Rentabilidad del iPhone: cómo gana más Apple
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52 iPhone después: ¿Cómo cambió Apple la ecuación entre vender más y ganar más?

Apple convirtió el iPhone en un negocio de cientos de millones de unidades. Cuando esa escala dejó de bastar para sostener el mismo ritmo de crecimiento, fue encontrando nuevas formas de ampliar el valor de cada venta y de la relación con cada cliente. El nuevo CEO de Apple, John Ternus, tendrá ahora el desafío de hacer crecer un negocio en un mercado donde reemplazar el teléfono lleva más tiempo y sumar nuevos compradores resulta cada vez más difícil.

Steve Jobs, Tim Cook y John Ternus frente al logotipo de Apple en una composición editorial sobre la evolución del negocio del iPhone.

Foto: Steve Jobs, Tim Cook y John Ternus representan tres etapas en la evolución de Apple y del negocio del iPhone, desde su lanzamiento y expansión global hasta una estrategia que combina hardware, precios, modelos premium y Services para generar más valor por usuario. Ilustración: Ana Sosa para-Mercado.

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Elegir un iPhone ya no es una decisión única. Apple distribuye cámaras, materiales, tamaños de pantalla y prestaciones entre versiones distintas, de modo que dos personas pueden comprar teléfonos que comparten el mismo nombre y, aun así, terminar con productos que ocupan lugares diferentes dentro de la gama de la compañía.

Para Apple, esas elecciones tampoco tienen el mismo peso. Una unidad vendida puede corresponder a una versión de entrada o a otra que integra características propias de la parte superior de la gama. Ambas cuentan como un iPhone vendido, pero no generan necesariamente el mismo ingreso ni atraen al mismo tipo de comprador.

La rentabilidad del iPhone también depende de qué versión termina comprando cada cliente. El volumen sigue siendo esencial, aunque la composición de las ventas modifica cuánto dinero obtiene Apple a partir de una misma base de compradores.

Sin embargo, esa base de compradores no siempre existió. Cuando el iPhone original llegó al mercado en 2007, Apple entraba por primera vez en el negocio de los teléfonos móviles. Desde su lanzamiento comercial en Estados Unidos hasta el cierre de ese ejercicio fiscal, vendió 1,39 millones de unidades.

Las ventas crecieron con rapidez, pero todavía estaban muy lejos de la escala a la que alcanzaría después el producto. Antes de pensar en distintos tipos de compradores, modelos premium o precios escalonados, Apple tenía un reto bastante más inmediato: hacer del iPhone un teléfono que millones de personas quisieran comprar.

Steve Jobs presenta el primer iPhone en Macworld 2007, sosteniendo el dispositivo frente al logotipo de Apple.
Steve Jobs presenta el primer iPhone en Macworld 2007, un lanzamiento que marcó la entrada de Apple en el negocio de los teléfonos móviles y el inicio de una nueva etapa de crecimiento para la compañía. Foto: David Paul Morris / Getty Images.

¿Cómo logró Apple llevar el iPhone a una escala masiva?

La compañía logró llevar el iPhone a una escala masiva al ver una oportunidad en algo tan simple como cambiar las condiciones de compra. Con el iPhone 3G, la versión de 8 GB se ofreció en Estados Unidos por US$199 con un contrato de dos años con AT&T, mientras Apple iniciaba el lanzamiento en 22 países y preparaba su llegada a más de 70 países.

El beneficio para el comprador era que no tenía que pagar el precio total para llevarse el teléfono. AT&T asumía una parte del costo a cambio de mantenerlo durante dos años como cliente de su servicio. La operadora aseguraba ingresos mensuales durante ese periodo y, para Apple, la fórmula hacía que más personas percibieran el iPhone como una compra posible y aumentaba el número de clientes potenciales.

Al mismo tiempo, Apple puso en marcha una estrategia para despertar el deseo de tenerlo. La App Store abrió con unas 500 aplicaciones y pronto incorporó juegos, mapas, herramientas de trabajo y servicios creados por terceros. El iPhone empezaba a ofrecer cada vez más razones para querer uno y podía aportar nuevos usos incluso después de salir de la tienda.

Después, Apple fue por otro tipo de comprador: el que quería una pantalla más grande. Con el iPhone 6 y el iPhone 6 Plus, incorporó tamaños que otros fabricantes ya habían convertido en una preferencia importante en el mercado. Para quienes querían un teléfono más grande, el iPhone también empezaba a ser una opción.

Y el salto en ventas fue considerable. En 2015, Apple cerró el año con 231,2 millones de iPhone vendidos, un 37% más que el año anterior. El producto ya generaba cerca del 66% de los ingresos de la compañía, y Apple atribuyó buena parte de ese crecimiento a la demanda del iPhone 6 y del 6 Plus.

Con más de 230 millones de iPhone vendidos al año, repetir un crecimiento del 37% significaba encontrar decenas de millones de compradores adicionales. Apple todavía podía vender más, pero empezaba a ver otra oportunidad dentro de las ventas que ya tenía: que elegir un iPhone u otro cambiara considerablemente cuánto dinero dejaba cada compra.

¿Cómo logró Apple obtener más de cada iPhone vendido?

Apple encontró una oportunidad en una decisión que también podía salir mal: comprobar cuánto más estaba dispuesto a pagar un comprador que ya quería un iPhone. Las cifras empezaban a darle razones para intentarlo. En 2016, las ventas del iPhone cayeron 8%, hasta 211,9 millones de unidades y los ingresos del producto bajaron 12%.

Tim Cook ya había dejado una pista sobre cómo entendía la relación entre el precio y el producto. Había tomado las riendas de Apple tras la renuncia de Steve Jobs, apenas unas semanas antes de su fallecimiento. Meses después sostuvo que “el precio rara vez es lo más importante”: su argumento era que el consumidor debía encontrar suficiente valor en el producto como para justificar lo que pagaba.

Tim Cook habla durante la Goldman Sachs Technology and Internet Conference de 2012 frente a una pantalla azul con el gráfico “2-3x”.
Tim Cook durante la Goldman Sachs Technology and Internet Conference del 14 de febrero de 2012, donde defendió que “el precio rara vez es lo más importante” y expuso la visión de Apple sobre calidad, competencia, cadena de suministro y la entrada en mercados en los que la compañía pudiera aportar un valor diferencial. Foto: Jim Merithew / WIRED.

Apple decidió comprobar hasta dónde podía llevar esa estrategia. Mientras mantuvo el iPhone 8 desde US$699, lanzó el iPhone X desde US$999. No todos los compradores tenían que aceptar el salto de US$300. Bastaba con que una parte suficientemente grande considerara que la pantalla OLED, Face ID y el nuevo diseño justificaban pagarlo.

Apple no necesitó vender decenas de millones de teléfonos adicionales para que la estrategia empezara a cambiar el negocio. Entre 2017 y 2018, las unidades apenas se movieron: pasaron de 216,8 millones a 217,7 millones. Los ingresos del iPhone tomaron una nueva dirección y aumentaron 18%, de US$141.319 millones a US$166.699 millones. La propia Apple atribuyó buena parte del aumento a una combinación de modelos que elevó el precio promedio de venta.

Menos de un millón de teléfonos adicionales coincidieron con ingresos por más de US$25.000 millones. Apple había encontrado una forma de crecer sin depender, en ese momento, de otro salto masivo en unidades: conseguir que una parte de sus clientes eligiera versiones por las que estaba dispuesta a pagar más.

Sin embargo, eso no permite afirmar que el iPhone X haya sido el más rentable. Apple no publica los beneficios de cada modelo. Lo que sí puede comprobarse es que la versión elegida por el comprador empezó a tener un peso mucho mayor en función del dinero que generaba el iPhone.

¿Cómo sigue cambiando Apple la ecuación entre vender más y ganar más?

Apple sigue cambiando esa ecuación al asegurar que la relación económica con el usuario continúe después de venderle el teléfono. La App Store abrió una posibilidad que antes no existía a la misma escala: el iPhone ya no queda limitado a las funciones que Apple instala de fábrica.

El usuario puede añadir aplicaciones creadas por terceros y convertir el mismo dispositivo en una herramienta para trabajar, mover dinero, reservar un vuelo, pedir transporte, editar fotografías, jugar o comunicarse, a través de servicios que incluso pueden aparecer después de comprar el teléfono.

El iPhone puede cambiar sin cambiar de iPhone.

Y mientras el teléfono gana nuevos usos, Apple también amplía la relación en torno a él. iCloud mantiene fotografías y archivos disponibles entre dispositivos; Apple Music convierte parte del entretenimiento en una suscripción; AppleCare extiende la protección del equipo más allá de la compra. El iPhone sigue siendo el punto de entrada, pero ya no concentra por sí solo todo el valor que puede generar esa relación.

Cuando esa dinámica se multiplica por millones de dispositivos, el efecto sobre el negocio empieza a ser considerable. En 2025, Services generó US$109.158 millones, 14% más que el año anterior, con un margen bruto de 75,4%, frente al 36,8% del conjunto de productos de Apple. Services no se limita al iPhone, pero la compañía cuenta con más de 2.500 millones de dispositivos activos, desde los que puede seguir ofreciendo servicios mucho después de la venta inicial.

Y hay otra razón por la que esos ingresos ganan peso: el siguiente iPhone tarda más en llegar. Los dispositivos que ingresaron a programas de trade-in y upgrade en Estados Unidos durante el segundo trimestre de 2026 tenían una antigüedad promedio de 4,03 años. La medición no representa a todos los usuarios, pero deja a Apple frente a una tensión muy concreta: si el teléfono dura más, hay más tiempo para vender servicios, pero también hay que esperar más para vender el siguiente.

Apple intenta trabajar también sobre esa espera. Apple Upgrade ofrece en Estados Unidos contratos de 12 o 24 meses que permiten cambiar el dispositivo al finalizar el periodo. Mientras Services genera ingresos durante los años de uso, la financiación y el trade-in pueden acercar el momento del reemplazo.

Aun así, cada ciclo vuelve a empezar con una venta de hardware. Los ingresos del iPhone crecieron un 22% en el trimestre fiscal terminado en junio de 2026, impulsados principalmente por mayores ventas de los modelos Pro. El volumen sigue importando; simplemente ya no funciona por sí solo. Apple puede combinarlo con distintos niveles de precio, una mezcla de modelos más favorable y servicios que continúan generando ingresos después de la compra.

John Ternus llega al cargo con muchas de esas vías de crecimiento ya desarrolladas. Antes de ser elegido CEO, describió como “uno de los cambios más profundos” de Apple el desarrollo interno de cada vez más tecnologías, una estrategia que le da a la compañía mayor control sobre lo que incorpora a sus dispositivos y sobre cómo integra el hardware con el resto de su ecosistema.

Tim Cook y John Ternus juntos durante la Allen & Company Sun Valley Media and Technology Conference de 2026.
Tim Cook y John Ternus durante la Allen & Company Sun Valley Media and Technology Conference, el 9 de julio de 2026, meses después de que Apple anunciara a Ternus como su próximo CEO. Foto: Brendan McDermid / Reuters.

John Ternus ya ha dado una señal de cómo piensa sobre esa combinación. En una reunión interna de Apple sostuvo que “tenemos hardware, tenemos software, tenemos servicios” y que la fortaleza de la compañía radica en “unir todas esas cosas”. Su intención, además, es seguir ampliando Services y buscar nuevas oportunidades precisamente en la relación entre ambas áreas.

Después de 52 iPhone, ahí queda la parte de la ecuación que Ternus tendrá que seguir moviendo. Apple ya sabe crecer sumando compradores, obteniendo más de determinadas versiones y generando ingresos durante los años que transcurren antes de la siguiente compra.

Encontrar qué nueva fuente de valor puede aportar en torno al iPhone determinará cuánto más puede cambiar la relación entre vender más y ganar más.

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