Una noche con Katy Perry: cuánto dinero puede mover el Festival Presidente 2026
La llegada de Katy Perry al Festival Presidente 2026 pone en marcha una economía que va mucho más allá de la taquilla: hoteles, vuelos, restaurantes, transporte, comercio, empleo temporal y consumo de experiencias.
Hay conciertos que terminan cuando se apagan las luces. Otros continúan durante horas en las cajas registradoras de los hoteles, en las terminales aeroportuarias, en los restaurantes, en las plataformas de transporte y en las tarjetas bancarias de quienes llegaron a una ciudad para escuchar a un artista.
La primera presentación de Katy Perry en República Dominicana pertenece a esta segunda categoría.
La cantante estadounidense actuará el 12 de diciembre de 2026 en el Festival Presidente, que regresará al Estadio Olímpico Félix Sánchez los días 11 y 12 de diciembre después de nueve años de ausencia. La propia artista confirmó su debut dominicano y la organización ya ha publicado la cartelera, los precios de las entradas y la distribución de los artistas por jornada.
La pregunta interesante, por tanto, es cuánto puede costarle (y cuánto puede dejarle) a una ciudad recibir durante unas horas a una artista cuya gira internacional ha demostrado que el negocio alrededor del escenario puede ser tan relevante como lo que sucede encima de él.
La taquilla es apenas el primer número
Las entradas del Festival Presidente 2026 parten de RD$3,900 en las zonas de gradas y llegan a RD$10,500 para Terreno VIP durante la etapa de venta publicada por la boletería oficial. El combo de dos días oscila entre RD$7,800 y RD$21,000.
Eso permite hacer un primer ejercicio. Si una jornada alcanzara una asistencia de 40,000 personas y el precio promedio efectivamente pagado fuera de RD$7,000, la facturación bruta asociada a las entradas rondaría los RD$280 millones.
Con 50,000 asistentes, utilizando el mismo precio promedio hipotético, subiría a RD$350 millones.
Pero esos números no deben confundirse con el ingreso de Katy Perry, ni con la utilidad del festival. Son escenarios ilustrativos de facturación bruta de boletería. De esa cantidad deben salir costos de producción, artistas, infraestructura, personal, impuestos, comisiones, seguridad, logística y otros gastos.
Y hay una razón para utilizar 40,000 y 50,000 como escenarios: el Estadio Olímpico Félix Sánchez tiene una capacidad que supera los 50,000 espectadores para determinados formatos de concierto. En 2017, el propio Festival Presidente llegó a registrar jornadas de aproximadamente 50,000 asistentes y el conjunto de aquella edición fue reportado con cifras superiores a 100,000 personas durante los tres días, aunque las estimaciones publicadas por entonces variaron según la fuente y la metodología.
La entrada es el precio visible de una cadena de consumo mucho más extensa.
El verdadero multiplicador está fuera del estadio
Un visitante que viaja desde otra ciudad necesita transporte, alojamiento y alimentación. Puede comprar ropa para la ocasión, consumir en restaurantes, utilizar taxis o plataformas de movilidad, pagar estacionamiento, adquirir mercancía y extender su estadía para convertir una noche de música en un fin de semana.
Ese comportamiento tiene un precedente internacional.
El llamado concert tourism se ha convertido en un fenómeno económico suficientemente importante como para que gobiernos, aerolíneas, hoteles y destinos comiencen a observar los calendarios de grandes artistas como una variable turística.
Un estudio académico sobre el impacto de los conciertos de Taylor Swift en hoteles estadounidenses encontró aumentos aproximados de 14% en habitaciones vendidas, 27% en precios y 45% en ingresos por habitación en los días de sus presentaciones. El efecto, además, fue mayor en los establecimientos de categorías superiores.
No significa que Katy Perry vaya a producir exactamente el mismo efecto en Santo Domingo. Significa que existe evidencia de que una superestrella puede alterar temporalmente la demanda de alojamiento en la ciudad que visita.
Santo Domingo ya tiene un mercado turístico suficientemente grande para absorber el fenómeno
República Dominicana llega a diciembre de 2026 desde una posición turística distinta a la de hace una década.
En 2025 el país recibió 11,676,901 visitantes, un crecimiento interanual de 4.3%. De ellos, 8,861,169 fueron turistas no residentes que llegaron por vía aérea. Ese flujo estuvo acompañado por 69,724 vuelos comerciales y una ocupación hotelera promedio de 71% durante el año.
Los datos del Banco Central también ayudan a dimensionar el valor de cada visitante. Entre enero y septiembre de 2025, el gasto promedio diario de los extranjeros no residentes que llegaron por vía aérea fue de US$170.20, con una estadía promedio de ocho noches.
No todo ese gasto puede atribuirse a un concierto. Sería metodológicamente incorrecto. Pero sí permite construir una pregunta económica mucho más interesante: ¿qué ocurre si una fracción de los asistentes decide viajar específicamente por el evento?
Ahí Katy Perry deja de ser solamente una artista contratada para un festival y comienza a funcionar como un estímulo temporal para la demanda turística.
Hoteles: la primera industria que se beneficia de los fanáticos
El alojamiento es uno de los sectores con mayor capacidad de capturar el gasto asociado a grandes eventos.
La evidencia internacional es contundente. Durante la gira de Taylor Swift, distintas ciudades registraron incrementos relevantes en reservas y tarifas hoteleras, y estudios sobre sus conciertos encontraron efectos especialmente marcados en propiedades upscale y de lujo.
Santo Domingo tiene además una ventaja: no depende exclusivamente del público que vive en la capital.
La conectividad aérea del país permite que el festival pueda convertirse en una razón adicional para viajar, especialmente desde mercados regionales con conexiones directas.
Argentina, México, Colombia y otros mercados latinoamericanos ya han demostrado ser emisores relevantes hacia República Dominicana. En 2025, Estados Unidos representó 44% de los turistas extranjeros por vía aérea, Canadá 16%, Argentina 6%, Colombia 5% y Puerto Rico 3%.
Un estudio sobre el impacto de The Eras Tour en los hoteles estadounidenses encontró que los conciertos de Taylor Swift elevaron, en promedio, la ocupación hotelera 14%, las tarifas alrededor de 27% y el ingreso por habitación disponible casi 45%.
El potencial, por tanto, no reside únicamente en llenar habitaciones. También está en elevar el precio promedio de esas habitaciones durante las fechas de alta demanda. Y eso es exactamente lo que vuelve particularmente interesante al segmento de lujo.
Restaurantes, bares y una cena que empieza antes del concierto
La economía de un concierto también se mide en platos servidos.
Una persona que asiste a un festival puede comer antes de entrar, comprar alimentos dentro del recinto y terminar la noche en un restaurante o bar. Los visitantes que llegan desde fuera pueden añadir desayunos, cenas y consumos adicionales durante su estadía.
Durante la gira de Taylor Swift, Mastercard Economics Institute detectó aumentos significativos del gasto en restaurantes cercanos a los recintos donde se celebraban los conciertos; en Nueva Orleans, por ejemplo, el gasto en restaurantes alrededor del estadio aumentó 68% en los días de presentación.
La comparación no debe trasladarse mecánicamente a Santo Domingo. Pero sí revela una lógica económica: la concentración temporal de decenas de miles de consumidores modifica el patrón de demanda de los negocios ubicados alrededor del evento.
Vuelos y movilidad: el concierto también se paga en kilómetros
Cada visitante que llega desde fuera necesita trasladarse desde el aeropuerto hasta Santo Domingo y, posteriormente, entre hotel, restaurante y recinto. Ese flujo se traduce en demanda para taxis, plataformas de movilidad, alquiler de vehículos, autobuses privados y servicios de transporte corporativo.
Lo mismo ocurre con los vuelos.
En 2025, República Dominicana recibió 8.86 millones de turistas no residentes por vía aérea y registró casi 70,000 vuelos comerciales.
Por eso, cuando una superestrella llega a Santo Domingo, el impacto económico no necesariamente aparece en una sola industria. Se reparte entre una cadena de proveedores que comienza mucho antes de que el artista pise el escenario.
El antecedente dominicano que hace más interesante el cálculo
República Dominicana no necesita imaginar por primera vez qué ocurre cuando un festival de esta escala llega a Santo Domingo. Ya existe un antecedente.
En 2017, la última edición del Festival Presidente reunió a más de 100,000 personas en el Estadio Olímpico durante sus tres jornadas, mientras que la Cervecería Nacional Dominicana comunicó una cifra superior a 220,000 personas al considerar toda la temporada, incluidos los eventos previos.
Aquel festival contó con nombres como Justin Timberlake, Ricky Martin, Marc Anthony, Enrique Iglesias, Bad Bunny, Ozuna, Maluma y Juan Luis Guerra. Nueve años después, la fórmula regresa en un mercado turístico considerablemente mayor.
Y esta vez la operación se concentra en dos días.
Entonces, ¿cuánto puede mover Katy Perry?
Si la jornada del sábado reuniera entre 40,000 y 50,000 personas, y el precio promedio efectivo de las entradas se situara alrededor de RD$7,000, la taquilla bruta correspondiente a ese volumen estaría aproximadamente entre RD$280 millones y RD$350 millones.
A eso habría que añadir el gasto dentro y fuera del recinto. Un escenario moderado de 5,000 visitantes que gasten US$500 adicionales cada uno produciría otros US$2.5 millones en actividad económica vinculada al viaje.
Si fueran 10,000 visitantes con ese mismo nivel de gasto, serían US$5 millones.
Y eso todavía deja fuera una parte importante del ecosistema: patrocinio, merchandising, consumo de alimentos y bebidas dentro del festival, producción, contratación de servicios, transporte, impuestos y el gasto de asistentes locales.
Por eso, la respuesta a cuánto “mueve Katy Perry” va mucho más allá del cliché artístico. Aunque finalmente esto se expresa en estimados más que por cifras exactas.
La verdadera medida no será la taquilla
El indicador más interesante aparecerá después del concierto.
Será posible observar qué ocurrió con las reservas hoteleras, las tarifas promedio, los vuelos, las transacciones de visitantes extranjeros, los restaurantes, las plataformas de movilidad y el comercio durante el fin de semana del 12 de diciembre.
Un antecedente especialmente valioso es el concierto de Bad Bunny celebrado en Santo Domingo en noviembre de 2025. Un análisis de Visa Consulting & Analytics encontró que las transacciones realizadas con credenciales Visa en República Dominicana aumentaron 15% frente al mismo fin de semana de noviembre de 2024, mientras que las transacciones internacionales crecieron más de 40%. Entre las categorías con mayor actividad estuvieron viajes y tiendas por departamentos.
Ese dato ofrece una pista mucho más cercana al mercado dominicano que cualquier comparación con Taylor Swift.
La llegada de Katy Perry permitirá comprobar si el fenómeno puede repetirse con una artista pop estadounidense y dentro de un festival de dos jornadas.
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