Emisiones de Nvidia aumentaron 725% con el boom de la IA
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Nvidia vive un boom gracias a la IA, pero sus emisiones se dispararon 725% desde 2020

El espectacular auge de la inteligencia artificial ha convertido a Nvidia en una de las empresas más valiosas y estratégicas del planeta. Sin embargo, un nuevo informe elaborado por el analista climático Ketan Joshi y respaldado por diversas organizaciones ecologistas sostiene que ese crecimiento tiene un importante costo ambiental que la compañía no estaría mostrando de forma completa.

AGENCIA EFE
Servicio Informativo EFE

Según el estudio, las emisiones indirectas asociadas a la cadena de suministro de Nvidia aumentaron un 725 % desde 2020, impulsadas por la fabricación de chips, componentes y sistemas utilizados para inteligencia artificial. Los autores también cuestionan las afirmaciones de la compañía sobre los supuestos beneficios climáticos de la IA y denuncian una falta de transparencia respecto al impacto real de sus productos.

El costo climático detrás del boom de la inteligencia artificial

La investigación utilizó los propios informes de sostenibilidad de Nvidia para reconstruir la evolución de sus emisiones indirectas o de alcance 3, aquellas generadas a lo largo de su cadena de suministro y no directamente dentro de sus instalaciones.

De acuerdo con los cálculos presentados, estas emisiones aumentaron en 9,4 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2e) respecto a los niveles registrados en 2020. Los autores comparan esta cifra con las emisiones anuales del sistema eléctrico de Bélgica.

El análisis fue respaldado por organizaciones como Greenpeace International, Beyond Fossil Fuels, Stand.earth, Climate Action Against Disinformation y Green Screen Coalition.

Las emisiones ocultas podrían ser mucho mayores

El informe sostiene que la huella climática real de Nvidia podría ser considerablemente más elevada debido a que la compañía no informa públicamente sobre las emisiones derivadas del uso de los chips y sistemas que vende a operadores de centros de datos, empresas y organizaciones de todo el mundo.

Según la investigación, los chips comercializados por Nvidia entre 2022 y finales de 2025 podrían generar entre 4 y 21 millones de toneladas de CO2 equivalente al año durante su operación.

En el escenario más alto, esas emisiones serían casi el doble de las asociadas a la propia cadena de suministro de la empresa y se acercarían a los niveles de algunas compañías vinculadas al sector de los combustibles fósiles.

Fotografía de archivo del logo de la compañía Nvidia, en su sede, en Santa Clara (Estados Unidos). EFE/EPA/John G. Mabanglo

El papel de los centros de datos

Los investigadores consideran que incluso esas cifras podrían quedarse cortas.

La estimación no incluye el consumo energético adicional de los centros de datos necesarios para refrigeración, ventilación, respaldo eléctrico e infraestructura complementaria. Tampoco contempla el uso creciente de plantas de gas construidas específicamente para abastecer instalaciones dedicadas al entrenamiento y ejecución de modelos de inteligencia artificial.

Los autores señalan que estos factores podrían duplicar aproximadamente el impacto climático calculado únicamente a partir del funcionamiento de los chips.

Acusaciones de "greenwashing"

El informe también cuestiona directamente el discurso climático promovido por Nvidia.

Durante los últimos años, la compañía ha defendido que la inteligencia artificial podría contribuir a reducir emisiones globales mediante mejoras en eficiencia energética, optimización de redes eléctricas, gestión industrial avanzada y modelos más precisos de predicción meteorológica.

Sin embargo, el análisis concluye que no existen pruebas suficientemente sólidas para afirmar que la expansión acelerada de la IA generativa producirá un beneficio climático neto. Por el contrario, sostiene que el despliegue masivo de centros de datos está incrementando la demanda mundial de electricidad y las emisiones asociadas.

Los autores califican varios de estos argumentos como tácticas de "greenwashing", es decir, estrategias de comunicación destinadas a presentar una imagen ambiental más favorable que la realidad.

Nvidia, en el centro del debate energético de la IA

Para Ketan Joshi, la discusión resulta especialmente importante porque Nvidia es actualmente el principal beneficiario económico del auge de la inteligencia artificial.

La empresa que más se beneficia del auge de la IA tiene también una de las huellas climáticas más opacas y menos transparentes del mundo", afirmó el investigador.

La crítica apunta al corazón del debate actual sobre la sostenibilidad de la inteligencia artificial: mientras los modelos se vuelven más potentes, también aumentan las necesidades de procesamiento, consumo eléctrico y construcción de nueva infraestructura digital.

Europa y la polémica sobre la "IA verde"

El informe también coincide con crecientes preocupaciones en Europa sobre el impacto ambiental de los nuevos centros de datos.

Jill McArdle, responsable internacional de campañas corporativas de Beyond Fossil Fuels, aseguró que las grandes tecnológicas están promoviendo una narrativa de "IA verde" mientras impulsan proyectos que requieren enormes cantidades de energía y nuevas infraestructuras alimentadas por combustibles fósiles.

Según los críticos, la expansión de la IA podría terminar aumentando la dependencia de centrales de gas en determinadas regiones si el crecimiento de la demanda energética supera la capacidad de las fuentes renovables para cubrirla.

Un debate cada vez más relevante

La polémica surge en un momento en que gobiernos, reguladores y organismos internacionales intentan determinar cuál será el verdadero impacto ambiental de la revolución de la inteligencia artificial.

Mientras empresas como Nvidia destacan el potencial de la IA para resolver desafíos complejos relacionados con energía, clima y productividad, grupos ambientalistas sostienen que los beneficios prometidos todavía no compensan el enorme crecimiento del consumo energético asociado a esta tecnología.

Lo que sí parece claro es que el futuro de la inteligencia artificial ya no será evaluado únicamente por su capacidad tecnológica o económica. Cada vez más, también será juzgado por su impacto ambiental y por la transparencia con la que las empresas comuniquen el verdadero costo energético de los sistemas que están transformando la economía mundial.

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