos.
Nigel Chalk, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, señala que los altos precios de la energía favorecen a los productores petroleros de la región, ya que aumentan sus ingresos del exterior y pueden fortalecer las finanzas públicas. También advierte que, incluso en esos países, los hogares más vulnerables pueden verse afectados por el encarecimiento de la energía y los alimentos.
Vender energía más cara no equivale necesariamente a producir más, crecer más ni repartir ese beneficio de la misma manera. Para las economías que dependen de la importación de energía, la cuenta cambia por completo.
Cuando una economía depende de la importación de energía, ¿el petróleo crudo es siempre el mayor costo?
En República Dominicana, no. Cuando suben los precios de la energía, lo que más pesa no es el petróleo crudo, sino los combustibles ya procesados y el gas que el país necesita importar del exterior.
En el escenario de la CEPAL, los combustibles derivados representan un efecto negativo equivalente a 0,57 puntos del PIB; el gas, 0,26; y el crudo, 0,16. El crudo es, de los tres, el que menos pesa.

Al considerar esas compras en conjunto, República Dominicana terminaría gastando más en la energía que importa de lo que logra compensar con la energía que vende. La diferencia equivale a 0,98 puntos del PIB. No significa que la economía vaya a caer 0,98%; sirve para mostrar qué tan grande sería ese costo en relación con el tamaño del país.
Los datos de 2026 muestran, además, que la factura energética dominicana ya venía aumentando.
Entre enero y junio, las importaciones petroleras registradas por la Dirección General de Aduanas alcanzaron US$3.022,64 millones, un 23,21% más que en el mismo período de 2025.
De ese dinero, US$1.804,83 millones se destinaron a los llamados productos blancos derivados, una categoría que Aduanas utiliza para agrupar combustibles ya refinados. Dicho de manera más sencilla, casi seis de cada diez dólares de esa factura se destinaron a combustibles procesados.
Ese gasto fue 29,82% mayor que el año anterior. Los datos de Aduanas no permiten determinar cuánto corresponde específicamente a gasolina, diésel u otros combustibles, pero sí muestran cuánto dinero se destina a la compra de productos que ya llegan refinados.
Gastar más, sin embargo, no implica automáticamente que todo se haya encarecido. La factura también puede crecer porque el país compra una mayor cantidad.
Eso es precisamente lo que muestran los datos del primer trimestre.
Entre enero y marzo, la factura petrolera aumentó un 9,1%. Pero la cantidad importada creció un 11,5%, mientras que el precio del petróleo y sus derivados subió un 1,5%.

En esos tres meses, República Dominicana compró bastante más, mientras que el aumento de precios fue mucho menor. Por eso no puede afirmarse que todo el crecimiento observado en la factura de 2026 se deba al petróleo caro o a las disrupciones en el estrecho de Ormuz.
El riesgo aumenta si, además de comprar más, el país tiene que hacerlo a precios más altos. La Asesoría de la Gobernación del Banco Central de la República Dominicana lo resume en una cifra:
Cada incremento de US$1 en el precio de referencia del petróleo aumenta la factura petrolera nacional en unos US$63,4 millones”.
Los US$63,4 millones no son un gasto que ya haya ocurrido. Es una estimación de cuánto más tendría que pagar el país si el precio de referencia aumentara en un dólar.
República Dominicana puede enfrentar, entonces, dos aumentos al mismo tiempo: comprar más energía y tener que pagarla más cara. Cuando eso sucede, alguien termina asumiendo el costo: los consumidores, las empresas, el Estado o una combinación de los tres.
Cuando el petróleo se encarece, ¿quién recibe la ganancia y quién termina pagando la cuenta?
El petróleo caro puede hacer que entren más dólares a una economía exportadora o que salgan más de una que necesita importar energía. Quién se queda con ese ingreso o quién cubre el gasto adicional depende de las decisiones que tome cada país.
En el escenario de la CEPAL, Guyana, Trinidad y Tobago, Ecuador, Colombia, Brasil y Argentina son los seis países que registran una mejora en su comercio energético. El mayor valor de sus ventas puede traducirse en mayores ingresos para las empresas que producen energía y también para el Estado, mediante impuestos, regalías o fondos públicos.
En Guyana, por ejemplo, una parte de los ingresos petroleros llega al Estado a través de su Natural Resource Fund. Eso no significa que una mayor entrada de dinero proveniente de las exportaciones se convierta automáticamente en más producción, más crecimiento o un beneficio equivalente para toda la población.
Para los otros 18 países analizados, ocurre lo contrario: necesitan destinar más dinero a comprar la energía que consumen. Ese costo puede llegar a los hogares mediante precios más altos, aumentar los gastos de las empresas o cubrirse parcialmente con recursos públicos, como ha ocurrido en República Dominicana con los subsidios a los combustibles.
El mismo aumento de precios produce efectos distintos según lo que cada país vende y necesita comprar. Primero cambia cuánto dinero entra o sale por el comercio de energía; después, dentro de cada economía, ese ingreso o ese costo termina entre gobiernos, empresas y hogares.
Por eso, América Latina y el Caribe puede quedar ligeramente en positivo, aunque 18 de los 24 países analizados registren resultados negativos. La ventaja obtenida por los otros seis alcanza para compensar esas pérdidas y dejar una mejora regional de apenas 0,05 puntos del PIB.
El petróleo caro no deja la misma cuenta para todos. Algunos países reciben más por la energía que venden; otros necesitan gastar más para conseguir la que consumen. Quién termina beneficiándose y quién acaba pagando depende de lo que ocurre después con ese dinero en cada economía.
Suscríbete a la revista y regístrate a nuestros newsletters para recibir el mejor contenido en tu buzón de entrada.
Seguir leyendo
Lo más visto en Revista Mercado
Análisis para suscriptores
Exclusivo Suscriptores
Wile E. Coyote fue el cliente más fiel de Acme. ¿Por qué nunca dejó de intentarlo?
Exclusivo Suscriptores
La IA puede parecer consciente ¿Qué pasa si algún día realmente lo es?
Exclusivo Suscriptores
Uber crece, pero recorta 3,300 empleos: ¿Qué está cambiando con su estrategia de robotaxis?
Exclusivo Suscriptores